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Full text of "133740394-EL-RECURSO-DE-LA-CULTURA-Usos-de-La-cuLtura-en-La-era-gLobal-George-Yudice-pdf.pdf (PDFy mirror)"

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SERIE CULTURAL 

Dirigida por Nestor Garcia Canclini 



Se ha vuelto necesario estudiar la cuitura en nuevos territories. 
La industrialization y la globalization de los procesos culturales, 
ademas de modificar el papel de intelectuales y artistas, provoca que 
se interesen en este campo empresarios y economistas, gobernantes 

y animadores de la comunicacion y participation social. 
La presente coleccion dara a conocer estudios sobre estas nuevas 
escenas, asi como enfoques interdisciplinarios de las areas clasicas: 
las artes y la literatura, la cuitura popular, los conflictos fronterizos, 
los desafios culturales del desarrollo y la ciudadama. 
Daremos preferencia a estudios en espanol y en otras lenguas 
que estan renovando tanto el trabajo de las disciplinas «dedicadas» 
a la cuitura -antropologia, historia y comunicacion- como los campos 
que se abren para estos temas en la economia, la tecnologia 
y la gestion sociopolitica. 



Jean-Pierre Warnier 
Luis Reygadas 

Rosalia Winocur 



Scott Michaelsen 
y David E. Johnson 



La mundializacion 
de la cuitura 

Ensamblando culturas 

Diversidad y conflicto 

en la globalization de la industria 

Ciudadanos mediaticos 
La construction de lo publico 
en la radio 

Teorfa fronteriza 

(proxima aparicion) 



EL RECURSO 
DE LA CULTURA 

Usos de la cuitura en la era global 



George Yudice 



gedisa 

<Zj editorial 



Traduccidn: Gabriela Ventureira, excepto capitulo 7: Desiderio Navarro 



Primera edition: noviembre 2002, Barcelona 



Derechos reservados para todas las ediciones en castellano 

6 Editorial Gedisa, S.A. 
Paseo Bonanova 9, l°l a 
08022 Barcelona, Espana 
Tel 93 253 09 04 
Fax 93 253 09 05 
gedisa@gedisa.com 
www.gedisa.com 



ISBN: 84-7432-968-X 
Deposito legal: B. 48285-2002 

Diseno de coieccion: Sylvia Sans 
Impreso por Carvigraf, Clot, 31 - RipoLLet 
Impreso en Espana Printed in Spain 

Queda prohibida la reproduction parcial o total por cualquier medio de impresion, 
en forma identica, extra ctada o modificada de esta version caste liana de la obra. 



IN DICE 



Agraderimientos 11 

Introduction 13 

1. El recurso de la cultura 23 

DesarroLLo cultural 27 

La economia cultural 30 

Ciudadam'a cultural 36 

La cultura como reserva dispo ruble 40 

iUna nueva episteme? 43 

2. Los imperativos sociales de la performatividad 57 

La risa complice 57 

La performatividad y Las guerras cultura les 61 

Las rafces historicas de la performatividad «americana» 71 

iQue Ley reguLatoria hay en un pais caracterizado por el favor? ... 81 

3. La globalization de La cultura y la nueva sociedad civil 107 

Introduction 107 

Globalization y estudios culturales 109 

Globalization y cultura en America Latina 114 

Cultura y neoliberalismo 119 

Los Zapatistas y La Lucha por La sociedad civil 124 

Conclusion 134 

4. La funkizacion de Rio 137 

La cultura juvenil y la decadencia de la identidad nacional brasilefia . 140 

Las contradicciones de la democracia a la brasiieira 146 

El miedo al funk 149 



EL mundo del funk carioca 155 

La poLltica cultural del funk carioca 163 

5. La culture al servicio de la justicia social 167 

La violenda en la ciudad dividida 167 

Tender un puente entre las dos mitades 174 

Los aprietos de La publicidad 178 

La obra de las iniciativas de accion ciudadana 182 

La mediation de la ciudadama y Los va Lores 186 

Afro-Reggae 187 

La ONGizacion de la cultura 191 

6. tConsumo y ciudadama? 199 

Consumir identidades 199 

La ciudadama 203 

La compra de mercancias como acto politico 207 

Consumo y diversidad empresariaL 215 

Consumismo y ciudadama global 222 

El federalismo regional 225 

Conclusion 232 

7. La globalizacion de America latina: Miami 235 

La globalizacion y las ciudades 235 

Miami: capital cultural de America latina 239 

El multiculturalismo Latino: La transcultu radon 

como valor ahadido 250 

8. Libre comercio y cultura 261 

iQue tiene que ver la cultura con el Libre comercio? 261 

La propiedad intelectual y La redefinicion de La cultura 265 

El libre comercio y la cultura en Canada y Mexico 269 

El libre comercio y La cultura en Estados Unidos 279 

La diversidad empresarial 284 

El libre comercio y la intermediation cultural transnacional 288 

Capitalizar La frontera 302 

El arte de reembolso en la era de los tratados de libre comercio .... 317 

EL binacionalismo y La integration cultural 321 

Conclusion 334 

9. Producir la economia cultural: el arte co/a&orativo de inSITE .... 339 I 

El surgimiento de la co/aioracion cultural binacionaL 339 * 

EL laboratorio y La maquiladora 352 

El capital cultural 357 



La politica de la cultura 363 

La «vanguardizacion» de los publicos y Los procesos 369 

s La organization como insight 376 

La conveniencia de la cultura 383 

Conclusion 393 

La cultura en tiempos de crisis 393 

EL 11 de septiembre, la diversidad y la categorization racial: 

Las visiones americocentricas 394 

Las consecuencias culturales del 11 de septiembre 400 

Una cultura de La memoria 409 

El asalto de Las corporaciones transnacionales a la cultura 

de America latina 417 

Bibliografia 423 



AGRADECIMIENTOS 



Este libro no hubiese podido ser escrito sin la mirfada de discusiones 
y debates que mantuve con amigos y colegas. 

Algunas de estas polemicas se remontan a decadas y configuran mis 
visiones cotidianas del mundo. Sohnya Sayres, juan Flores, Jean Franco, 
Nestor Garcia Canclini, Daniel Mato, Toby Miller, Andrew Ross, Doris 
Sommer, Silviano Santiago, Helofsa Buarque de Hollanda, Beatriz Resen- 
de, Alberto Moreiras, Idelber Avelar, John Kraniauskas y muchos otros 
son parte de esta comunidad interpretativa internacional. Agradezco es- 
pecialmente el tiempo y el esfuerzo que Toby Miller, Andrew Ross, Larry 
Grossberg, Alberto Moreiras, Luis Carcamo, Micol Seigel, Sonia Alvarez, 
Arturo Escobar y Ana Maria Ochoa dedicaron a la iectura y al comenta- 
rio especifico de uno o mas capftulos. Nestor Garcia Canclini tuvo, ade- 
mas, la gentileza de leer de punta a cabo el manuscrito para su publication 
en el mundo hispanohablante. Gabriela Ventureira hizo un magmfico tra- 
bajo en su version al castellano. Asimismo, estoy en deuda con Ken Wis- 
soker, mi editor en Duke UP, y con las diver sas instituciones que me brin- 
daron su apoyo en el transcurso del tiempo a fin de poder ilevar a cabo la 
investigacion cuyo resultado es este libro: el PSC-CUNY Research Award 
me permitio realizar una investigacion en Brasil; gracias a la beca conce- 
dida por el Fideicomiso para la Cultura Estados Unidos-Mexico pude es- 
tudiar como la diversidad se interpreta de modo diferente en ambos pai- 
ses; el Post-Doctoral Humanities Fellowship Program de la Fundacion 
Rockefeller me dio la oportunidad de coordinar la investigacion de la po- 
litica cultural como parte de la Privatization del Proyecto de Cultura, en 
la Universidad de Nueva York; y la Universidad de Nueva York me pro- 
porciono ayuda de diversas formas. A estas personas e instituciones, asf 
como a muchas otras mencionadas en las paginas del libro, les doy las gra- 
cias de todo corazon. 



INTRODUCCION 



En una reunion internacional de especialistas de la politica cultural 
celebrada recientemente, una funcionaria de la UNESCO se lamento de 
que la cultura se invocara para resolver problemas que antes correspon- 
dian al ambito de la economfa y la politica. Sin embargo -agrego- la uni- 
ca forma de convencer a los dirigentes del gobierno y de las empresas de 
que vale la pena apoyar la actividad cultural es alegar que esta disminui- 
ra los conflictos sociales y conducira ai desarrollo economico (Yiidice, 
2000b). El proposito de este libro es esclarecer e ilustrar, mediante una se- 
rie de ejemplos, de que manera la cultura como recurso cobro legitimidad 
y desplazo o absorbio a otras interpretaciones de la cultura. Deseo recal- 
car desde el comienzo que no estoy repitiendo la critica de Adorno y 
Horkheimer a la mercancia y su instrumentaiizacion. En el capitulo 1 
aclaro que la cultura como recurso es mucho mas que una mercancia: 
constituye el eje de un nuevo marco epistemico donde la ideologia y bue- 
na parte de lo que Foucault denomino sociedad disciplinaria (por ejem- 
plo, la inculcacion de normas en instituciones como la educacion, la 
medicina, la psiquiatria, etc.) son absorbidas dentro de una racionalidad 
economica o ecologica, de modo que en la «cultura» (y en sus resultados) 
tienen prioridad la gestion, la conservacion, el acceso, la distribucion y la 
inversion. 

La cultura como recurso puede compararse con la naturaleza como 
recurso, sobre todo porque ambas se benefician del predominio de la di- 
versidad. Pensemos por un momento en la biodiversidad, 1 incluido el sa- 
ber tradicional y el conocimiento cientifico derivados de ella. Segun la 
«Convenci6n sobre la Diver sidad Biol6gica», esta debe ser fomentada y 
conservada a fin de «mantener su capacidad de desarrollo para satisfacer 
las necesidades y aspiraciones de las generaciones del presente y del futu- 
ro» («Convenci6n 5»). Si se toma en cuenta la propension de la empresa 
privada a buscar ganancias a toda costa, la tendencia de las naciones de- 

1. La Convention define la biodiversidad como la variabilidad entre los organismos vi- 
vientes que provienen de todas las fuentes, incluida, inter alia, la terrestre, la marina y otros eco- 
sistemas acuaticos y los complejos ecologicos de los cuales forman parte... es decir, la variabili- 
dad dentro de las especies, entre las especies y de los ecosistemas. (« Convention 5») 



14 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



sarrolladas a sacar ventaja de los pafses en vias de desarrollo, la mayor le- 
gitimidad del conocimiento cientffico por sobre el saber tradicional, la 
creciente contaminacion del medio ambiente, etc., entonces la cuestion 
principal y mas acuciante pasa a ser la administracion de recursos, cono- 
crmientos, tecnologias, asf como los riesgos implicit^ que pueden defi- 
mrse de mcontables maneras. 

La cultura no evoca para la mayoria de la gente, la misma sensacion 
de apremio susceptible de amenazar la vida, si bien es cierto que muchos 
amentan los estragos causados por el turismo, la fast food y las indus- 
try globales del entretenimiento en los estilos de vida tradicionales. tilti- 
mamente, empero los mismos administradores de los recursos globales 
han «descubierto la cultura» y se han referido, al menos de palabra a las 
nociones de protection e inversion culturales. Por un lado, la idea de que 
para preservar la biodiversidad es preciso conservar las tradiciones cultu- 
rales pertenece hoy al sentido comun. Por el otro, se argumenta -y tal vez 
se piensa realmente- que una inversion en cultura sensible a la raza y al 
genero fortalecera la fibra de la sociedad civil, la cual sirve a su vez de an- 
titrion ideal para el desarrollo politico y economico. 

No siempre resulta sencillo conjugar los aspectos sociopoliticos y 
economicos de la gestion cultural sin incurrir en problemas ni contradic- 
ciones. Consideremos, por ejemplo, que al aceptar las formas del derecho 
occidental para proteger sus tecnologias (la creation de variedades de se- 
mil as) y sus practicas culturales (digamos, las pinturas omricas aborige- 
nes), los pueblos no occidentales pueden sufrir una transformation aun 
mas rapida. Si un ritual o una tecnologia especifica no estan actualmente 
incluidos como una forma de propiedad protegible, el recurrir al derecho 
occidental para garantizar que otros no obtengan beneficios de ella com- 
porta, casi con certeza, la aceptacion del principio de propiedad ;Que 
signihcara todo esto cuando las formas no occidentales de conocimiento 
tecnologia y practicas culturales se incorporen en la ley de propiedad 
intelectual y derechos de autor? <La venta de cultura Unalienable* se 
convertira en algo similar a la venta de permisos de contaminacion en Es- 
tados Umdos, en virtud de los cuales las compamas que reducen sus ema- 
naciones toxicas pueden vender los derechos de emision de esos contami- 
nates ambientales? Tanto en los recursos culturales como en los naturales 
la gestion es cada vez mas el nombre del juego. 

En este libro identifico, naturalmente, a los villanos y a los heroes 
pero casi todas las situaciones aqui examinadas son mas compleias que 
esta simple dicotorma. Algunos lectores del manuscrito se preguntaron si 
yo no era demasiado pesimista en lo relativo a las perspectivas de los mo- 
vimientos sociales. Un lector anonimo serialo que «las conclusiones P re- 
cautonas tienen mas peso que la polftica comunitaria del trabajo cultural 
Ciertamente, estoy Uamando a la prudencia respecto de la celebracion de 



INTRODUCCION / 15 



la agencia cultural, tan frecuente en la obra de los estudios culturales. 
Pero esa admonicion no proviene del deseo de ser un aguafiestas, por 
-asf decirlo, sino de una interpretacion diferente de la agencia. Para algu- 
nos, los relativamente «faltos de poder» pueden sacar fuerzas de su cul- 
tura y de ese modo enfrentar el ataque de los poderosos. Para otros, el 
contenido de la cultura misma carece practicaraente de pertinencia; io im- 
portante es que esta refuerce una politica con vistas al cambio. Aunque 
esas opiniones sean muy atractivas, tambien es cierto que la expresion 
cultural per se no basta. Digamos que ayuda a participar en la lucha cuando 
uno conoce cabalmente las complejas maquinaciones implicitas en apo- 
yar una agenda a traves de una variedad de instancias intermedias, situa- 
das en distintos niveles, que a su vez tienen agendas similares, yuxtapues- 
tas o discrepantes. Quienes se dedican a los estudios culturales a menudo 
consideran la agencia cultural de un modo mas circunscripto, como si la 
expresion o identidad de un individuo o grupo en particular condujera, 
en si misma, al cambio. Sin embargo, segun senala Iris Marion Young 
(2000), «nos encontramos posicionados en relaciones de clase, genero, 
raza, nacionalidad, religion, etc. [dentro de "una historia ya dada de sig- 
nificados sedimentados, paisaje material e interaccion con otros en el 
campo social"! que son fuente tanto de posibilidades de accion cuanto de 
posibilidades de coaccion». 

Los activistas negros del Grupo Cultural Afro-Reggae, cuya activi- 
dad cultural examino en el capftulo 5, no lograron sus propositos por si 
solos, sino que debieron negociar con reconocidos activistas sociales, per- 
sonas destacadas de la comunidad, autoridades eclesiasticas, periodistas, 
abogados, academicos, empresarios, filantropos, industrias de la musica 
y del entretenimiento, grupos solidarios internacionales y funcionarios de 
fundaciones. Tuvieron que trabajar en muchos frentes, en ocasiones va- 
liendose de estrategias contrapuestas. Y cada uno de los actores con quie- 
nes se encuentran en una instancia dada se ve tambien obligado a nego- 
ciar en varios niveles. El funcionario de la Fundacion Ford local en Rio 
debe comunicarse con el director de la oficina y con los funcionarios de 
la Fundacion en Nueva York, antes de que se aprueben los fondos para 
colaborar con una agenda especffica. 

Trabajar en estos niveles diferentes, un fenomeno cada vez mas ha- 
bitual cuando los actores transnacionales se involucran en lo «local», im- 
pulsa la « agencia » sobre todo en la direccion de la performatividad, el 
tema del capitulo 2. Cuando la negociacion de la agencia cultural depen- 
de de numerosas instancias, «el cuidado de si [colectivo o individual! » 
deviene performativo. Como argumento al final del capitulo 1, sobre la 
conveniencia, existe una compatibilidad entre nocion foucaultiana de 
cuidado de si [souci de soi] y la performatividad; la etica de Foucault 
comporta una practica reflexiva de auto-gestion frente a los modelos 



I 6 / EL RECURSO DE LA CULiURA 



o a lo que Bajtm denomino « voces » y «perspectivas») impuestos por una 
;ociedad o formacion cultural determinada. El concepto de autor sus- 
entado por Bajtm (1981) puede servir como un prototipo de la etica 
>erformativa de Foucault, pues aquel no es sino una orquestacion de 
as «voces» de otros, una apropiacion que consiste en «poblar esas "vo- 
:es" con sus propias intenciones, con su propio acento». El autor que 
sjercita el cuidado de si debe forjar tambien su libertad trabajando me- 
liante «los modelos que encuentra en su cultura y que le son propuestos, 
ugeridos o impuestos por su cultura, su sociedad y su grupo social» (Fou- 
:ault, 1997). 

En el capitulo 1, «Ei recurso de la cultura », examino como la cultura se 
nvierte, se distnbuye de las maneras mas glob ales, se utiliza como atrac- 
ion para promover el desarrollo del capital y del turismo, como el pri- 
aer motor de las industrias culturales y como un incentivo inago table 
>ara las nuevas industrias que dependen de la propiedad intelectual. Por 
anto, el concepto de recurso absorbe y anula las distinciones, prevale- 
ientes hasta ahora, entre la definicion de alta cultura, la definicion an- 
ropologica y la definicion masiva de cultura. La alta cultura se torna un 
scurso para el desarrollo urbano en el museo contemporaneo (por ejerii- 
lo, el Guggenheim de Bilbao). Los rituales, las practicas esteticas cotidia- 
as tales como canciones, cuentos populares, cocina, costumbres y otros 
sos simbolicos son movilizados tambien como recursos en el turismo y 
n la promotion de industrias que explotan el patrimonio cultural. Las 
ldustrias de la cultura masiva, sobre todo las concernientes al entrete- 
imiento y a los derechos de autor, que han integrado progresiva y verti- 
almente la musica, el filme, el video, la television, las revistas, la difusion 
itelital y por cable, son las que mas contribuyen al producto bruto na- 
onal de Estados Unidos. 

La notion de cultura como recurso implica su gestion, un enfoque 
Lie no era caracteristico ni de la alta cultura ni de la cultura cotidiana, 
itendida en un sentido antropologico. Y para complicar aun mas las co- 
is, la cultura como recurso circula globalmente, con creciente velocidad. 
n consecuencia, su manejo, administrado a escala nacional durante me- 
.o siglo en la mayoria de los pafses de Europa, America latina y Estados 
nidos -aunque en este pais la gestion local de la cultura prevalecio por 
>bre la nacional, incluso en el apogeo del NEA-, esta coordinado hoy 
nto local como supranacionalmente por las corporaciones y por el sec- 
■r no gubernamental internacional (la UNESCO, las fundaciones, las 
NG, etc.). Pese a esta circulation global, o quiza debido a ella, ha sur- 
do una nueva division internacional del trabajo cultural que yuxtapone I 
diferencia local a la administration y la inversion transnacionales. Ello ' f 
) sigmfica que los efectos de esta creciente cultura transnacional, evi- 
mtes en las industrias del entretenimiento y en la llamada sociedad civil 



INTRODUCTION / 17 



de las ONG, sean homogeneos. Las diferencias nacionaies y regionales, 
entendidas como campos de fuerza diversamente estructurados que con- 
figuran el significado de cualquier fenomeno, desde una cancion pop has- 
ta el activismo medioambiental y antirracial, son funcionales al comercio 
global y al activismo global. 

En el capitulo 2, «Los imperativos sociales de la performatividad», 
examino de que manera se comprenden estos campos de fuerza en cuan- 
to conjuntos de mandatos performativos relacionados con los pactos 
interaccionales, los marcos interpretativos y los condicionamientos insti- 
tucionales de la production de comportamiento y conocimiento. La si- 
nergia producida por las relaciones entre las instituciones del Estado y la 
sociedad civil, la magistratura, la policia, las escuelas y universidades, los 
medios masivos y los mercados de consumo, da forma al entendimiento 
y a la conducta. Esta fuerza performativa se halla ejemplificada en el ana- 
lisis de las guerras culturales en Estados Unidos. A mi criterio, dichas gue- 
rras no son sino una fantasia societal donde lo normativo y lo no nor- 
mativo chocan pero terminan por igualarse. Por un lado, las guerras 
culturales nos trajeron los delirios de Jesse Helms y de otros conservado- 
res; por el otro, muchos izquierdistas culturales se sintieron harto felices 
de pulsar los botones correctos y, en el proceso, alcanzar la visibilidad 
que acompana al farisefsmo y al espectaculo directo. La nocion de fanta- 
sia se usa aqui en un sentido psicoanalitico para referirse al caracter pro- 
yectivo de este empate cultural. 

Uno de los aspectos mas significativos del activismo cultural de los 
grupos identitarios es el hecho de haber sido facilitado, en parte, por la 
legislacion y el debido proceso. Aunque teoricos criticos de la raza [cri- 
tical race theorists] piensen que el imperio de la ley esta «esencialmente 
compuesto de elecciones a favor o en contra de la gente e impuesto me- 
diante la violencia» (Ross, 2000) y coincidan con la vision de Foucault 
(1997) de que la ley es el imperativo violento de una « sociedad que se 
defiende a si misma», esta constituye, no obstante, un principio funda- 
mental para la accion. En efecto, la ley es tambien un dato de la perfor- 
matividad cotidiana en la sociedad estadounidense, segun afirmo Judith 
Butler. Quiza la mayor discrepancia entre Estados Unidos y los restan- 
tes paises de America se relacione con la fuerza performativa del dere- 
cho. Nadie ignora, en nuestro continente, la permeabilidad de la ley al 
favor, a la jerarqma y a otras parcialidades personalistas, aun en los 
anos posteriores a la dictadura, cuando la legislacion de los derechos 
humanos acompano a buena parte del activismo en la region. En conse- 
cuencia, la ley no despierta en todas las sociedades las mismas fantasias 
proyectivas que afectan las cuestiones concernientes a la identidad. El 
examen de la cultura del favor en Brasil pone de manifiesto esta dife- 
rencia. 



18 / el recurso de la cultura 



En el capitulo 3, <<La globalization de la cultura y la nueva sociedad 
civil», exploro de que manera el campo transdisciplinario de los estudios 
culturales podria ocuparse de los cambios producidos por los procesos glo- 
bales. Me interesa, particularmente, como esos procesos generaron deba- 
tes sobre el papel desempenado por la sociedad civil en la renegotiation 
del compromiso traditional entre ei Estado y los diversos sectores de la 
nation (el E pluribum unum). Esta revision es a menudo llevada a la pa- 
lestra por las comunidades locales que tienen mucho que perder o mucho 
que ganar f rente a las vicisitudes de la globalization. La sociedad civil es 
hoy el concepto dilecto de muchos movimientos en pro de la reforma y de 
la revolution, desalentados por la inviabilidad del socialismo como alter- 
nativa politica, al menos en un futuro cercano. El dominio actual del neo- 
liberalismo -el conjunto de polfticas que incluye la liberalization comer- 
cial, la privatization, la reduction {y en algunos casos la elimination) de 
los servicios subsidiados por el Estado, tales como el cuidado de la salud 
y la education, los recortes salariales y el aniquilamiento de los derechos 
laborales- ha contribuido a que la atencion politica se desplazara hatia la 
izquierda, desde la toma del poder estatal (que en muchos casos no ha re- 
suelto el problema de la soberama) a las cuestiones concernientes a los 
derechos civiles y humanos y a la calidad de vida. Los partidos politicos 
convencionales e incluso los progresistas han tenido poco exito en con- 
trarrestar estas polfticas y ello por dos razones. En primer termino, los pro- 
cesos politicos institucionalizados son, en gran medida, disfuncionales en 
cuanto a responder a las necesidades sociales; en segundo termino, las 
enormes presiones ejercidas por los intereses financieros internacionales 
no solo han desalentado la reforma, sino empeorado de hecho las condi- 
ciones, como la siempre creciente brecha en la distribution del ingreso. 
En consecuencia, los actores mas innovadores en la postulacion de pro- 
gramas de action politica y social son los movimientos de las bases y las 
organizaciones no gubernamentales (ONG) nacionales e internacionales 
que los apoyan. Dichos actores han apostado a la cultura, definida de in- 
contables maneras; vale decir a un recurso ya elegido como bianco de 
explotacion por el capital (por ejemplo, en los medios masivos, el consu- 
mismo y el turismo) y un fundamento para resistir a la devastation pro- 
vocada por ese mismo sistema economico. 

Los capitulos 4 y 5 -«La funkizacion de Rio» y «La cultura al servi- 
cio de la justicia social »- constituyen, en conjunto, un estudio de caso: la 
transformation de la lucha social, especialmente la exclusion racial y la ile- 
galidad en las favelas de Rio de Janeiro, en un recurso del que pueden va- 
lerse los grupos culturales «ONGizados» para obtener mayor capacidad | 
de action [empowerment]. En el capitulo 4 se describe la denigration de e 
la juventud generalmente negra de las favelas y de su musica favorita, so- 
bre todo el funk, que se asocio con la violencia al igual que el rap en Es- 



INTRODUCCION / 19 



tados Unidos en la decada de 1980. El vuelco al funk significo el aparta- 
miento de la traditional adhesion al samba, «la musica del pueblo». En 
e'fecto, los funkeiros procuraron oponerse a la performance de «lo popu- 
lar », subordinado a las elites pero aceptado por estas, con una musica que 
desafiaba esa conciliation. El funk y otras musicas provenientes de la dias- 
pora negra como el rap y el reggae, impugnaron el lugar ocupado por los 
negros en Brasil y el control de su acceso al espacio publico privatizado. 

Cuando las demandas basadas en la raza y hechas en nombre del 
funk y el rap lograron un mayor reconocimiento, sobre todo de las ONG 
locales e internacionales y de instituciones estadounidenses como la Fun- 
dacion Rockefeller, «los grupos culturales » pudieron abrirse un espacio 
para luchar por sus derechos. En el capftulo 5 examino una red cultural 
juvenil y una iniciativa de action ciudadana, pues ambas ponen de relie- 
ve la idea de que la cultura paso a ser el terreno donde se forjaron las nue- 
vas narrativas de legitimation con el objeto de naturalizar el desideratum 
neoliberal de expurgar al gobierno de lo social. El neoliberalismo rein- 
troduce, por tanto, la expectativa de que las « instituciones de asistencia» 
se sitiien en la sociedad civil y, en menor medida, en el gobierno. Ello im- 
plica la apertura de nuevos ambitos para ei activismo, los cuales permiten 
ciertos tipos de habilitacion [empowerment] y, a la vez, nuevas formas 
asequibles de gestion social. Segun Foucault, «la sociedad civil es el con- 
junto concreto donde estos puntos abstractos, los hombres economicos, 
necesitan ser posicionados a fin de hacerlos adecuadamente manejables» 
(Foucault, 1979). La estructura en red adoptada por los grupos que exa- 
mino aqm tambien difunde el fenomeno de la agencia, estratificandola, 
por asi decirlo, en los actores sociales diversamente posicionados: los gru- 
pos culturales activistas, la comunidad en cuyo riombre se lleva a cabo el 
activismo, las fuentes financieras que comprenden desde los organismos 
gubernamentales y las fundaciones locales hasta las corporaciones trans- 
nacionales y las ONG, e incluso el Banco Mundial (BM) y el Banco Inte- 
ramericano de Desarrollo (BID). Los discursos de estos grupos se hallan 
considerablemente sobredeterminados por la red de colaboradores e in- 
termediaries. 

El capftulo 6, «<[Consumo y ciudadama?», consiste en una explora- 
tion detallada de las formas mediante las cuales el consumismo ha irrum- 
pido en la manera en que la gente negocia la identidad, el estatuto y el po- 
der politico. En ese capftulo evaluo hasta que punto es viable imaginar la 
sociedad civil, no como el espacio habermasiano del libre debate y la for- 
mation de opinion, sino mas bien como la criada de las polfticas liberales 
que reducen y privatizan lo social y lo cultural. La actividad politica pue- 
de darse aun en los sitios donde «la compra de mercancias representa un 
acto politico », asi como en el uso de tarjetas de credito con conciencia so- 
cial. Literalmente, es posible hacer politica yendo de compras o exhibien- 



20/ EL RECURSO 'DE LA tULTURA 



do en la vestimenta el propio eslogan politico preferido. Quienes se de- 
dican a los estudios culturales defendieron esa politica consumista en las 
decadas de 1980 y 1990, afirmando que en la medida en que el consu- 
mismo fortalece la identidad, el individuo esta mejor preparado para ha- 
cer reclamos en la esfera institucional neoliberal. Una politica de esa in- 
dole debe ser, empero, puesta plenamente a prueba, sobre todo cuando 
esta plagada de contradicciones de los opositores a la globalizacion, quie- 
nes consumen, sin embargo, musica y otros espectaculos producidos por 
las industrias mas globaiizantes de todas: los conglomerados del entrete- 
nimiento. 

En el capitulo 7, «La globalizacion de America latina: Miami», ana- 
lizo el «puente» o «corredor» cultural-economico situado entre Estados 
Unidos y toda Latinoamerica. Miami es el paradigma de las econormas 
creativas alabadas en los ultimos anos por el uso de la cultura y la inno- 
vation como motores del crecimiento economico. En Miami, desempe- 
nan este papel las industrias de la cultura, espeeialmente la musica, la te- 
levision, los portales de Internet, la fotografia fashion, y las instituciones 
dedicadas al arte. Inicialmente situadas alii para sacar provecho tanto de 
los mercados de America latina cuanto de los mercados latinos de Esta- 
dos Unidos, esas industrias tambien reclutan una hueste de trabaj adores 
culturales que se interesan en Miami y han comenzado a transformar la 
ciudad. A mi juicio, esta transformation es parte de una internationali- 
zation que convierte a Miami en una ciudad poscubana o poscaribena. 
Pero se trata de una internationalization problematica, pues la fusion 
entusiasta del multiculturalismo estadounidense y el mestizaje latinoame- 
ricano, aunque mas abarcadora que el orden racial tradicional imperante 
en Estados Unidos, intensifica sin embargo las desigualdades historicas, 
principalmente las padecidas por los inmigrantes negros. En ese capitulo 
analizo, asimismo, la afirmacion de que los inmigrantes racializados con- 
tribuyen a la economia cultural, la que a su vez los explota. Como dice 
Castells, ellos «dan vida» a la ciudad no solo mediante su labor en las in- 
dustrias del sector de servicios, sino tambien por la influencia cultural 
que ejercen a traves de la musica, la danza, la comida y los festivales. En 
suma, se trata de una contribution poco reconocida en la division inter- 
nacional del trabajo cultural. 

En el capitulo 8, « Libre comercio y cultura », examino los regfmenes 
de propiedad internacional que permiten a los conglomerados mantener 
el dominio sobre una parte considerable de la production cultural y, es- 
pecificamente, sobre su distribution y los beneficios derivados de esta. El 
mismo concepto de innovation como motor de la acumulacion de capital 
es a menudo identificado con la cultura. En este capitulo vemos de que 
manera las estrategias del comercio global rearticulan todas las concep- 
ciones de cultura, y lo hacen hasta con los productos y servicios econo- 



INTRODUCCION / 21 



micamente mas redituables, digamos el software de computation y los si- 
tios de Internet, que son tratados como formas culturales de propiedad 
intelectual y «contenido» cultural, respectivamente. Asimismo, analizo 
las estrategias para la integration cultural en America latina, que si bien 
contrarrestan la desmesurada influencia de Estados Unidos y de la cultu- 
ra del entretenimiento transnational., tambien dependen cada vez mas de 
las asociaciones con el capital privado y las politicas neoliberales. Les 
concedo especial atencion a los complementos culturales del Tratado de 
Libre Comercio de America del Norte (NAFTA) y del Mercado Comun 
del Sur (MERCOSUR). La diversidad cultural, por ejemplo, se incorpora 
y en cierta medida se neutraliza en estos sitios como parte de la division 
internacional del trabajo cultural. 

El capitulo 9, «Producir la economia cultural: el arte co/tf6orativo de 
mSITE», no es sino una extrapolation del capitulo 8 en el estudio de caso 
de un programa trienal de eventos artfsticos -mSITE- celebrado en el co- 
rredor San Diego-Tijuana que cruza la frontera entre Estados Unidos y 
Mexico. Aunque el evento se desvia significativamente de las cuestiones 
vinculadas con el comercio, tambien aquf se evidencia buena parte de la 
division de la labor cultural, caracteristica de las relaciones comerciales. 
Es posible descubrir esa division en la financiacion del evento, en las rela- 
ciones entabladas entre artistas y publico y en las expectativas suscitadas 
en y por las «comunidades». En suma, el capitulo versa sobre la economia 
politica y cultural de un vasto evento artistico cuya influencia ha aumen- 
tado progresivamente. La labor constituye un hecho capital para este exa- 
men, no solo en la asimetna que corta transversalmente la frontera, sino 
ademas en la notion misma de co/tf&oracion, un concepto importante que 
aboga por la capacidad de action [empowerment] a traves de programas 
de arte centrados en la comunidad. Aqui se da algo parecido a lo que ocu- 
rre en las maquiladoras industriales, lo que me permite hablar de maqui- 
ladoras culturales. 

En la « Conclusion » considero brevemente si los fenomenos exami- 
nados en los capitulos previos se sostienen o no en un mundo caracteri- 
zado por la crisis, tal como la que desencadenaron los ataques del 11 de 
septiembre, en contraste con la estabilidad que dan por sentada quienes 
recurren a la cultura por propia conveniencia. Asi pues, cabe preguntarse 
si la cultura tiene el poder suficiente para reconstruir la comunidad cuan- 
do el mundo entra en crisis. 



1. EL RECURSO DE LA CULTURA 



Pero es la cultura -no unicamente la tecnologia en bru- 
to- la que determinara si Estados Unidos conserva el esta- 
tuto de nacion preeminente en Internet (Lohr, 2000). 

En este libro, mi argumento es que el papel de la cultura se ha ex- 
pandido de una manera sin precedentes al ambito politico y economico, 
al tiempo que las nociones convencionales de cultura han sido considera- 
blemente vaciadas. En lugar de centrarse en el contenido de la cultura 
-esto es, el modelo de enaltecimiento (segun Schiller o Arnold) o el de dis- 
tincion o jerarquizacion de clases (segun Bourdieu) que ofrecia en sus 
acepciones tradicionales, o su mas reciente antropologizacion como esti- 
lo de vida integral (Williams) conforme a la cual se reconoce que la cul- 
tura de cada uno tiene valor- tal vez sea mas conveniente abordar el tema 
de la cultura en nuestra epoca, caractenzada por la rapida globalization, 
considerandola como un recurso. Perimtaseme dejar de lado, por el mo- 
mento, la obligada referenda al analisis de Heidegger del recurso en 
cuanto reserva disponible [Bestand] y las innumerables discusiones sobre 
la globalizacion. Retomare esos temas mas adelante, pero lo que me inte- 
resa destacar desde un principio es el uso creciente de la cultura como ex- 
pediente para el mejoramiento tanto sociopolftico cuanto economico, es 
decir, para la participation progresiva en esta era signada por compromi- 
ses poiiticos declinantes, conflictos sobre la tiudadania (Young, 2000) y el 
surgimiento de lo que Jeremy Rifkin (2000) denomino «capitalismo cul- 
tural». La desmaterializacion caracteristica de muchas nuevas fuentes de 
crecimiento economico -por ejemplo, los derechos de propiedad intelec- 
tual segiin los define el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y 
Comercio (GATT) y la Organization Mundial del Comercio (OMC)- y la 
mayor distribution de bienes simbolicos en el comercio mundial (filmes, 
programas de television, musica, turismo, etc.) han dado a la esfera cul- 
tural un protagonismo mayor que en cualquier otro momento de la his- 
toria de la modernidad. Cabna aducir que la cultura se ha convertido 
simplemente en un pretexto para el progreso sociopolftico y el crecimien- 
to economico, pero aun si ese fuera el caso, la proliferacion de tales ar- 
gumentos en los foros donde se discuten proyectos tocantes a la cultura y 



24 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



al desarrollo locales, en la UNESCO, en el Banco Mundial y en la llama- 
da sociedad civil globalizada de las fundaciones internacionales y de las 
organizaciones no gubernamentales, han transformado lo que entende- 
mos por el concepto de cultura y lo que hacemos en su nombre. 

La relacion entre la esfera cultural y la politica o entre la esfera cul- 
tural y la economica no es, ciertamente, nueva. Por un lado, la cultura es 
el ambito donde surge la esfera publica en el siglo XVIII, y como lo afir- 
man los foucauitianos y quienes se dedican a los estudios culturales, se 
convirtio en un medio para internalizar el control social, a traves de la 
disciplma y la gubernamentabilidad, durante los siglos XIX y XX. Tony 
Bennett (1995), por ejemplo, ha demostrado que la cultura proporciono 
no solo una elevacion ideologica en virtud de la cual se determino que las 
personas posefan un valor humano, sino tambien una inscription mate- 
rial en formas de conducta: el comportamiento de la gente cambio debi- 
do a las exigencias fisicas implfcitas en discurrir por escuelas y museos 
(maneras de caminar, de vestirse, de hablar). Asimismo, se estudiaron ex- 
haustivamente los usos polfticos de la cultura para promover una ideolo- 
gic especifica, sea con fines clientelistas o para obtener favores en las re- 
laciones exteriores, tal como se puso de manifiesto en el progreso de la 
cultura proletaria impulsado por la Comisaria Sovietica de la Ilustracion 
(Fitzpatrick, 1992), en el auspicio clientelista del muralismo por parte del 
Estado mexicano en las decadas de 1920 y 1930 (Folgarait, 1998) o en la 
busqueda de influencias en las relaciones exteriores, como en la politica 
del Buen Vecino de Estados Unidos (Yiidice, 2000a) y en las politicas cul- 
turales de la Guerra Fria (Saunders, 1999). 

Tambien en el piano economico la Europa decimononica fue testigo 
de la creciente sujecion del artista y del escritor al imperativo comercial. 
En este contexto, y con la aparicion de nuevas tecnologias (la litograffa, 
la fotografia, el filme y la grabacion del sonido), algunos teoricos y criti- 
cos llegaron a definir el arte en oposicion a lo comercial. En su famoso 
ensayo de 1938 «On the Fetish- Character in Music and the Regression of 
Listening*, Theodor Adorno rechazo el fundamento politico-economico 
de los nuevos medios masivos, que apartaban el compromiso con el arte de 
su valor de uso y lo acercaban al «caracter fetichista de las mercancias» 
{1978, 1984). Si en la primera mitad del siglo xx Adorno pudo definir el 
arte como el proceso por el cual el individuo se libera exteriorizandose, 
en contraste con el filisteo, «quien anhela el arte por lo que puede obte- 
ner de el», en la actualidad es casi imposible encontrar declaraciones que 
no echen mano del arte y la cultura como recurso, sea para mejorar las 
condiciones sociales, como sucede en la creation de la tolerancia multi- 
cultural y en la participation civica a traves de la defensa de la ciudada- 
nfa cultural y de los derechos culturales por organizaciones similares a la 
LINES CO, sea para estimular el crecimiento economico mediante proyec- 



R RECURSO DE LA CULTURA / 25 



tos de desarrollo cultural urbano y la concomitante proliferation de mu- 
seos cuyo fin es el turismo cultural, encarnada en el creciente numero de 
fconcesiones del Guggenheim. 

Para ilustrar hasta que punto ello es asi, consideremos American 
Canvas, un informe de 1997 del Fondo Nacional de las Artes (NEA) (vea- 
se Larson, 1997) sobre el lugar que ocupan las artes y la cultura en la so- 
ciedad norteamericana. 

Las artes, ya no restringidas unicamente a las esferas sancionadas de la 
cultura, se difundirian literalmente en toda la estructura civica, encontrando 
un lugar en una diversidad de actividades dedicadas al servicio de la comu- 
nidad y al desarrollo economico -desde programas para la juventud y la 
prevention del delito hasta la capacitacion laboral y las relaciones raciales-, 
muy lejos de las tradicionales funciones esteticas de las artes. Este papel ex- 
pandido de la cultura puede verse, asimismo, en los muchos y nuevos socios 
que aceptaron las instituciones artisticas en los ultimos afios: distritos esco- 
lares, parques y departamentos de recreation, centros para convenciones y 
visitantes, camaras de comercio y una hueste de organismos de bienestar so- 
cial que sirven, todos ellos, para resaltar los aspectos utilitarios de las artes 
en la sociedad contemporanea (Larson, 1997, pags. 127-128). 



La expansion del papel desempenado por la cultura se debe, parcial- 
mente, a la reduction de la subvention directa de todos los servicios so- 
ciales por parte del Estado, incluida la cultura, lo cual requeria una nue- 
va estrategia de legitimacion en Estados Unidos de la era posfordista y 
posterior a los derechos civiles. La defensa de la centralidad de la cultura 
en la resolution de problemas sociales no es ciertamente nueva, pero co- 
bro formas diferentes en el pasado: por ejemplo, la (re) production ideolo- 
gica de ciudadanos ideales, fueran burgueses, proletaries o nacionales. Si 
bien durante mucho tiempo se aplicaron programas de terapia por el arte 
a enfermos mentales y prisioneros, generalmente no se considero que la 
cultura fuese una terapia adecuada para tratar disfunciones sociales 
como el racismo y el genocidio. Tampoco se la considero, historicamen- 
te, un incentivo para el crecimiento economico. 

<|Por que entonces el giro a una legitimacion basada en la utilidad? 
Existen, pienso, dos razones principals. La globalization pluralizo los 
contactos entre pueblos diversos y facilito las migraciones, y de ese modo 
problematizo el uso de la cultura como expediente nacional. Mas aim, el 
fin de la Guerra Fria debilito el fundamento legitimador de la creencia en 
la libertad artistica y con ello el apoyo incondicional a las artes, que has- 
ta el momento constituia el principal indicador de la diferencia con la 
Union Sovietica. Desde luego, este apoyo polfticamente motivado de la li- 
bertad resulto fundamental, pues dio a ciertos estilos artlsticos (el jazz, 
la danza moderna, el expresionismo abstracto) el impulso necesario para 



26 / EL REOJRSO DE LA CULTURA 



que «Nueva York robase la idea de arte moderno» de Pan's, segun Serge 
Guilbaut (1983). 

Sin la legitimation que la Guerra Fria proporciono a la cuitura como 
expresion de libertad, no hay nada que impida el surgimiento de criterios 
utilitarios en Estados Unidos. El arte se ha replegado completamente en 
una conception expandida de la cuitura capaz de resolver problemas, in- 
cluida la creation de empleos. Su proposito es contribuir a la reduction 
de gastos y a la vez mantener un nivel de intervention estatal que asegu- 
re la estabilidad del capitalismo. Dado que en la esfera cultural casi todos 
sus actores han adherido a esta estrategia, la cuitura ya no se experimen- 
ta, ni se valora ni se comprende como trascendente. Y en la medida en 
que ello ocurre, las demandas de la cuitura ya no estan ligadas a dicha es- 
trategia. Las guerras culturales, por ejemplo, cobran su forma en un con- 
texto donde se considera que el arte y la cuitura son fundamentalmente 
interesados. Tanto es asi que estas ponen en movimiento una fuerza per- 
formativa especifica, a partir de la cual elaboro el capftulo 2, «Los impe- 
ratives sociales de la performatividad». Los conservadores y liberales no 
estan dispuestos a concederse mutuamente el beneficio de la duda de que 
el arte esta mas alia del interes. (Desde luego, la mayoria de los izquier- 
distas, siguiendo a Marx o a Gramsci, pensaban ya que la cuitura es lu- 
cha polftica.) Cuando ios conservadores comenzaron a ejercer mas in- 
fluencia en las decadas de 1980 y 1990, la creencia basica en el caracter 
interesado del arte y la cuitura se puso de manifiesto en la elimination de 
derechos y programas redistributivos que benefician a los grupos margi- 
nados y que constitufan la herencia de la Gran Sociedad de Johnson y el 
legado de los derechos civiles. Muchos de estos programas habian sido 
legitimados por argumentos que fundamentaban las necesidades de esos 
grupos en la diferencia cultural, una diferencia que era preciso tomar 
como un factor decisivo en la distribution del reconocimiento y de los re- 
cursos. Los conservadores vieron mas bien estas diferencias como incom- 
petencias o taras morales (p. ej., la «cultura de la pobreza» atribuida a las 
minorias raciales o del libertinismo de las preferencias y practicas sexua- 
les de los gays y lesbianas), que deslegitimaba sus reclamos a los derechos 
a la providencia publica (vease capftulo 2). 

Pero la tactica de reducir los gastos estatales, que podria parecer el 
toque de difuntos de las actividades artfsticas y culturales sin fines de lu- 
cro, constituye realmente su condition de continua posibiiidad. El sector 
de las artes y la cuitura afirma ahora que puede resolver los problemas de 
Estados Unidos: incrementar la education, mitigar las luchas. raciales, 
ayudar a revertir el deterioro urbano mediante el turismo cultural, crear 
empleos, reducir el delito y quiza generar ganancias. Esta reorientation la 
estan llevando a cabo los administradores de las artes y los gestores cul- 
turales. Al igual que en los casos clasicos de gubernamentabilidad, donde 



EL RECURSO DE LA CULTURA / 2/ 



existe una total subordination de los tecnicos a los administradores (Cas- 
tells, 1991), hoy se encauza a los artistas hacia el manejo de lo social (vea- 
se capftulo 9). Y asf como la academia recurrio a los profesionales del ge- 
renciamiento, quienes sirven de puente entre las profesiones liberales 
tradicionales (un acervo tecnico de conocimientos, education superior... 
asociaciones y publicaciones profesionales, codigos de erica) y la admi- 
nistration corporativa intermedia, en la tarea de producir estudiantes, in- 
vestigation, divulgation, desarrollo institucional, etc. (Rhoades y Slaugh- 
ter, 1997), tambien el sector del arte y la cuitura florecio dentro de una 
enorme red de administradores y gestores, quienes median entre las fuen- 
tes de financiacion, por un lado, y los artistas y las comunidades, por el 
otro. A semejanza de sus homo logos en la universidad y en el mundo de 
los negocios, deben generar y distribuir a los productores de arte y cuitu- 
ra, quienes a su vez entregan comunidades o consumidores. 

Desarrollo cultural 

Esta vision no es exclusiva de Estados Unidos. Un importante plani- 
ficador cultural y miembro del Grupo Europeo de Estudios sobre la Cui- 
tura y el Desarrollo le atribuye al arte y a la cuitura multiples propositos: es 
util para fomentar la cohesion social en las politicas que generan disenso 
y, puesto que se trata de un sector con un alto coeficiente de mano de obra, 
contribuye a disminuir el desempleo (Delgado, 1998). En rigor, cuando 
poderosas instituciones como la Union Europea, el Banco Mundial (BM), 
el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las principales fundaciones 
Internationales, comenzaron a percibir que la cuitura constitufa una esfe- 
ra crucial para la inversion, se la trato cada vez mas como cualquier otro 
recurso. James D. Wolfensohn, presidente del BM, lidero la tendencia de 
los bancos multilaterales de desarrollo a incluir la cuitura como catali- 
zador del desarrollo humano. En su conferencia de apertura para el en- 
cuentro Culture Counts: Financing, Resources, and the Economics of Cul- 
ture in Sustainable Development (octubre de 1999), auspiciada por el 
banco, hizo hincapie en una «perspectiva holfstica del desarrollo», que 
debe promover la capacidad de action (empowerment) de ios pobres de 
manera que puedan contar con los recursos sociales y humanos que les 
permiten soportar «el trauma y la perdida», detener la «desconexion so- 
cial», «mantener la autoestima» y a la vez generar recursos materiales. 
Para Wolfensohn, «la cuitura material y la cuitura expresiva son recursos 
desestimados en los pafses en vfas de desarrollo. Pero pueden generar in- 
gresos mediante el turismo, las artes amas y otras actividades culturales » 
{World Bank, 1999a). «E1 patrimonio genera valor. Parte de nuestro de- 
saffo conjunto es analizar los retornos locales y nacionales para inversio- 



28 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



nes que restauran y derivan valor del patrimonio cultural, tratese de edi- 
ficios y monumentos o de la expresion cultural viva como la musica, el tea- 
tro y las artesamas indigenas» (World Bank 1999a). 

Consideremos la estrategia del prestamo en el arnbito de la cultura 
por parte del Banco Interamericano de Desarrollo. Segun un funcionario 
de dicho banco, «dada la ortodoxia economica predominante en el mun- 
do, cabe decir que ha muerto el viejo modelo del apoyo estatal a la cultu- 
ra. Los nuevos modelos consisten en asociaciones con el sector publico y 
con instituciones financieras, especialmente los Bancos Multilateral de 
Desarrollo (BMD) tales como el Banco Mundial y el BID » (Santana, 
1999). El recurso al capital cultural es parte de la historia del reconoci- 
miento de los fallos en la inversion destinada al capital fisico en la deca- 
da de 1960, al capital humano en la decada de 1980 y al capital social en 
la de 1990. Cada nuevo concepto de capital se concibio como una mane- 
ra de mejorar algunos de los fracasos del desarrollo segun el marco ante- 
rior. El concepto de capital social fue puesto en practica por los BMD, cu- 
yos proyectos de desarrollo toman en cuenta el tejido social. Esta nocion 
se origino asimismo en el reconocimiento de que, pese a las sustanciales 
ganancias economicas obtenidas en la decada de 1990, la desigualdad 
habia crecido exponencialmente. La premisa del beneficio indirecto de la 
teoria economica neoliberal no se ha confirmado. Por consiguiente, se ha 
recurrido a la inversion en la sociedad civil y en la cultura, como su prin- 
cipal animadora. 

De acuerdo con Santana (1999), los ejemplos practicos indican que 
se trata de un argumento de peso, como en el caso de Villa El Salvador 
(Peru), que mostro un impresionante crecimiento en los indicadores so- 
ciales durante sus casi treinta afios de existencia. En 1971, los sin techo 
invadieron Lima y las autoridades los reubicaron en una zona semideser- 
tica. Treinta anos mas tarde, compoman una ciudad de 8.000 habitantes, 
con algunos de los mejores indicadores sociales del pais. El analfabetismo 
declino del 5,8 al 3,8%, la mortalidad infantil se redujo a una tasa infe- 
rior a la media (67 ninos por cada 1.000) y la inscripcion en la educacion 
basica supero el promedio, alcanzando un 98%. Segun Santana, la cultu- 
ra es la variable que explica el fenomeno, pues permite la consolidation 
de una ciudadania fundada en la participation activa de la poblacion. La 
mayor parte de la gente provema de las tierras altas del Peru y conserva- 
ba sus costumbres culturales indigenas, el trabajo comunitario y la soli- 
daridad, lo cual proporciono aquellas caracteristicas que conducen al de- 
sarrollo. Santana comparo esas caracteristicas con las tradiciones crvicas 
y culturales que, segun Putnam (1993), permitieron prosperar a la region 
italiana del norte. En consecuencia -agrego- si se pudiera demostrar que 
las pautas de confianza, cooperation e interaction social dan por resulta- 
do una economfa mas vigorosa, un gobierno mas democratico y eficaz y 



EL RECURSO DE LA CULTURA / 29 



una disminucion de los problemas sociales, entonces los BMD probable- 
mente invertinan en proyectos de desarrollo cultural. 

J Hay, por cierto, cientos de miles de proyectos culturales en cualquier 
pais. <C6mo decide un proveedor de fondos como el BID en cual de ellos 
habra de invertir? Es preciso disenar mecanismos de compensation e in- 
centivo, afirmo Santana, que despierten la confianza de los inversores en 
la futura obtencion de ganancias. Dichos mecanismos funcionarian como 
una alternativa del precio. <*Con que tipo de fundamentos racionales pue- 
den contar los agentes economicos para invertir en cultura? <;De que 
modo se estructuraran los incentivos para obtener resultados? Los incen- 
tives y no el caracter episodico de la ayuda financiera privada -anadio- 
pueden proporcionar un entorno estable para este tipo de inversiones en 
la cultura. Mas aun, el modelo del financiamiento cultural debe limitarse 
a segmentos especificos de la cultura porque la demanda de recursos es 
grande y porque solo seran financiados aquellos proyectos capaces de 
producir redito. Dentro de este escenario, Santana advirtio lo siguiente: 
«la cultura por la cultura misma, cualquiera sea esta, nunca sera finan- 
ciada, a menos que proporcione una forma indirecta de ganancia». 

Los incentivos fiscales, la comercializacion institucional o el valor pu~ 
blicitario y la conversion en actividades de mercado de aquellas que no lo 
son constituyen los diferentes tipos de redito. Los BMD dan prioridad a 
los proyectos de financiacion cultural que guardan alguna relation con las 
areas tradicionales de esos bancos y que deben tener un resultado instru- 
mental, por ejemplo, en salud, en educacion, en la formation de capital so- 
cial o en el apoyo y fortalecimiento de la sociedad civil. Dado que la reu- 
nion donde Santana hizo esta presentation estaba dedicada a instituciones 
culturales en busca de nuevos socios que aportaran fondos, se analizaron 
una diversidad de escenarios. Se considero que uno de los proyectos dig- 
nos de ser financiados es CREA, un festival cultural que se lleva a cabo 
anualmente en Colombia (Ochoa, 2001). Se realizaron certamenes musi- 
cales en todos los municipios del pais y se selecciono a algunos finalistas 
para competir en el nivel departamental, de entre los cuales se eligieron, a 
su vez, aquellos que concursarfan en el nivel estatal. Los musicos prove- 
nian de todas partes del pais, incluidas las zonas controladas por los gru- 
pos guerrilleros y paramilitares. Se afirmo que los festivales eran la unica 
actividad en la que las guerrillas y los paramilitares permitian participar a 
sus residentes. Esto es, los festivales eran el unico foro donde los adversa- 
ries y las diferentes partes del pais se ponian en contacto y entablaban re- 
laciones. Por consiguiente, cabi'a alegar que habna muchas posibilidades 
de ganancia, pues estos festivales contribuyen al proceso de paz y, duran- 
te el proceso, crearon un entorno mas seguro para la inversion. 

Sin embargo, para obtener financiamiento debe haber datos cuanti- 
tativos que permitan al personal tecnico del banco evaluar el impacto de 



30 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



los festivales y medir los beneficios en terminos de un entorno mas segu- 
ro para la inversion y la ganancia. Los instrumentos de medicion tienen, 
forzosamente, que ir mas alia de las intuiciones y opiniones. Por esta ra- 
zon, la mayoria de los proyectos financiados por los BMD se realizan 
enancados, por as! decirlo, en otros proyectos en education o renovation 
urbana. Este modo de acceso conjunto se relaciona con la dificultad que 
tienen los bancos para tratar con la cultura. Sin datos contundentes, es 
decir, sin indicadores, resulta problematico justificar la inversion en un 
proyecto. Y ciertamente existen dificultades metodologicas en el desarro- 
llo de indicadores para la cultura. El concepto se construye segun indica- 
dores economicos que permiten a los analistas determinar la «salud» de 
ia economia y predecir el tipo de intervenciones que habran de fortale- 
cerla. Hay, desde iuego, diferentes enfoques relativos al diseno de indica- 
dores, que dependen de los criterios que se privilegien; esto es, criterios 
economicos (^cuantos empleos se crearan?), profesionales (^son viables 
las instituciones artisticas hegemonicas?) y concernientes a la justicia 
social (<se comprenden y satisfacen los valores y las preferencias de los re- 
sidentes de la comunidad cuando se destinan los recursos a brindar apoyo 
cultural?) (M.-R. Jackson, 1998). Hay, sin duda, importantes diferencias 
entre estos criterios, y el ethos democratico de la tercera option merece 
ciertamente un reconocimiento. Sin embargo, el «resultado final » es que 
las instituciones culturales y quienes las financian recurren cada vez mas 
a la medicion de la utilidad porque no hay otra manera aceptada de legi- 
timar la inversion en lo social. Dentro de este contexto, pensar que la ex- 
periencia de la jouissance, el desvelamiento de la verdad o la critica des- 
constructiva podrian constituir criterios admisibles para la inversion 
monetaria en la cultura parece una humorada acaso digna de una satira 
kafkiana. 



La economia cultural 

La notion de cultura ha cambiado, empero, lo suficiente para satis- 
facer los requisitos exigidos por el resultado final. Las tendencias artisti- 
cas como el multiculturalismo que subrayan la justicia social (entendida 
de un modo estrecho como una representation visual equitativa en las es- 
feras publicas) y las iniciativas para promover la utilidad sociopolftica y 
economica se fusionaron en el concepto de lo que llamo «economia cul- 
tural» y que la nueva retorica laborista de Blair apodo «economia creati- 
va». Asimismo, comercializada en el pais y para el mundo como «cool 
Britannia », esta economia creativa incluye tanto un programa sociopoli- 
tico, especialmente el protagonismo del multiculturalismo encarnado en 
la obra de los llamados jovenes artistas britanicos, como un programa 



EL RECURSO DE LA CULTURA / 31 



economico; por ejemplo, pensar que la creatividad aportada por la nueva 
generation convirtio a Londres en «el centro creador de tendencias en la 
rmisica, en la moda, en el arte o en el diseno » (Mercer, 1999-2000). Apli- 
cando ia logica de que un entorno creativo engendra innovaciones (Cas- 
tells, 2000), se promovio la cultura del Londres moderno como funda- 
mento para la denominada nueva economia, basada en el «suministro de 
contenido», que supuestamente constituye el motor de la acumulacion. 
Esa premisa se ha difundido ampliamente con la retorica estadounidense 
de la «nueva economia » y la tan publicitada « economia creativa »de los 
britanicos, y se repite en las expresiones «nacion caliente», «crear en Es- 
cocia» y «un sentido del lugar, un sentido del ser» que se escuchan en 
Nueva Zelanda, Escocia y Canada, respectivamente {Volkerling, 2001). 
Se desarrollaron proyectos similares en algunas ciudades latinoamerica- 
nas: en Buenos Aires, Puerto Madero (Berrios y Abarca, 2001) y Palermo 
Viejo (Oropeza, 2001); en Fortaleza, Puerto Digital (Berrios y Abarca, 
2001) y en Valparaiso, donde se contrato al equipo que renovo el puerto 
de Barcelona para los Juegos Olimpicos de 1992 y que sera ahora el prin- 
cipal anfitrion del Foro Universal para las Culturas, uno de cuyos princi- 
pales objetivos es explorar (y celebrar) como puede aprovecharse «la 
creatividad de todas las naciones» para el desarrollo, la inclusion de la di- 
ver sidad y la coexistencia paclfica (Yudice, 2001b; Universal Forum of 
Cultures -Barcelona 2004). 

De los ejemplos anteriores y de los muchos otros resenados en este li- 
bro deberfa inferirse que la comprension y la practica de la cultura, si- 
tuada en la intersection del programa economico y del programa de jus- 
ticia social, resulta bastante compleja. Se invoca la cultura cada vez mas 
no solo como un motor del desarrollo capitalista, y ello se manifiesta en 
la repetition ad nauseam de que la industria audiovisual ocupa, en Esta- 
dos Unidos, el segundo puesto despues de la industria aeroespacial. Hay 
quienes aducen incluso que la cultura se ha transformado en la logica 
misma del capitalismo contemporaneo, una transformacion que «ya esta 
poniendo en tela de juicio nuestros presupuestos mas basicos acerca de lo 
que constituye la sociedad humana» (Rifkin, 2000). Esta culturalizacion de 
la economia no ocurrio naturaimente, por cierto, sino que fue cuidadosa- 
mente coordinada mediante acuerdos sobre el comercio y la propiedad 
intelectual, tales como el GATT y el OMC, y mediante leyes que contro- 
lan el movimiento del trabajo intelectual y manual (por ejemplo, las leyes 
de inmigracion). En otras palabras, la nueva fase del crecimiento econo- 
mico, la economia cultural, es tambien economia poiitica. Thomas Streeter 
(1996) afirma que la «creacion de propiedad » -esto es, la transformacion 
de, digamos, la transmision de la senal de radiodifusion en algo que puede 
ser comprado y vendido, un hecho fundamental para obtener beneficios 
en los medios electronicos- no ocurre solo en «ausencia del control poll- 



32 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



rico o social », si no que «implica una gestion colectiva en marcha [...] para 
convertir las actividades sociales en propiedad». 

La creacion de propiedad y de condiciones legales y de infraestructu- 
ra que la hacen rentable no son, ciertamente, nuevas. Tomese, por ejera- 
plo, la industria cinematografica estadounidense, que, a partir de su fuga 
desde la sindicalizada Nueva York a Los Angeles en la decada de 1920, 
entablo una intima relacion con el capital financiero y con los funciona- 
rios del gobierno a cargo del comercio. Cuando luego de la Segunda Gue- 
rra Mundial la industria se transformo debido al desafio que represen- 
taban la television y los juicios antimonopolicos que la obligaron a 
renunciar a los cinematografos, Hollywood comenzo a equilibrar el ries- 
go de invertir en sus productos, los cuales requerian un uso intensivo de 
capital, subcontratando en el extranjero redes compuestas por compa- 
nies de produccion independientes que proporcionaban diversos servi- 
cios: guiones, elencos, diseno del plato, cinematografia, vestuario, mezcla 
y masterizacion del sonido, montaje, etc. En rigor, la industria del cine re- 
presento el modelo de la especializacion flexible posfordiana (Storper, 
1989; Yiidice, 1999b), y cabe considerarla como la precursora de lo que 
Manuel Castells (1996) denomino «la sociedad en red». Ademas, una se- 
rie de presiones, especialmente el reemplazo de la produccion en estudio 
por la produccion en locaciones mas baratas, condujo a la desintegracion 
vertical y a la recomposicion del complejo industrial del entretenimiento 
(Storper, 1989). El desplazamiento de Hollywood al exterior constituye 
parte de esta historia: primero, la adquisicion de cinematografos en ul- 
tramar para compensar las menguantes ganancias domesticas y, en defi- 
nitiva, para sacar provecho de la internationalization de los servicios de 
produccion, esto es, de la division del trabajo. En la actualidad, un festi- 
val o una bienal cinematograficos o artisticos son, en gran medida, un 
compuesto tan internacional como las ropas que usamos o los automovi- 
les que conducimos, cuyas partes estan hechas con el acero producido en 
un pais, con la electronica de otro, con el cuero o el plastico de un terce- 
ro, todas ellas finalmente montadas en otros pafses distintos de los ante- 
riores. 

Los ciudadanos de Estados Unidos generalmente olvidan la posible 
amenaza implicita en la internacionalizacion de la division del trabajo. 
Algunos tal vez perciban lo que significa la fuga potencial de empleos en 
la produccion audiovisual a Canada o Australia, pero desde un punto de 
vista cultural parece no haber amenaza alguna porque la que se exports es 
«nuestra cultura». Empero, cabria preguntarse -y de hecho se ha pregun- 
tado- si este tipo de produccion establece o no una diferencia simbolica 
cuando se manejan productos culturales como las pelfculas, la musica, los 
espectaculos televisivos y los nuevos entretenimientos de Internet. Du- 
rante mucho tiempo los franceses alegar on -en las tentativas de eximir a 



EL RECURSO DE LA CULTURA / 33 



la cultura de las tratativas del GATT y las negociaciones del OMC- que 
los filmes y la musica son fundamentales para la identidad cultural y por 
fanto no deberfan estar suj'etos a los mismos terminos comerciales que, 
por ejemplo, los automoviles o el calzado deportivo. Los negociadores es- 
tadounidenses pensaron, por el contrario, que el cine y los programas de 
television no son sino mercancfas sometidas a los mismos terminos que 
todas las demas. Aunque el debate sea realmente importante y uno pueda 
discernir efectos significativos debidos a esta forma de produccion flexi- 
ble (p. ej,, las peliculas de Hollywood hechas espetificamente para atraer 
al publico extranjero), los principales efectos de esta nueva division in- 
ternacional del trabajo cultural no se limitan, digamos, al hecho de utilizar 
o no mas actores multiculturales o mas actores europeos. Lo mas impor- 
tante de todo es que los derechos de autor estan, de manera creciente, en 
manos de productores y distribuidores, de los grandes conglomerados del 
entretenimiento que cumplieron gradualmente con los requisitos para ob- 
tener la propiedad intelectual, y lo hicieron en tales condiciones que los 
«creadores» apenas si son ahora algo mas que «proveedores de conteni- 
do». En efecto, Hollywood fue el adalid en la internacionalizacion de la 
ley de propiedad intelectual. Como advierten Miller et al., «los derechos 
de autor y el control de la propiedad intelectual han garantizado el inter- 
nacionalismo de Hollywood porque estabilizan el mercado y lo vuelven 
predecible, un factor esencial dados los tremendos costos de produccion 
de un largometraje» (2001). 

Asi pues, empezamos a ver el modelo de la maquiladora en ia indus- 
tria cinematografica y en todas aquellas donde la acumulacion se basa en 
los derechos de propiedad intelectual y en el concepto mas difuso de de- 
rechos de propiedad cultural. Se obtienen ganancias mediante la posesion 
(o la creacion, como dirfa Storper) de los derechos de propiedad: quienes 
no los tienen, o los perdieron debido a la aplicacion de leyes concebidas 
para favorecer los intereses de las corporaciones, son relegados a trabajar 
por contrato como proveedores de servicios y de contenido. La culturali- 
zacion de la llamada nueva economia a partir del trabajo cultural e inte- 
lectual (Terranova, 2000) -o, mejor aun, de la expropiacion del valor de la 
cultura y del trabajo intelectual- se ha convertido, con la ayuda de las nue- 
vas comunicaciones y de la tecnologia informatica, en la base de una nueva 
division del trabajo. Y en la medida en que las comunicaciones permiten 
localizar servicios y productores independientes en casi todas partes del 
planeta, ello constituye tambien una nueva division internacional del tra- 
bajo cultural (Miller, 1996), necesaria para fomentar la innovation y para 
crear contenido. 

La culturalizacion es, ademas, economia polftica, pues el gobierno de 
Estados Unidos fue un factor central en garantizar que ese pais pudiera 
mantener el dominio de la nueva economia. Por ejemplo, el informe sobre 



34 / el recurso de la cultura 



la Propiedad Intelectual y la Infraestructura National de la Information 
realizado por el Grupo de Estudios de la Casa Blanca para la Infraestruc- 
tura de la Information (IITF), recomendaba apoyar los regimenes de pro- 
piedad intelectual de mo do tal que el suministro de contenido asegurase el 
predominio de Estados Unidos en la nueva economfa: «todos los ordena- 
dores, telefonos, dispositivos de exploration, impresoras, conmutadores, 
routers, teiegramas, cablegramas, redes y satelites del mundo», alega el grupo 
de estudios, no podran crear una infraestructura nacional para la informa- 
tion (Nil) que resulte eficaz si no hay un contenido. Lo que impulsa a la Nil 
(National Information Structure) es el contenido que se desplaza a traves 
de esa infraestructura: los medios de information y entretenimiento; el 
acceso a los recursos culturales del mundo; la innovation en los nuevos pro- 
ductos; la mayor variedad para el consumo cultural (United States, 1995). 

Actividades mas tradicionales como el turismo cultural y el desarro- 
llo de las artes tambien contribuyen a la transformation de las ciudades 
posindustriales. El ejemplo mas espectacular en este sentido es el Museo 
Guggenheim de Bilbao, que sirve de paradigma para la concesion de mu- 
seos en otras partes del mundo como Rio de Janeiro y Lyon (Iturribarria, 
1999; Rojas, 2000). Los dirigentes polfticos y empresariales locales, preo- 
cupados por el desgaste de la infraestructura posindustrial en Bilbao y 
por el terrorismo, procuraron revitalizarla invirtiendo en una infraestruc- 
tura cultural que atrajera a los turistas y sentara las bases de un comple- 
jo economico destinado al servicio, a la information y a las industrias de 
la cultura. Invirtiendo en un museo marcado por la grandiosidad estiltsti- 
ca de Franl Gehry, los dirigentes de la ciudad aportaron el iman que atrae- 
ria aquellas actividades «que dan vida», para emplear la expresion de 
Manuel Castells: «se ha generado una extraordinaria actividad urbana en 
la que, junto al trabajo de innovation, se desarrolla el tejido social de ba- 
res, restaurantes, encuentros en la calle, etc., que da vida a este lugar». 
Realzar asi la calidad de vida le permite a la ciudad atraer y retener a los 
innovadores, indispensables para la nueva economfa creativa (Castells, 
2000). «E1 conocimiento, la cultura, el arte [...] contribuiran a catapultar a 
Bilbao a la selecta lista de las capitales mundiales», observa Alfonso Mar- 
tinez Cearra, presidente del Bilbao Metropoli 30, una red que promueve 
el desarrollo de la ciudad, compuesta por funcionarios del gobierno, em- 
presarios, educadores, directores de organizaciones sin fines de lucro y 
ejecutivos de los medios masivos (Jacobs, 1997). Otra ciudad posindus- 
trial que recurrio a la cultura para revitalizar su economfa es Peekskill 
(Nueva York). Pensando que «los artistas son una suerte de pez piloto 
para el ascenso en la escala social », la municipalidad creo un Distrito de 
las Artes y ofrecio incentivos tales como lofts u otros espacios a bajo pre- 
cio, de modo que los artistas vinieran desde Nueva York y se instalaran 
allf (Peterson, 1999). 



EL RECURSO DE LA CULTURA / 35 



Las iniciativas de este tipo tienen tambien su lado negativo, pues, 
como en los clasicos casos de ascenso social [gentrification], tienden a 
-desplazar a los residentes. En otra parte me he ocupado de un caso de de- 
sarrollo cultural del que participo el renombrado grupo musical afro- 
brasilefio Olodum, tanto en la renovation de Pelourinho, sitio historico 
del comercio de esclavos y actualmente el centro de la industria turisti- 
ca, como en el ironico desplazamiento de sus residentes negros y pobres 
(vease Yudice, 2000d). Recurrir a la «creatividad economica» evidente- 
mente favorece a la clase profesional-gerencial por cuanto saca provecho 
de la retorica de la inclusion multicultural. Los grupos subordinados y 
minoritarios ocupan un lugar en este esquema en calidad de obreros no 
calificados que aportan servicios y en calidad de proveedores de «vida» 
etnica y de otras experiencias culturales que, de acuerdo con Rifkin (2000), 
«representan el nuevo estadio del desarrollo capitalista». Asi pues, el pro- 
greso economico implica necesariamente el manejo de las pobiaciones a 
fin de reducir el peligro de violencia en la compra y venta de experiencias. 
En la red de subterraneos de Bilbao se instalaron camaras de vigilancia en 
cada estacion para seguir las actividades de los viajeros (Jacobs, 1997); 
las autoridades de Peekskill las instalaron, en cambio, en las esquinas 
para controlar el comercio de drogas. Algunos residentes, sin embargo, lo 
interpretan como una manera de poner coto a los habitantes negros, mu- 
chos de los cuales se quedaron sin trabajo debido a la migration indus- 
trial al Tercer Mundo. Se acuso a los dirigentes municipales de interpre- 
tar el desarrollo urbano en terminos raciales, procurando atraer a los 
profesionales blancos y limitando la movilidad de las minorias (Peterson, 
1999). 

Por tanto, la culturalizacion tambien se basa en la movilizacion y el 
manejo de la poblacion, especialmente la de los sectores marginales que 
«realzan la vida» y que nutren las innovaciones de los «creadores» (Cas- 
tells, 2000). Ello supone el acoplamiento de la cultura en cuanto practicas 
vernaculas, las nociones de comunidad y el desarrollo economico. Se tra- 
ta de un vinculo cuyo funcionamiento observamos en las ciudades globa- 
les que concentran oficinas de mando y control para las corporaciones 
transnacionales, y una masa critica concomitante de servicios comple- 
mentarios y avanzados al productor. Segun Castells, estos servicios se 
concentran en ciudades donde la innovation resulta de la sinergia de las 
redes de empresas complementarias y de las reservas de «talento humano», 
compuestas en gran parte por los migrantes intra e internacionales. Para 
atraer a ese talento, anade el autor, las ciudades deben ofrecer una alta ca- 
lidad de vida, lo cual significa que estas son tambien generadores mayores 
de capital y valor culturales. El papel de la cultura en la acumulacion de 
capital no se limita, sin embargo, a esta funcion ancilar, sino que es central 
para los procesos de globalization, evidentes en Miami, el tema del capf- 



36 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



tulo 7. La globalization revitalizo en efecto el concepto de ciudadanfa cul- 
tural, pues los derechos polfticos generalmente no se aplican a los inmi- 
grantes ni a los trabajadores indocumentados. No obstante, la idea de que 
la democracia consiste en el reconocimiento de las diferentes culturas que se 
hallan en una sociedad y de las necesidades que esas culturas experimen- 
tal! en su desarrollo, constituye un poderoso argumento que encontro re- 
percusion en muchos foros internacionales. En la medida en que la identi- 
dad social se desarrolla en un contexto cultural coiectivo, cabe alegar que 
la inclusion democratica de las «comunidades de la diferencia» debe reco- 
nocer ese contexto y respetar las nociones de responsabilidad y los dere- 
chos allf creados (Fierlbeck, 1996). 

Ciudadanfa cultural 

Los derechos culturales incluyen la libertad de participar en la acti- 
vidad cultural, hablar en el idioma de election, ensenar a sus hijos la len- 
gua y la cultura propias, identificarse con las comunidades culturales 
elegidas, descubrir toda la gama de culturas que componen la herencia 
mundial, conocer los derechos humanos, tener acceso a la education, es~ 
tar exento de ser representado sin consentimiento o de tolerar que el pro- 
pio espacio cultural sea usado para publicidad, y obtener ayuda publica 
para salvaguardar estos derechos (Grupo de Friburgo, 1996). Empero, 
como afirmo un comentarista, los derechos culturales son «las Cenicien- 
tas en la familia de los derechos humanos » (Fierlbeck, 1996), pues su de- 
finition es todavia ambigua: no resulta claro cual sera toda la variedad 
incluida en el termino «cultura» ni tampoco es facil conciliar la aplicabi- 
lidad universal con el relativismo cultural (Niec, 1996). Por lo demas, 
aunque los derechos culturales se refieran a colectividades, tienen priori- 
dad los derechos individuales de los miembros de esas colectividades, al 
menos en los tratados internacionales. Los derechos culturales no son, 
por consiguiente, universalmente aceptados y en la mayorfa de los casos 
tampoco son justiciables, a diferencia de los derechos economicos, cuyo 
estatuto se halla firmemente arraigado en la jurisprudencia international 
{Steiner y Alston, 1996). Mas aun, incluso si los derechos culturales ob- 
tuviesen validez universal, de ello no se infiere que se aplicaran de la mis- 
ma manera en los diferentes contextos culturales. Sistemas legales discre- 
pantes proporcionan contextos solidos o debiles donde se garantizan los 
derechos de la ciudadanfa, sean polfticos, civiles o humanos. Por ese mo- 
tivo ha bio en el capftulo 2 de campos de fuerza diferentes para la pro- 
mulgation o el cumplimiento de normas y para la crftica de las normas. 
No obstante, ciertos derechos justiciables se superponen con los derechos 
culturales, como en el caso del derecho a la information. La manera en 



EL RECURSO DE LA CULTURA / 37 



que se ejerce el derecho depende, en efecto, del contexto cultural (Niec, 
1996). Javier Perez de Cuellar, presidente de la Comision Mundial para 
la Cultura y el Desarrollo, observa, en su introduction a un informe de la 
UNESCO titulado Our Creative Diversity (1996), que «los derechos eco- 
nomicos y polfticos no pueden comprenderse si se los separa de los dere- 
chos culturales ». 

La legislation de los derechos culturales positivos en Estados Unidos 
se remonta a los precedentes jurfdicos e institucionales establecidos en la 
epoca de los derechos civiles. Esta historia revela una interesante dialecti- 
ca entre la devaluation de los grupos minoritarios -por ejemplo, Moy- 
nihan (1965) y Glazer y Moynihan (1963) caracterizan a los negros y 
puertorriquenos por la falta, debido a razones culturales^ de asociaciones 
beneficas y otras cualidades propias de una sociedad civil valorizada- y el 
activismo de aquellos grupos que invirtieron las tesis de «la cultura de la 
pobreza», valorizando precisamente todo cuanto descalificaba la. cultura 
dominante (p. ej., los clubes sociales y las tradiciones puertorriquefias con- 
cernientes a la adoption, no reconocidas por Glazer y Moynihan como 
autenticas asociaciones beneficas). Una vez demostrada la inviabilidad de 
la aculturacion sujeta a la norma, implfcita en el analisis y en la polftica 
de la ciencia social hegemonica, las practicas culturales de los grupos mi- 
noritarios pudieron entenderse como estrategias comunitarias de supervi- 
vencia dignas de aceptacion. En contraste con los presupuestos asimila- 
cionistas y progresistas (en el sentido evolucionista) subyacentes en la 
tesis de Glazer y Moynihan, los multiculturalistas apelan a una position 
igualitaria de corte pluralista o relativista, segun la cual las diferentes cul- 
turas son igualmente constitutivas de la sociedad al tiempo que expresan 
una determinada forma de humanidad. 

Esta notion de cultura sustenta el concepto de ciudadanfa cultural 
segun lo desarrollo Renato Rosaldo a fines de la decada de 1980 (Rosal- 
do, 1989; Rosaldo y Flores, 1987). En contraposition con las nociones 
convencionales de ciudadanfa que presuponen la universal si bien mera- 
mente formal aplicabilidad de los derechos polfticos a todos los miem- 
bros de la nation, Rosaldo postulo que la ciudadanfa cultural implica una 
etica de discrimination positiva que permitiria a los grupos unidos por 
ciertos rasgos sociales, culturales y ffsicos afines participar en las esferas 
publicas y en la polftica, justamente sobre la base de esos rasgos o carac- 
terfsticas. En un contexto jurfdico que se abstiene de marginalizar lo «no 
normativo» (considerado como tal desde la perspectiva de «lo hegemoni- 
co»), la cultura sirve de fundamento o garantfa para «exigir derechos en 
la plaza publica » (Rosaldo, 1997). Segun esta vision, y teniendo en cuenta 
que es la cultura la que «crea un espacio donde los individuos se sienten 
"seguros" y "en casa", donde experimentan una sensation de pertenen- 
cia y afiliacion», esta constituye la condition necesaria de la ciudadanfa 



38 /el REeiiRsd de la CUltura 



(Flores y Benmayor, 1997). En el capitulo 6 describo la aparicion de esta 
nueva forma de los derechos ciudadanos y senalo que en su origen los re- 
quisites de elegibilidad para participar en los derechos convencionales de 
la ciudadama no se basaron en el relativismo cultural que presupone per- 
tenecer a culturas especificas. 

Por consiguiente, si se va a promover la democracia, entonces las es- 
feras publicas donde se llevan a cabo las deliberaciones sobre cuestiones 
de bien comun deben ser permeables a las diferentes culturas. Aqui se 
pone en movimiento la tendencia relativista de la teoria antropologica 
-segun la cual «la cultura comunal», en tanto conjunto de ideas y valo- 
res, confiere identidad al individuo (Sapir, 1924)- para fines polfticos. La 
cultura es, por tanto, algo mas que el anclaje proporcionado por un acer- 
vo de ideas y valores. De acuerdo con Flores y Benmayor (1997), se basa 
en la diferencia, que funciona como un recurso. El contenido de la cultu- 
ra pierde importancia cuando la utilidad de la demanda de la diferencia 
como garantia cobra legitimidad. El resultado de ello es que la politico, 
tiene, por asf decirlo, la carta de triunfo con respecto al contenido de la 
cultura. Tal como argumenta Marion Young, «los reclamos por el reco- 
nocimiento cultural normalmente son medios para un fin: socavar la do- 
mination o la privation injusta» {pag. 83). Pese a reconocer que «los in- 
dividuos descubren en si mismos afinidades culturales que los solidifican 
en grupos en virtud de su encuentro con quienes son culturalmente dife- 
rentes*, la cultura no tiene ningun «en si mismo», no es sino un recurso 
para la politica. «Conviene recordar, sin embargo, que gran parte de la 
razon del conflicto que se suscita entre grupos culturalmente diferencia- 
dos no es cultural sino una competencia por el territorio, por los recursos 
o por los puestos de trabajo» (pag. 91). 

Los argumentos de Young, que corresponden a la nueva coyuntura 
epistemica de la «conveniencia» de la cual me ocupare luego, resultan muy 
utiles pues muestran como se suplanta el debate comunitario liberal sobre 
la universalidad frente a la especificidad o sobre el «bien comun» frente 
a la perspectiva de los «conocimientos localizados». En contraposision 
con la clasica filosoffa politica liberal identificada con John Rawls, Young 
demuestra que las instituciones y otras entidades sociales que forman re- 
des si importan y que es una falacia pensar que los individuos pueden man- 
tenerse al margen de esas redes. Pero oponiendose asimismo a las visiones 
comunitarias, Young alega que la estructura social tiene prioridad sobre la 
identitaria, rechazando la position de Charles Taylor de que una politica 
basada en el reconocimiento de la diferencia (o la cultura) del grupo cons- 
tituye, en si misma, un objetivo. En cambio, una politica del reconoci- 
miento habitualmente es parte de las demandas de inclusion politica y so- 
cial o el medio de acceder a ellas, o bien un fin para las desigualdades 
estructurales que las perjudican» (pags. 104-105). El supuesto de Young 



EL RECURSO DE LA CULTURA / 39 



es que «la mayorfa de los reclamos politicos centrados en el grupo no pue- 
den reducirse a los conflictos tocantes a la expresion y preservation del sig- 
nificado cultural* (pag. 104). Evidentemente, para Young la cultura es una 
categoria reduccionista. Aunque reconozco la fuerza de sus argumentos, 
explico mas adelante que la gubernamentabilidad opera en un campo de 
fuerza donde el mercado, con sus tecnicas para administrar la diferencia 
como recurso primario, erosiona considerablemente la idealizada esfera 
publica habermasiana que la autora presupone. 

En el apartado siguiente comento la importancia epocal que com- 
porta la transformation de la cultura en recurso. Me gustaria prologar 
ese comentario senalando que el acercamiento de la cultura y la idea de 
comunidad constituye no solo la expresion de la busqueda de justicia so- 
cial y de los derechos de la ciudadama, pues tambien esta sobredetermi- 
nada por la penetration de la logica del capital en los hasta ahora recon- 
ditos lugares de la vida. En su definition de posmodernidad, Fredric 
Jameson caracteriza esos lugares como el inconsciente y el Tercer Mundo. 
En el modelo weberiano o habermasiano ambos se definirian, respecti- 
vamente, como la fuente de la racionalidad estetico-expresiva y como la 
forma de una organization social que, hasta la fecha, se halla fuera del 
alcance de la regulation occidental. Explicando en detalle este modelo, 
Boaventura de Sousa Santos (1995) puntualiza que la racionalidad y la 
comunidad estetico-expresiva fueron eclipsadas por las otras logicas del 
desarrolio moderno. En el eje de la regulation, el mercado prevalecio por 
sobre el Estado y la comunidad; en el eje de la emancipation, la raciona- 
lidad cognitivo-instrumental de la ciencia, que infligio danos a la natura- 
leza y contribuyo a regular el cuerpo y a transformarlo en un bien de con- 
sumo mediante la biotecnologia, prevalecio por sobre la racionalidad 
moral practica y la racionalidad estetico-expresiva. Cuando «la emanci- 
pation moderna fue absorbida por la moderna regulation* bajo el domi- 
nio del mercado, «dejo de ser el otro de la regulation* para convertirse 
en su doble. Aunque la revolution y «los futuros alternatives » ya no pa- 
recen amenazar el predominio capitalista, se ha generado, no obstante, 
«una nueva sensation de inseguridad surgida del temor a desarrollos in- 
controlables» como consecuencia de «la asimetna entre la capacidad de 
actuar y la capacidad de predecir». 

La conception de Santos de un nuevo paradigma utopico se basa (pre- 
deciblemente) en la activation de un «principio de comunidad» f undado en 
la solidaridad y de un «principio estetico-expresivo» f undado en la autoria 
y en la artefactualidad, que a su vez deben conducir a alternativas' emanci- 
padoras tales como la abolition de la jerarqma Norte-Sur, el conocimiento 
centrado en la autoridad compartida, nuevas formas de sociabilidad carac- 
terizadas por jerarqufas debiles, pluralidad de poderes y leyes, fluidez en las 
relaciones sociales y un gusto barroco por la mezcla o mestizaje. 



40 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



Sin embargo, el acercamiento de las dos «representaciones lncom- 
pletas de modernidad» aparentemente creo un mecanismo de control aun 
mas generalizado. En los ultimos tres decenios, teoricos y activistas pro- 
gresistas que rompieron tanto con los enfasis estatista y cognitivista del 
marxismo tradicional como con las inflexiones mercantilizadas y antirra- 
cionales de las artes, replegaron la estetica y la idea de comunidad en la 
formulacion de una alternativa politico-cultural a la dominacion. El giro 
antropologico en la conceptualizacion de las artes y la sociedad es cohe- 
rente con lo que podria llamarse poder cultural -el termino que utilizo 
para la extension del biopoder en la era de la globaiizacion-, y tambien 
constituye una de las principales razones por las cuales la politica cultu- 
ral se convirtio en un factor visible para repensar los acuerdos colectivos. 
El termino mismo une lo que en la modernidad pertenecia a la emancipa- 
cion (politica), por un lado, y a la regulacion (cultura), por el otro. Pero 
tal como lo demuestro a lo largo de este libro, esta union es quiza la ex- 
presion mas clara del recurso de la cultura. Se la invoca con el proposito 
de resolver una variedad de problemas para la comunidad, que aparente- 
mente solo es capaz de reconocerse en la cultura, la que a su vez ha per- 
dido su especificidad. Por consiguiente, la cultura y la comunidad estan 
presas en un razonamiento circular, tautologico. Este problema fue re- 
conocido por los funcionarios de la institution que hizo todo lo posi- 
ble por suscitarlo. En una reunion reciente, la directora de la Division de 
Creatividad, Industrias Culturales y Derechos de Autor de la UNESCO 
senalo que ahora se invoca a la cultura para resolver problemas que an- 
teriormente pertenecian al ambito de la economia y la politica (Yudice, 
2000b). 

Cuando las interpretaciones previas de la cultura -los canones de la 
excelencia artistica, las pautas simbolicas que dan coherencia a un grupo 
o sociedad y, por tanto, le confieren valor humano- se debilitan, vemos 
en ello una iteration del recurso de la cultura. En nuestra era, las repre- 
sentaciones y las demandas relativas a la diferencia cultural son conve- 
nientes en tanto multipliquen las mercancfas y confieran derechos a la co- 
munidad. Sin embargo, como afirma Virginia R. Dommguez (1992), para 
comprender lo que significa la cultura cuando «se la invoca para descri- 
bir, analizar, argumentar, justificar y teorizar», es preciso centrarse en «lo 
quese estd realizando social, politica y discursivamente». Ese es el objeti- 
vo de este libro. 



La cultura como reserva disponibie 

La idea de la cultura como recurso puede entenderse aqui en varios 
sentidos, pero debo aclarar desde el comienzo que no es mi proposito de- 



EL RECURSO DE LA CULTURA / 41 



sestimar esta estrategia como una perversion de la cultura o una reduc- 
tion cinica de los modelos simbolicos o los estilos de vida a la «mera» po- 
litica. Descaiificaciones de esa indole se basan con frecuencia en un deseo 
nostalgico o reaccionario de restaurar el alto lugar que le cabe a la cultu- 
ra, presumiblemente desacreditada por los filisteos que no creen en ella 
en absoluto. Tampoco es correcto convertir en chivo expiatorio al tipo de 
politica de la identidad que he descripto brevemente, pues no es el unico 
en valerse de la cultura como expediente, como recurso para otros fines. 
Podemos encontrar esta estrategia en muchos sectores diferentes de la 
vida contemporanea: el uso de la alta cultura (p. ej., los museos u otros 
centros culturalmente prestigiosos) para beneficio del desarrollo urbano; 
la promotion de culturas nativas y patrimonios nacionales para el consu- 
mo turistico; lugares historicos convertidos en parques tematicos del tipo 
Disneylandia; creation de industrias culturales transnacionales que com- 
plementan la integration supranacional, sea en la Union Europea o en el 
Mercado Comun del Sur (MERCOSUR) (vease capitulo 8); la redefini- 
tion de la propiedad intelectual como formas de cultura a los efectos de 
estimular la acumulacion de capital en informatica, comunicaciones, pro- 
ductos farmaceuticos, entretenimiento, etc. En otra parte resene varios 
proyectos que resultan convenientes para entender el caracter instrumen- 
talista de la politica cultural de hoy (Yudice, 1999c). 

American Canvas , el informe del NEA ya mencionado sobre una se- 
rie de discusiones de orden municipal con gente de todos los sectores de 
la sociedad interesada en salvaguardar el sistema de apoyo a las artes, 
hizo las siguientes recomendaciones: «Es tiempo de que aquellos que co- 
nocen el valor de las artes [...] pasen a ser miembros del consejo escolar, la 
comision del municipio y del condado, la junta de planeamiento y zoni- 
ficacion urbanos, la direction de viviendas, las asociaciones mercantiies, 
el consejo de bibliotecas [...] No se trata solamente de subrayar la perti- 
nencia de las artes para los diversos intereses civicos, sino de echar mano 
de los fondos publicos que fluyen por estos canales y dedicar algunos de 
ellos a las artes ». Otro abogado mencionado en el informe alego que 
«debemos insistir en el hecho de que si se planifican y financian caminos, 
redes cloacales, carceles, bibliotecas y escuelas [...] tambien se planifiquen 
y financien las artes. Es preciso encontrar los items puntuales, las cate- 
gorias presupuestarias y los dolares en todas estas fuentes locales» (Lar- 
son, 1997). 

Seria en verdad cinico calificar de aberrante la politica de la identi- 
dad cuando la transformacion de la cultura en recurso es tan obviamente 
un rasgo de la vida contemporanea. En vez de criticarla, quiza resulte mas 
eficaz, para los fines de esta estrategia, pensar en establecer una genealo- 
gia de la transformacion de la cultura en recurso y preguntarnos lo que 
ello significa para nuestro periodo historico. 



42 / EL RECURSO BE LA CULTURA 



Si bien mi interpretation de la cultura como recurso no es heidegge- 
riana, una breve reflexion sobre su nocion de reserva disponible ayudara 
a situar mi propio argumento frente a la modernidad y a la posmoderni- 
dad. En «La pregunta por la tecnica» Heidegger identifica la tecnologia 
como una forma de comprension en la cual la naturaleza deviene un re- 
curso, un medio para un fin o una «reserva disponible». Se llega a consi- 
derar que todo, incluidos los seres humanos, constituye una disponibili- 
dad permanente lista para ser utilizada como recurso. En un ensayo 
anterior, «La epoca de la imagen del mundo» (1938), donde aun no ha- 
bla de «reserva disponible», Heidegger caracteriza empero la epoca mo~ 
derna -en que la representation se ofrece como recurso- como aquello 
que vuelve invisible la esencia de las cosas. La ciencia, la tecnologia en 
cuanto transformacion autonoma de la praxis, la transmutation de la 
obra de arte en el objeto de «la mera experiencia subjetiva», la consuma- 
cion de la vida humana como cultura y la perdida de los dioses (Heideg- 
ger, 1977) son los fenomenos que dan origen a la «epoca de la imagen del 
mundo», donde la opacidad de la encarnacion cognitiva de la era previa 
se vuelve invisible. Heidegger (1971) postulaba que «el calculo, la plani- 
ficacion y el moldeado de todas las cosas » -precisamente la definition de 
Foucauit de gubernamentabilidad que caracteriza la transition de la eco- 
nomia desde el hogar a la sociedad en general, cuando fue preciso que la 
res publico,, o cosas tales como el clima, la riqueza, la salud, la enferme- 
dad, la industria, las finanzas, las costumbres, etc., se ordenara y calcu- 
lara mediante la estadfstica y se manejara a traves de los savoirs de la dis- 
ciplina (Foucauit 1991, pags. 95-103)- son los procesos que, en virtud de 
este mismo ordenamiento, «arrojan una sombra invisible en torno a to- 
das las cosas», es decir, vuelven invisible su esencia {Heidegger, 1977). 

Asi pues, la esencia de la tecnologia no es meramente su instrumen- 
talidad sino, dice Heidegger, una « evocation* que reune y ordena, un 
«encuadre» (Ge-Stell ) que «destina» una revelacion del ordenamiento y 
que «deja fuera toda otra posibilidad de revelaci6n», incluida la poiesis 
y el arte, que en «E1 origen de la obra de arte» habia descrito como la re- 
velacion de la verdad, de la «desenmascarada presencia de la cosa» 
(Heidegger, 1971). Este bloqueo de otros tipos de revelacion constituye 
un peligro: «el advenir a la presencia de la tecnologia amenaza la revela- 
cion, la amenaza con la posibilidad de que toda revelacion sea consumi- 
da en el ordenamiento y que todo se presente solo en el desocultamiento 
de la reserva disponible» (Heidegger, 1977). Curiosamente, al final de 
ese ensayo sobre la tecnologia, Heidegger considera la posibilidad de que 
una vez que esta lo haya impregnado todo en todas partes, «la esencia de 
la tecnologia puede advenir a la presencia en el acontecer de la verdad». 
Pues si este fuera el caso, la reflexion sobre la tecnologia, nos dice, debe 
acaecer «en una esfera que sea, por un lado, afm a la esencia de la tec- 



EL RECURSO DE LA CULTURA / 43 



nologfa y, por otro, fundamentalmente distinta de ella». Esa esfera de re- 
flexion, anade, es el arte. Sin embargo, si la esencia de la tecnologia lo ha 
impregnado todo, imponiendonos la perception del arte a traves del me- 
dium de la estetica, entonces «tanto mas misteriosa deviene la esencia del 
arte». 

La paradoja presentada al concluir este ensayo ofrece una posibili- 
dad, dentro o al final de la modernidad, que se excluye en otras interpre- 
taciones del papel desempenado por el arte. De acuerdo con Peter Burger 
(1984), por ejemplo, cuando la burguesfa expande su dominio, incluso 
las resistencias a la razon instrumental -cabria sustituir el termino por 
«ordenamiento»- se ordenan en forma creciente mediante la institutio- 
nalization, que de ese modo separa la estetica de otras esferas de la vida 
social. En su intento por unir el arte y la vida, la vanguardia estetiza pri- 
mero la vida y iuego institucionaliza esa estetizacion. Es evidente la exis- 
tencia de una paradoja similar en el acercamiento de cultura y comuni- 
dad, segun define Santos a estas dos «representaciones incompletas de la 
modernidad », permeables a un enfoque que obstruye e incluso vuelve in- 
conmensurables las interpretaciones previas de esos conceptos y modos 
de practica. Mas aun, con la penetration reciproca de la cultura y la eco- 
norma, no exactamente como mercancias -lo cual serfa el equivalente de 
la instrumentalidad- sino, mas bien, como un modo de cognition, de or- 
ganization social y de emancipation social inclusive, ambas parecen rea- 
limentarse en el sistema al que se resisten u oponen. 

£Una nueva episteme? 

Es en esta coyuntura donde me agradana proponer la nocion de per- 
formatividad, entendida mas alia de la instrumentalidad, como el modo 
en que se practica cada vez mas lo social. Solo presento el tema a manera 
de anticipo, pues lo desarrollare con mas detalle en el capitulo 2. El re- 
curso de la cultura sustenta la performatividad en cuanto logica funda- 
mental de la vida social de hoy. Mi argumento es el siguiente: en primer 
lugar, la globalization acelero la trasformacion de todo en recurso. En se- 
gundo iugar, la transformacion espetifica de la cultura en recurso repre- 
senta la aparicion de una nueva episteme, en el sentido foucaultiano del 
termino. Por ultimo, esta transformacion no debe entenderse como una 
manifestation de la «mera politica», contra la cual solo basta con la sim- 
ple invocation de una idea voluntarista y politicamente conveniente de 
agencia. Esta solo incrementarfa el poder, propio de Anteo, de la conve- 
niencia de este recurso. 



44 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



CuLtura y globalization 

Se ha dicho que en las condiciones determinadas por la globalizacion 
lo que difunde la logica prevaleciente de la acumulacion es la diferencia y 
no la homogeneizacion. La globalizacion, un proceso que data de la ex- 
ploration, la conquista y la modernization europeas del siglo xvi, produ- 
ce el encuentro de tradiciones diversas de modo que «ya no es posible 
examinar las cuituras como si fueran islas de un archipielago» (UNESCO, 
1998). El World Culture Report 1998: Culture, Creativity and Markets se 
propone delinear las coordenadas de esta mayor complejidad cultural y 
como podria aprovecharse «creativamente» para incrementar el desarro- 
Uo y la democracia. 

Los discursos sobre la globalizacion tienen, sin embargo, anteceden- 
tes menos optimistas. Hasta no hace mucho, se considero que la influen- 
cia economica y mediatica de Estados Unidos y de Eur op a Occidental 
constitufa un imperialismo cultural. Los partidarios de esa vision procu- 
raron revelar la voluntad de poder implfcita en la reverencia por el gran 
arte occidental, el ocultamiento de las diferencias de poder en la celebra- 
tion de la humanidad comun compartida por todos los pueblos, tal como 
se la promueve en muchos trabajos antropologicos, y el lavado de cerebro 
de todo el planeta por parte de Hollywood. Aunque Caliban de Roberto 
Fenandez Retamar (1971) y Para leer al Pato Donald de Ariel Dorfman 
y Armand Matterlat (1972) sean tal vez los textos clasicos de esta orien- 
tation, la crftica del imperialismo cultural ya es palmaria en la obra de 
Jose Carlos Mariategui, en la decada de 1920. 

El argumento del imperialismo cultural fue criticado por tres prin- 
cipales razones. En primer termino, soslayo la subordination de las mi- 
norias internas que se produce dentro del nacionalismo de los pafses en 
desarrolio, cuando esas minonas se lanzan a cuestionar la agresion 
simbolica de los poderes imperiales. En segundo termino, las migracio- 
nes y los movimientos diasporicos ocasionados por los procesos globa- 
les complicaron la unidad que supuestamente existe en la nation: la 
pertenencia puede ser infra o supranacional. En tercer termino, y de for- 
ma conexa, el intercambio de ideas, information, conocimientos y tra- 
bajo «multiplica el numero de permutaciones y, durante el proceso, 
crea nuevos estilos de vida, nuevas culturas» basadas con frecuencia en 
los elementos de una cultura extrafdos de otra (Rao, 1998), como la 
musica del rap que los jovenes brasilenos negros incorporan a sus pro- 
pios proyectos antirracistas (veanse los capitulos 4 y 5). Ya no resulta 
viable arguir que esas cuituras hibridas son inautenticas (Garcia Can- 
clini, 1990). 

Esos argumentos indican la existencia de una relacion de convenien- 
cia entre la globalizacion y la cultura, por cuanto hay una adecuacion o 



EL RECURSO DE LA CULTURA / 45 



pertinencia entre eilas. 1 La globalizacion comporta la difusion (principal- 
mente comercial e informatica) de los procesos simbolicos que impulsan 
J de manera creciente la economfa y la politica. Malcolm Waters (1995) 
fundamenta todo su estudio sobre la globalizacion en la primera acepcion 
de «conveniencia» [expediency, en ingles]: «E1 teorema que guia el argu- 
mento de este libro es el siguiente: los intercambios materiales localizan; 
los intercambios politicos internacionalizan y los cambios simbolicos glo- 
balizan. Se sigue de ello que la globalizacion de la sociedad humana es 
contingente en la medida en que los acuerdos culturales resulten eficaces 
respecto de los acuerdos economicos y politicos. Es dable esperar que la 
economia y la politica se globalicen siempre y cuando se culturalicen» 
(1995, pag. 9). 

De la cultura como recurso a La politica 

Tal como afirme antes, la cultura es conveniente en cuanto recurso 
para alcanzar un fin. La cultura en cuanto recurso es el principal compo- 
nents de lo que podria definirse como una episteme posmoderna. En [Las 
palabras y las cosas) Foucauit esboza tres modalidades diferentes y discon- 
tinuas de relacion entre el pensamiento y el mundo o epistemes que posi- 
bilitan la existencia de diversos campos de conocimiento en cada epoca. 
Segun Foucauit, el conocimiento se organiza en cada era mediante una 
serie de reglas operativas fundamentales. El Renacimiento o la episteme 
del siglo xvi se basa en la semejanza, el modo por el cual el lenguaje rela- 
ciona las palabras y los trazos que marcan las cosas. El conocimiento 
consistfa en vincular, mediante la interpretation, las diferentes formas del 
lenguaje a fin de «restituir la gran planicie intacta de las palabras y las co- 
sas». La episteme clasica de los siglos XVII y xviii consistio en la represen- 
tation y clasificacion de todas las entidades conforme a los principios de 
orden y medida. Es esa episteme la que Borges caricaturiza en su imagen 
de la Enciclopedia China, citada por Foucauit como la fuente que lo ins- 
piro para pensar su anverso, el heteroclito. Con la aparicion de la moder- 
na episteme, que Foucauit situa a fines del siglo xvm y a principios del XIX, 
la representation ya no resulta adecuada para examinar cuanto concierne 
a la vida, a lo organico y a la historia. Esta inadecuacion implica a su vez 
una profundidad o una «densidad ensimismada» donde «lo que importa ya 
no son las identidades, los caracteres distintivos o las tablas permanentes 
con todos sus posibles senderos y rutas, sino las grandes fuerzas escondi- 
das desarrolladas a partir de su nucleo, origen, causalidad e historia pri- 

, 1. Una definition de conveniencia [expediency] dada por el Oxford English Dictionary es 
«cohformidad a las circionstancias o condiciones del caso». 



46 / EL RECURSO OE LA CULTURA 



mitivos e inaccesibles*. Estas fuerzas ocultas son analogas, en la des- 
cription de Foucault, a io que permanece encubierto en la description 
que hace Heidegger de la moderna tecnologfa. El conocimiento moder- 
no consiste entonces en desvelar los procesos primaries {la infraes- 
tructura el inconsciente) que acechan en las profundidades, debajo de 
las mamfestaciones superficiales de la ideologia, la personalidad y lo 
social. 

Si la representation es la relation entre las palabras y las cosas en el 
mundo ordenado del soberano, las nuevas tecnicas de gobierno o admi- 
mstracion, basadas en el conocimiento disciplinario, llegan a ocupar ese 
papel mediador entre los procesos primarios y el sujeto autonomo. La ley, 
que constituia el instrumento del soberano, ocupa un segundo lugar en 
la internalization de las normas mediante la disciplina. El gobierno se 
convierte a su vez en una manera de regular la vida y la muerte, aquello 
capaz de ser calculado y manejado entre ambas y que se extiende al clima, 
a la enfermedad, a la industria, a las finanzas, a las costumbres y al de- 
sastre. El biopoder o «la existencia biologica reflejada en la existencia po- 
litical los medios por los cuales se produjo lo social, «llevaron la vida y 
sus mecanismos al reino de los calculos explicitos e hicieron del poder- 
conocimiento un agente de la transformation de la vida humana». Los 
cuerpos fueron identificados con la politica, porque manejarlos era par- 
te de gobernar. Para Foucault (1984, 1991), «el umbrai de modermdad de 
una sociedad se alcanzo cuando la vida de la especie aposto a sus propias 
estrategias politicas. 

Aunque soy esceptico respecto de la mayorfa de las formulaciones de 
la posmodernidad -sobre todo aquellas que reinterpretan meramente la 
fragmentacion modernista como algo nuevo o situan la nueva episteme 
en la crisis de autoridad de lasgrandes narrativas, como si esa crisis nun- 
ca hubiera ocurrido antes-, me gustaria ampliar la periodizacion arqueo- 
logica de Foucault y proponer una cuarta episteme basada en una re~ 
lacion entre las palabras y el mundo que se inspira en las epistemes 
antenores -semejanza, representation e historicidad- recombinandolas 
sin embargo, de tal modo que den cuenta de la fuerza constitutiva de los' 
signos. Algunos caracterizaron esta fuerza constitutiva como simulacro, es 
decir, un efecto de la realidad fundada en la «precesion del modelo». «Los 
hechos ya no tienen ninguna trayectoria propia, surgen en la intersection 
de los modelos» (Baudrillard, 1983). Prefiero el termino performativi- 
dad*, pues alude a los procesos mediante los cuales se constituyen las 
identidades y entidades de la realidad social por reiteradas aproximaciones 
a los modelos (esto es, a la normativa) y tambien por aquellos «residuos» 
(«exclusiones constitutivas») que resultan insuficientes. Y como ya expli- 
que, la globalization, al aproximar culturas diferentes, agudiza el cues- 
tionamiento de las normativas que a su vez favorece la performatividad. 



EL RECURSO DE LA CULTURA / 47 



Judith Butler (1993) observa que el poder constituye los dominios o 
campos de inteligibilidad del objeto tomando los efectos materiales de esa 
eonstitutividad como «datos materiales o determinaciones primarias» 
que parecen operar fuera del discurso y el poder. Reconoce a Foucault el 
haber mostrado que esos efectos materiales resultan de «una investidura 
del discurso y del poder », pero, a su juicio, no proporciono una manera 
de discernir «lo que constrine el dominio de cuanto es materializable». 
Los principios de inteligibilidad inscriben no solamente lo que es mate- 
rializable, sino tambien las zonas de ininteligibilidad que definen las ya 
mencionadas «exclusiones constitutivas». Las teorias del inconsciente, 
sean psicoanaliticas o politicas, tienden a condensar los multiples proce- 
sos en una ley espetifica (el complejo de Edipo o «ley paternal», la «ley 
de clases» que subyace en la ideologia como falsa conciencia) que refre- 
na, por asi decirlo, las diversas desviaciones. La performatividad, segun 
la explica Butler, indica que en lugar de leyes fundamentales hay, en cam- 
bio, una competencia de muchos y diferentes principios de inclusion y ex- 
clusion: «dar caracter y contenido a una ley que garantice las fronteras 
entre el "adentro" y el "afuera" significa apropiarse del analisis social e 
historico necesario para combinar en una "unica" ley el efecto producido 
por la convergencia de muchas, y para excluir la posibilidad misma de 
una futura rearticulacion de esa frontera que es central para el proyecto 
democratico promovido porZizek, Laclau y Mouffe» (1993, pags. 206-7). 

Aqui Butler invoca la interconexion del sujeto individual y de la so- 
ciedad, con una recomendation implicita en favor del cambio social de- 
mocratico. El sujeto y la sociedad se hallan conectados por fuerzas per- 
formativas que operan, por un lado, para «refrenar» o hacer converger 
las muchas diferencias o interpelaciones que constituyen y singularizan al 
sujeto, y por otro, para rearticular la ordenacion mas amplia de lo social. 
Tanto los individuos como las sociedades son campos de fuerza que cons- 
telan la multiplicidad. Segun Butler, la tension entre estas fuerzas o «le- 
yes» permite a los individuos-en-cuanto-constelaciones cambiar y no 
conformarse a las circunstancias. Empero, los contornos de lo social per- 
manecen. Puedo pensar en dos metaforas que facilitan el esclarecimiento 
de esta vision del individuo y lo social. Una de ellas es la interpretation de 
Bajtm de la novela como una minada de registros del discurso -hetero- 
glosia- que, no obstante, se ensamblan y constituyen un genero: 

Cabe definir la novela como una diversidad de tipos de discurso social 
y una diversidad de voces individuales, arusticamente organizadas. La es- 
tratificacion interna de cualquier idioma national en dialectos sociales ca- 
racteristicos del comportamiento grupal, jergas profesionales, lenguajes ge- 
nericos, lenguajes propios de las generaciones o grupos etarios, lenguajes 
tendenciosos, lenguajes empleados por las autoridades, por los di versos circu- 
los y aquellos que responden a modas pasajeras, lenguajes que sirven a los 



48 / EL RECURSO DE LA OJLTURA 



efectos sociopoliticos espedficos del dla e incluso de la hora (cada dia tiene 
su propio esiogan, su propio vocabulano, sus propios enfasis), en suma, esta 
estratificacion interna presente en toda lengua en cualquier momento de su 
existencia historica constituye un prerrequisito indispensable de la novela 
como genero (Bajtin, 1984). 

Lo que para Bajtin define la novela se acerca mucho a la «ley de ge- 
nero» de Derrida (1980) que «es, precisamente, un principio de contami- 
nation, una ley de impureza, una economia parasitaria». De acuerdo con 
Bajtin (1984), el efecto de la novela reside en una «conciencia otra [que] 
no se inserta en el marco de la conciencia autoral, que se revela desde 
dentro como algo que esta fuera [...]». Para Derrida (1980), «el trazo que 
marca la afiliacion inevitablemente divide; el limite del conjunto Ilega a 
formar, por invagination, un bolsillo interno mayor que el todo, y el re- 
sultado de esta division y de este abundamiento sigue siendo tan singular 
como i!imitado». Una conciencia que esta dentro y no obstante fuera y 
una invagination singular aunque ilimitada constituyen ambas los mode- 
los virtuaies o modelos de virtualidad de lo que Laclau denomina lo so- 
cial. Asf como los sujetos son contradictories aunque nivelados por el 
nombre, tambien la «imposibilidad de sociedad» esta compuesta de nu- 
merosas «diferencias inestables» manejadas por la hegemonia. La rearti- 
culacion del ordenamiento de las diferencias caracteriza tanto al sujeto 
performativo subversivo de Butler como a la idea de cambio social de La- 
clau. «Las relaciones hegemonicas dependen de que el significado de cada 
elemento en un sistema social no este definitivamente fijado». De no ser 
asf, resultarfa imposible rearticularlo de una forma diferente y, en conse- 
cuencia, la rearticulacion solo podria pensarse bajo categorfas tales como 
ia falsa conciencia» (Laclau, 1988). 

El sistema flexible de (re)articulaciones que pese a mantener la apa- 
riencia de una entidad se encuentra, sin embargo, en constante cambio, 
recuerda los sistemas estocasticos resenados por Bateson en Steps to an 
ecology of mind (1972). Generar algo nuevo requiere de una fuente de 
aleatoriedad. Algunos sistemas (por ejemplo, la evolution) tienen un pro- 
ceso selectivo incorporado que refuerza ciertos cambios aleatorios a fin 
de que estos se vuelvan parte del sistema. Hay un «gobernante», por asf 
decirlo, que impide la dispersion de las piezas del calidoscopio, aunque su 
disposition cambie cuando se lo hace girar. Analogamente, las sociedades 
mantienen su forma de acuerdo con la ley de genero, pese a las rearticu- 
laciones. En este modelo, el cambio social se asemeja a un giro del cali- 
doscopio. Un proceso de esa Indole tal vez sea mas caracterfstico de las 
sociedades modernas que de las posmodernas. 

Una premisa clave de la modernidad es que la tradition (salvaguar- 
dada en la esfera domestica) se erosiona por los constantes cambios de la 



EL RECURSO DE LA OJLTURA / 49 



industrialization, las nuevas divisiones del trabajo y sus efectos concorni- 
tantes tales como la migration, el consumismo capitalista, etc. Las ul- 
timas teorias del capitalismo desorganizado consideran, empero, la po- 
sibilidad de que el «sistema» mismo se beneficie por la erosion de esas 
tradiciones, esto es, que pueda prescindir de la gubernamentabilidad. El 
capitalismo desorganizado progresa con esta erosion, asistido por las nue- 
vas tecnologfas que permiten, por ejemplo, la reduction de tiempo en los 
mercados financieros, la internalization de los servicios avanzados al con- 
sumidor, la dispersion del riesgo, la mayor movilidad de gente, mercan- 
das, sonidos e imagenes, la proliferation de estilos y lo que caracterice 
como una nueva division internacional del trabajo cultural. El sistema 
se alimenta de estos cambios y tambien de los intentos por recuperar la tra- 
dicion. En consecuencia, el fracaso en repetir la conducta normativa 
como rasgo constitutivo de la performatividad subversiva puede, en rigor, 
fortalecer el sistema y no amenazarlo. El sistema se nutre del «desorden». 

Lash y Urry (1987) afirman que en lugar del orden incrementado que 
predecfan Marx y Weber, el capitalismo se desplazo hacia una descon- 
centracion del capital dentro de los estados nation; una separation cre- 
ciente de los bancos, la industria y el Estado; una redistribution de las re- 
laciones productivas y de ios patrones de residencia que se relacionan con 
la clase. De manera analoga, cabria agregar que hay un proceso de des- 
gubernamentalizacion, evidente en el retiro del Estado benefactor y su 
reemplazo por instituciones heterogeneas y mas microgerenciadas de la 
sociedad civil y por sus homologos, las organizations de la sociedad in- 
civil (mafias, guerrillas, milicias, grupos racistas, etc.). El movimiento de 
anti globalization, iniciado en Seattle en 1999, tal vez sea la imagen espe- 
cular contrapuesta en contrario del «desorden» enraizado en el propio 
capitalismo, aunque todavfa no queda claro si alimenta el sistema. 

Dicho esto, los capftuios siguientes demuestran que Lash y Urry 
(1987) se equivocan al sup oner que «con un tiempo de renovation que se 
acelera constantemente, los objetos y tambien los artefactos culturales 
pasan a ser descartables y vaciados de significado». La compra y venta de 
experiencias que Rifkin (2000) coloca en el centro del orden capitalista, 
permiten sin duda aprovechar no solo el trabajo y el deseo de producto- 
res y consumidores (por ejemplo, los turistas y los indfgenas encargados 
de representor la identidad), sino incluso sus polfticas, que se funden fa- 
cilmente con las mercancfas (vease capftulo 6). Pero ocurre, asimismo, 
que el capitalismo « desorganizado » que engendra minadas de redes en 
nombre de la acumulacion tambien hace posible la creation de una red de 
contactos entre todo tipo de asociaciones afines que trabajan solidaria y 
cooperativamente. 

Ahora bien, debo senalar que aunque comparto el escepticismo de 
Hardt y Negri (2001) en lo que se refiere a las instituciones no guberna- 



50 / el recurso de la cultura 



mentales dedicadas al bienestar social y a la defensa de los derechos cuan- 
do los estados abandonan la transaccion keynesiana, me parece demasiado 
absoiutista relegarlas a todas a la categoria de «6rdenes mendicantes del 
imperio». Hay dos razones que explican mi discrepancia y que aparecen 
en el capitulo 5, donde me ocupo de las iniciativas de la accion ciudada- 
na en Brasil. En primer lugar, la vision de Hardt y Negri presupone que 
todas esas organizaciones «se esfuerzan por identificar las necesidades 
universales» y que a traves de su accion «definen al enemigo como priva- 
cion [...] y lo reconocen como pecado» (2000, pag. 36). Muchas de estas 
instituciones -que analizo mas adelante y con algunas de las cuales cola- 
bore- realmente «defienden los derechos humanos», pero no lo hacen ne- 
cesariamente de una manera universal; y en caso de hacerlo asi, posible- 
mente se trate de una estrategia para tomar el dinero y salir corriendo, por 
decirlo de algun modo. En segundo lugar, muchas organizaciones no gu- 
bernamentales y quienes pertenecen a ellas son los unicos que trabajan 
para establecer «la cooperacion, la existencia colectiva y las redes de co- 
municacion que se forman y reforman dentro de la multitud», la «ciuda- 
dania global» que, segiin Hardt y Negri, es compatible con «el poder de 
la multitud para reapropiarse del control sobre el espacio y asi disenar la 
nueva cartografia». ^Acaso piensan ellos que no existen conexiones entre 
las ONG, las academias, los organismos mediaticos, los grupos politicos 
y solidarios y los movimientos tales como los Zapatistas o el Movimento 
dos Sem Terra o las protestas contra la globalization? Hay un enorme fa- 
Uo en el trabajo teorico cuando presupone que las categorias que se criti- 
can no se intersecan, contradicen ni coinciden unas con otras, tal como 
afirman Hardt y Negri con respecto a sus propias visiones «despropor- 
cionadas, parasitas y mestizas» del poder constituyente. 

La interpretation de ambos autores de la politica es tan absoiutista 
como su descalificacion de las ONG. Aseveran que «la fiction trascen- 
dental de la politica ya no se mantiene en pie y carece de utilidad argu- 
mentativa porque todos vivimos totalmente inmersos en la esfera de lo 
social y lo politico*. Esta vision no es sino la consecuencia de creer que la 
globalizacion y la concomitante sociedad de control han vuelto ineficaz 
cualquier accion politica derivada de lo nacional. Sin embargo, los acti- 
vistas que partieron de marcos nacionales son, presumiblemente, tambien 
una parte de esa «multitud» reunida en Seattle, Davos, Praga, Washing- 
ton, Porto Alegre y Genova. Desiegitimar el fundamento del regimen de 
acumulacion propio del capitalismo global constituye sin duda un pro- 
yecto politico significative Una de las principales razones que explica la 
explotacion de los trabajadores fuera de Estados Unidos, Europa y Japon 
(y tambien dentro de esos territorios) es el dominio nada democratico del 
comercio internacional, cuyo caracter jurfdico le es conferido por el Ban- 
co Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organizacion Mundial 



el recurso de la cultura/ 51 



del Comercio y sus predecesores. Este uso injusto de la ley no solo deter- 
mina las condiciones de inversion, production y comercio en los paises en 
desarrollo, sino que ha conducido a un cambio mayor en el valor, que 
paso del trabajo productivo al trabajo mental con el consiguiente benefi- 
cio para los centros de «innovacion» situados, en su mayor parte, en el 
hemisferio norte. La emergencia de la nueva division internacional del 
trabajo (quiza mejor descripta como la intensification de la misma vieja 
division politicamente determinada) se centra en formas laborales de tipo 
mental, inmaterial, afectivo y cultural que, al menos hasta el momento, 
estan lejos de ser la condition de un «comunismo elemental y esponta- 
neo» (Hardt y Negri, 2001). 

Este cambio se halla reforzado por las leyes de propiedad intelectual 
que son criminales, no solamente porque, por ejemplo, en los paises en 
desarrollo los individuos con HIV positivo no pueden acceder a la medi- 
cation debido a los costos exorbitantes de las patentes, sino, de un modo 
mas insidioso, porque socavan la posibilidad de establecer un salario vi- 
tal cuando la produccion toma el modelo de la maquiladora, un modelo 
que la organizacion del trabajo esta adoptando con renovado vigor. La 
«flexibilidad» en el «capitalismo flexible* da cuenta de la envergadura de 
las ganancias en el Norte y de la reduction de salarios en todas partes. En 
algunos capftulos de este libro examino la explotacion del trabajo « in- 
material » (por ejemplo, la «vida» que las poblaciones subalternas apor- 
tan a la clase profesional-gerencial y a los turistas en las ciudades globa- 
les de hoy) y, ademas, la transformation de artistas e intelectuales en los 
gerentes de esa expropiacion, llevada a cabo bajo el disfraz del trabajo 
«centrado en la comunidad». En el capitulo 9 analizo las contradicciones 
que implica el trabajo en red para los proyectos artisticos basados en la 
comunidad, que, en definitiva, aportan valor anadido a los bienes, fo- 
mentan la inversion, etcetera. 

La cultura como recurso se encuentra en el centro de esos procesos, 
pero elio no significa que el asalto del capital a los trabajadores y a quie- 
nes se burlan del «imperio de la ley» sea meramente virtual. Por esta razon 
no es probable que la politica cultural, al menos como se la concibe den- 
tro de la tendencia dominante de los estudios culturales en Estados Uni- 
dos, establezca una diferencia. En el proximo capitulo afirmo, en efecto, 
que la «izquierda cultural* esta en gran medida obligada a llevar a cabo 
ese tipo de politica cultural, como ocurrio en las Uamadas guerras cul- 
turales de las decadas del980yl990. La protection de los recursos cultu- 
rales expropiados por los grandes comp lejos del entretenimiento compor- 
ta no solo la ley, sino tambien el uso de fuerzas policiales y militares, por 
ejemplo, en la lucha contra la pirateria de aquello que en la industria del 
entretenimiento se denomina «el trafico de musica», que se estima excede 
el volumen del narcotrafico (Yudice, 1999b). Desde la perspectiva de la 



52 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



mayoria de las formas concernientes a la polftica cultural, al menos como 
se las entiende en algunas versiones de los estudios culturales estadouni- 
denses, se piensa que subvertir los presupuestos implicitos en los medios 
masivos dominantes como una manera de apropiarselos, constituye una 
opcion viable. Aunque cabe considerar que esta opcion es, ciertamente, 
una forma de resistencia, no resulta eficaz frente a las instituciones que 
producen y distribuyen «contenido». Desde otro punto de vista tambien 
subversivo, cabria imaginar que «el trafico de musica» es un asalto mas 
frontal al capitalismo cultural global, y seguramente lo es. 

Una estrategia de esa indole impulsa, empero, la industria para per- 
feccionar su dominio juridico y militar sobre la gente y sobre los espacios 
donde se Ileva a cabo esta actividad. Ello ya se ha puesto en evidencia en 
el bianco elegido por el gobiemo de Estados Unidos: Ciudad del Este, si- 
tuada en la Triple Frontera de Paraguay, Argentina y Brasil. Se dice que 
en esa ciudad la pirateria, el trafico de drogas y el terrorismo son activi- 
dades conexas que vinculan a los comerciantes locales con guerrilieros y 
narcotraficantes colombianos y con las redes terroristas de Medio Orien- 
te. Generalmente no hay pruebas concretas a ese respecto sino vagas acu- 
saciones, como en el caso de Ali Khalil Mehri, un paraguayo naturaliza- 
do, nacido en el Libano, «inculpado de vender millones de dolares en 
software falso y cuyas ganancias se destinaron supuestamente al grupo 
militante islamico Hezbollah, en el Libano ». Como resultado de los «pre- 
suntos lazos entre los grupos que medran dentro de los 12.000 miembros 
de la comunidad arabe de la ciudad y los ataques del 11 de septiembre», 
una red de vigilancia transnacional ha estado espiando a la comunidad 
(Mazer, 2001 ). Ann Patterson, embajadora de Estados Unidos en Colom- 
bia, alego, de manera similar, que «las Fuerzas Armadas Revolucionarias 
de Colombia (FARC) y Bin Laden comparten la misma hipocresfa moral 
y la misma falta de ideas. Los talibanes afganos no representan el Islam y 
las guerrillas colombianas no buscan la justicia social » (citado en Koll- 
mann, 2001). Las consecuencias de todo ello son la intensification de la 
vigilancia y la militarization en America latina. La retorica y las acusa- 
ciones generadas por las corporaciones transnacionales con respecto a la 
pirateria han servido para adaptar y justificar el uso de fuerzas policiales 
nacionales en defensa de las industrias vinculadas con los derechos de 
propiedad (Yudice, 1999b). 

Luego del 11 de septiembre, semej antes argumentos proporcionan 
mayor legitimidad a la protection corporativa del comercio relacionado 
con los derechos de propiedad intelectual (TRIPS), un giro de los aconte- 
cimientos que ha asestado un duro golpe a las estrategias del movimiento 
antiglobalizacion, cuyo proposito es romper el dominio que detentan el 
Banco Mundial, el Fondo Monetario International, la Organization 
Mundial del Comercio, etc. en la definition y el control del valor. Para ci- 



EL RECURS0 DE LA CULTURA / 53 



tar otra vez a Mazer (2001), «la convergencia de nuestra seguridad eco- 
nomica y de nuestra seguridad nacional se hicieron brutalmente evidentes 
el 11 de septiembre. Las enormes perdidas economicas de las industrias 
estadounidenses de las patentes y los derechos de autor -que causo alar- 
ma entre ellas- se agrava ahora por el trafico de productos relativos a la 
propiedad intelectual, destinados a financiar el terrorismo y otras activi- 
dades delictivas organizadas». Sin embargo, es preciso oponerse a las de- 
sigualdades sociales causadas por la ventaja que se arrogaron los G7 me- 
diante estos custodios del capital corporativo para fomentar la justicia 
global y disminuir el resentimiento de los paises que se lie van la peor parte. 
Aunque el desistimiento de 39 corporaciones farmaceuticas contra Sud- 
africa (que por ley permite la autorizacion obligatoria de medicinas sin el 
consentimiento del titular de la patente y tambien las importaciones para- 
lelas mas baratas que las producidas por la subsidiaria local del fa- 
bricate), y la decision del gobierno brasileno de violar una patente cuyo 
titular es Hoffman la Roche para producir una version generica de una 
proteasa inhibidora, no significan la condena de los TRIPS, aunque «ac- 
cionan con fuerza la palanca en una de las grietas del dique» («Health 
Gap», 2001). Este juicio, emitido por un miembro de ACT UP,* perte- 
neciente a la coalition Health Gap, demuestra asimismo que la institu- 
tionalization de la justicia social como ONG, que de otro modo guber- 
namentaliza la contrapolitica (una critica que hacemos tanto Hardt y Negri 
en Imperio como yo mismo en este libro), fomenta empero redes solida- 
rias que incluyen a los activistas (en este caso, de Brasil, Sudafrica y Esta- 
dos Unidos), a las ONG, a las fundaciones y otras instituciones del tercer 
sector, a funcionarios de gobierno de los paises en desarrollo y a los disi- 
dentes que militan en el llamado movimiento contra la globalization. En 
rigor, la red se ha formado con el proposito de oponerse al avance ha- 
cia el sur del Tratado de Libre Comercio para las Americas, pues contie- 
ne articulos que amenazarian la ley brasilena que estipula la autorizacion 
obligatoria de las drogas genericas (New trade agreement, 2001). 

Para los paises desarrollados, las conversaciones comerciales realiza- 
das en Doha, Quatar, en noviembre de 2001, significaron una victoria 
para los paises en desarrollo, sobre todo en algunas cuestiones; entre 
otras, la exencion de los derechos de patente en favor de la salud publica, 
una «concesion» debida a la necesidad de «granjearse la simpatia de los 
paises pobres a fin de llegar a un acuerdo, lo cual explicaria por que Es- 
tados Unidos estaba dispuesto de entrada a hacer concesiones sobre la 
cuestion de las patentes» (Denny, 2001). Pero tal como aseveran Walden 
Bello y Anuradha Mittal (2001), los paises en desarrollo perdieron no 



* ACT-UP es una organization que se opone al malrrato a los enfermos de sida. [T.] 



54 / el recurso de la cultura 



solo en este punto sino tambien en muchos otros. Aunque no hay nada en 
el acuerdo del TRIPS que impida a los paises en desarrollo pasar por alto 
las patentes cuando esta en juego la salud publica, sus terminos siguen 
siendo los mismos y dejan abierta la posibilidad de futuras recusaciones 
al control de patentes. Mas aun, la Union Europea se las ingenio para 
mantener los subsidios agricolas y Estados Unidos pudo conservar los cu- 
pos en textiles y prendas de vestir. 

«Mera poh'tica» 

La conveniencia [expediency] usada en este sentido se refiere, segun 
el Oxford English Dictionary (1971), a «lo meramente politico (sobre 
todo con respecto al propio interes) que descuida lo que es justo o bue- 
no». Me gustarfa modificar esta acepcion de conveniencia, pues entrana 
la idea de un bien que existe fuera del juego de intereses. La interpreta- 
cion performativa de la conveniencia del recurso de la cultura se centra, 
por el contrario, en las estrategias implicitas en cualquier invocation de 
cultura, en cualquier invention de la tradition tocante a alguna meta o 
proposito. El hecho de que haya una finalidad es lo que permite hablar de 
la cultura como recurso. Por ejemplo, la polemica sobre Rigoberta Men- 
chu (1984) referente a la presunta exageracion, e incluso en algunos ca- 
sos la fabrication, de los acontecimientos narrados en su testimonio, se 
nutre del papel productivo desempefiado por la cultura. Aquellos que, 
como David Stoll, aducen que tergiverso la verdad para sus propios fines 
y su propio beneficio, consideran su testimonio como un recurso en el 
sentido negativo del termino. Para Stoll (1999), Menchu no ejemplifica 
los valores de su cultura. Quienes la defienden, como John Beverley, ar- 
gumentan que altera los hechos para que su narrativa se vuelva mas im- 
periosa y asi resulte mas persuasiva en cuanto a atraer la atencion sobre 
las vicisitudes de su pueblo. En ambos casos, sin embargo, se esta efec- 
tuando un calculo interesado; y en ambas instancias se invoca la cultura 
como un recurso para determinar el valor de una action, en este caso un 
acto de habla, un testimonio, 

Algunos lectores podrian suponer que mi brevfsimo resumen del 
caso de Rigoberta Menchu conlleva una vision negativa de la instrumen- 
talizacion de la cultura, como si la verdad rondara en alguna parte entre 
las diversas interpretaciones, ataques y contrataques. A mi criterio, es im- 
posible no acudir a la cultura como recurso. Por lo tanto, el analisis cul- 
tural implica necesariamente una toma de posicion, aun en aquellos casos 
en que el escritor busca objetividad o trascendencia. Pero esa posicion no 
necesita ser normativa, esto es, basada en lo correcto y lo erroneo. Fou- 
cault rechazo ese tipo de moralismo en la ultima fase de su obra, postu- 



EL RECURSO DE LA CULTURA / 55 



lando en cambio una etica fundada en la practica. La etica, dice Foucault, 
no entrana un fundamento teleologico, tal como habitualmente se le atri- 
buye al utilitarismo. Su nocion de souci de sot [cuidado de si mismo] su- 
braya el papel activo desempenado por el sujeto en el propio proceso de 
constitution. Existe compatibilidad entre la nocion del cuidado de si y la 
performatividad, pues la etica de Foucault comporta una practica reflexi- 
va del automanejo frente a los modelos (o a lo que Bajtin denomino •vo- 
ces* y «perspectivas») impuesta por una sociedad o una formacion cul- 
tural dada. La idea de autor de Bajtin puede servir como prototipo de la 
etica performativa de Foucault, dado que el autor es una orquestacion de 
otras «voces», una apropiacion que consiste en «poblar esas "voces" con 
sus propias intenciones, con su propio acento» (Bajtin, 1981). Quien 
practica el cuidado del si debe tambien forjar su iibertad trabajando me- 
diante los «modelos que el autor encuentra en su cultura y que le son pro- 
puestos, sugeridos, impuestos por su cultura, su sociedad y su grupo so- 
cial- (Foucault, 1997a). , 

En el proximo capi'tulo, complemento de este, exphco la idea de fuer- 
za performativa, entendida como los condicionamientos, exacciones y 
presiones ejercidos por el campo multidimensional de lo social y por las 
relaciones institucionales. Si en el presente capi'tulo me he ocupado de la 
nocion de cultura como recurso en lmeas generates, en el siguiente postu- 
lo que las luchas especfficas en torno a este recurso toman diferentes for- 
mas que dependen de la sociedad -o el campo de fuerza- en que operan. 



2. LOS IMPERATIVOS SOCIALES DE LA PERFORMATIVIDAD 



La risa complice 

En septiembre de 1989, fui sorprendido por mi publico, un grupo de 
graduados y profesores brasilenos, durante el debate que siguio a una 
de mis conferencias sobre estudios cuiturales estadounidenses, en Rio de 
Janeiro. En esa ocasion, habia elegido ilustrar las criticas a las represen- 
taciones que subrayaban la raza y el genero, analizando «A Cyborg 
Manifesto» de Donna Haraway y un video de una conferencia suya de 
1988, titulada «Monos, aliemgenas, cyborgs y mujeres: la intersection 
del discurso colonial y la teona feminista», incorporada luego en algu- 
nos de sus libros, especialmente en Primate Visions (1989b; vease tam- 
bien 1991, 1997). Segun la premisa basica de la conferencia de Haraway, 
ilustrada con diapositivas, los progresos de la ciencia -sea la primatolo- 
gia, la inmunologia, la virtualidad y la exploration del espacio-, tal como 
se los describe en las revistas de divulgation cientifica (por ejemplo, la 
National Geographic) y en los anuncios de las publicaciones profesiona- 
les, invocaban constantemente la pregunta sobre «lo que cuenta como 
naturaleza» y la respondfan rearticulando un conjunto de mitos y narra- 
tivas alusivos a la raza y ai sexo, generados en las sociedades colonizado- 
ras como parte de su explication del mundo. Esas representaciones, de 
acuerdo con Haraway, se derrumban y repliegan unas en otras lo textual, 
lo tecnico, lo mitico, lo organico y lo imaginario. Los giros y desvlos re- 
sultantes de la innovation academica, cientifica y tecnologica habfan pro- 
ducido nuevas y curiosas representaciones que, no obstante, repetian viejos 
mitos y narrativas tales como la creacion del mundo y los primeros con- 
tactos. En un artfculo, por ejemplo, se toman imagenes arqueologicas de 
la primer a familia nuclear (de tez oscura e indudablemente parecida a los 
animales) dando sus primeros pasos en la ceniza volcanica y se adaptan 
para representar la primer a caminata en la Luna, repitiendo absurda- 
mente la historia de Adan y Eva. 

Como se pondra de manifiesto, este absurdo y racializado eco his- 
torico entre el antes y el despues fueron factores significativos en la reac- 
cion del publico de Haraway, que describire a continuacion. Cabe se- 
nalar que este capitulo extiende el argumento sobre la conveniencia, 



58 / EL RECURSO D£ la cultura 



demostrando como es condicionada por el contexto; distintas recepcio- 
nes del trabajo cultural estan condicionadas por las expectativas, que a 
su vez responden a distintos entramados o campos de fuerzas performa- 
tivas. De ah! la importancia que le doy al publico de Haraway para ilus- 
trar esta tesis. 

Los nuevos progresos cientfficos y culturales produjeron situaciones 
en las cuales, bajo ciertas circunstancias, la mujer podia fungir como re- 
presentacion del hombre y el animal como representacion de la huma- 
nidad. Haraway ilustro esta proposicion mostrando la imagen de una 
mano de pellejo oscuro (perteneciente a un gorila} sosteniendo la mano 
blanca (de «Jane») (1989b). Al reproducir la narrativa del primer con- 
tacto, esta fotograffa -procedente de un anuncio del Natural History 
Magazine titulado «El comprender lo es todo»- tiene por leyenda un tex- 
to que incluye la siguiente oracion: «En un gesto espontaneo de confian- 
za, un chimpance de las regiones salvajes de Tanzania envuelve con su 
mano de cuero la de Jane Goodwill, una recompensa suficiente para los 
muchos anos de paciente dedicacion de la doctora Goodwills Esta rear- 
ticulacion de la representacion del primer contacto se llevo a cabo, iro- 
nicamente segun la glosa de Haraway, justo cuando los pafses africanos 
atravesaban un proceso de descolonizacion: a medida que esas naciones 
«dependientes» se encaminaban a la soberama, se iban generando nue- 
vas imagenes de la creacion y el contacto en el campo cientffico y en el 
campo de la historia natural. Ese volver a rememorar el origen valiendo- 
se de la historia primigenia de «la mujer blanca entre los monos en la 
jungla», o sea Jane Goodwill -transformada por Haraway en la «Jane» 
de la historia de Tarzan, usufructuando los documentales y re porta jes 
donde se la llama por su nombre de pila- provoco una explosion de hi- 
laridad en el publico. 

En rigor, Haraway utilizo algunas (in)felices coincidencias para sa- 
car a luz un numero de mitos y relatos fundacionales rearticulados en las 
representaciones que estabamos viendo. La referenda a Goodall como 
Jane ciertamente trajo a la memoria Tarzan de los monos, y en Primate 
Visions esa conexion se halla efectivamente reforzada por una reproduc- 
cion de la fotograffa de la feliz familia: Tarzan, Jane, Boy y Cheetah 
(1989b). La autentica historia de Jane Goodall se desvanecio en la decli- 
nante jerarqufa de la familia nuclear, pero como aclaro en broma Hara- 
way, ella no iba a ocuparse de la «verdadera» Jane (al pronunciar ese 
nombre flexiono el mdice y el dedo medio de cada mano para salpimen- 
tar sus palabras con un toque de posmodernidad), sino de sus represen- 
taciones (1989). 

Sin embargo, invoco a la verdadera Jane interpretando una fotogra- 
fia de su bebe (Binty) abrazado por Princess, un bebe orangutan. El pu- 
blico estallo en carcajadas al referirse Haraway con ironia al caracter de 



LOS IMPERATIVOS SOCIALES DE LA PERF0RMAT1VI0AD / 59 



constructo tanto de la «cultura» como de la «civilizacion», cuando el ser 
humano y el animal intercambiaban los papeles ensenandose mutuamen- 
te lo que se supone es la provincia del otro: «El bebe humano aprendio el 
lenguaje del orangutan, que a su vez aprendio a comportarse de manera 
salvaje partiendo de las ensenanzas de la madre de Binty*. 1 La ironia se 
basaba en el trabajo de Goodwill, quien enseno a primates criados en un 
zoologico a ser salvajes a fin de poder volver a la (dedos flexionados en el 
gesto de entrecomillar) «naturaleza». 

Otro momento en que Haraway, con el sentido de la oportunidad y 
la desenvoltura de un comediante, provoco aplausos entusiastas, fue 
cuando comento que un chimpance astronauta llamado HAM, «el pri- 
mer estadounidense en viajar al espacio exterior* , no era sino una refe- 
renda al «hijo menor de Noe, el unico negro de la prole*. Luego de ad- 
mitir que habfa confundido a su publico -el feliz hallazgo era demasiado 
bueno para dejarlo pasar-, explico que HAM era el acronimo de la base 
Aero-Medica Holloman, «la institucion poiitico-militar que lo lanzo al 
espacio*. Conectado a dispositivos telemetricos que monitoreaban sus 
funciones corporales y convertido asi en un cyborg, HAM -escribe Hara- 
way- constituye un «suplente del "hombre"*. 

Segun la autora, todas estas imagenes eran emblematicas del «trafi- 
co entre la naturaleza y la cultura, representado en la interseccion de la 
descolonizacion, el cuestionamiento internacional de la raza y el genero, 
el capitalismo multinacional y la maquinaria de la produccion corporal, 
todo dentro de la conciencia posmoderna* (1988). La raza y el genero 
son, por cierto, claves para la modernidad y la posmodernidad, es decir 
para las construcciones modernistas de progreso, primitivismo y auto- 
conciencia, y para el reconocimiento posmoderno del caracter construido 
y manipulable de nuestras categonas cognitivas. Haraway, empero, es ra- 
pida para valerse de la ironia por asociacion y por sinecdoque, sin histo- 
rizar suficientemente los conceptos que us a, tal como sefiala Michael 
Schudson (1997) en una incisiva cntica de otro ensayo, «El patriarcado 
del oso Teddy*, incluido en Primate Visions (1989b). Ella conffa en sus 
dedos mdice y mayor, flexionados en el gesto de entrecomillar, para ha- 
cer el trabajo que le correspondent a la historizacion, como ocurre de 
un modo que se presta a discusion en sus glosas sobre la «vida» de Jane 
Goodall. 

Pero a los efectos de mi argumento, estoy menos interesado en sus 
persuasivas estrategias (o flexion posmoderna de dedos) que en lo que me 
gustaria caracterizar como la ironia ritual de esta cuasi desconstruccion 



1. La imagen y ia discusion correspondiente no aparecen en ninguno de los tres iibros raen- 
cionados aqm. Vease, sin embargo, Haraway (1989a). 



60 / EL REOJRS0 DE LA CULTURA 



de las imagenes presentadas a su publico. Una ironia que cristaliza y co- 
rrobora el pacto entre el orador y el oyente, el escritor y el lector, el actor 
y su publico. Se induce a las personas con las cuales se establece o puede 
establecerse el pacto (el publico implicado) a refrse de quienes (el otro, el 
publico elegido como bianco) son proyectados en la position opuesta de 
racistas, sexistas, homofobos, colonialistas y civilizacionistas cuyos pre- 
supuestos se hallan sujetos a desconstruccion. Hay entonces al menos dos 
publicos: el implicito/complice que se rie y el sometido a la burla. Es esta 
la dinamica que me gustaria explorar, insertando la conferencia de Hara- 
way en el contexto mas amplio de las llamadas guerras culturales de las 
decadas de 1980 y 1990. 

Antes de profundizar en esa correlation, deseo senalar que mi publi- 
co en Rio de Janeiro no fue ni complice ni el bianco de la cntica; por con- 
siguiente, no comprendieron las carcajadas. La principal intervention 
politico-teorica de Haraway, «A Cyborg Manifesto» (1991, pag. 149-81), 
deja en claro que, pese a las referencias al colonialismo, al imperialismo, 
al Tercer Mundo y a la gente de color, los publicos imaginados y elegidos 
que supone su discurso se circunscriben a Estados Unidos. Asf pues, es 
bastante comprensible que algunos integrantes de mi publico me pregun- 
tasen por que se reian los oyentes de Haraway. Durante ese viaje di mi 
charla y mostre su video en otras universidades y la reaccion fue siempre 
la misma: los brasilenos no solo no se reian en la conferencia, sino que se 
mostraban perplejos ante la reaccion del publico estadounidense. La di- 
ferencia en la respuesta no es atribuible, ciertamente, a la incapacidad 
para comprender el ingles, pues se sabfa de antemano que parte de mi char- 
la serfa en ese idioma. Mas aun, mis preguntas al publico sobre este 
punto corroboraron que el problema no era linguistico per se. Y todavia 
es menos atribuible a la faita de sentido del humor por parte de los brasi- 
lenos, pues por el contrario en esa tierra del carnaval las burlas abundan. 

Mi explication depende de la idea de performatividad, de los pactos 
interaccionales, de los marcos conceptuales interpretativos, de los con- 
dicionamientos institucionales del comportamiento y, sobre todo, de la 
production de conocimiento. Luego de haber meditado durante ahos en 
esa diferencia en la reception, estoy cada vez mas convencido de que ello 
tiene que ver con la fuerza de performatividad, entendida y experimenta- 
da de manera diferente en sociedades diferentes. La diferencia no es 
atribuible al «caracter nacional», una lente interpretativa muy comun en 
America latina desde la decada de 1930 hasta la de 1950, como se puso 
de manifiesto en la obra del argentino Ezequiel Martinez Estrada (1933), 
del brasileno Gilberto Freyre (1933), del cubano Fernando Ortiz (1940) 
y de los mexicanos Samuel Ramos (1934) y Octavio Paz (1950). Se rela- 
ciona, mas bien, con un campo de fuerza diferente generado por relacio- 
nes ordenadas diversamente entre las instituciones estatales y la sociedad 



LOS IMPERAUV0S S0CIALES OE LA PERFORMATIVIDAD / 61 



civil, la magistratura, la policia, las escuelas y universidades, los medios 
masivos, los mercados de consumo, etc. Tomando en cuenta que estas ins- 
tituciones tienen un alcance nacional, los campos de fuerza son ensambla- 
jes sinergicos especificos de los vectores constituyentes. Por cierto, no hay 
un solo estilo performativo, y mucho menos un estilo performativo nacio- 
nal. No obstante, puede decirse que el entorno nacional esta constituido 
por diferencias que recorren la total idad de su espacio. Intentare describir 
estas diferencias porque son constitutivas de la manera como se invoca y 
se practica la cultura, la protagonista de este libro, en sociedades especifi- 
cas, aunque parezca que el mismo proceso se aplica mundialmente. Si bien 
la notion de diferencia cultural posee, por ejemplo, vigencia mundial en 
cuanto a exigir respeto, inclusion, participation y ciudadania, tiene una 
absorcion o receptividad diferente en sociedades diferentes. Las fundacio- 
nes internacionales, las ONG y las instituciones intergubernamentales 
como la UNESCO proporcionan indudablemente uno de los vectores den- 
tro de los campos de fuerza que poseen las diferentes sociedades, pero 
como se ejerce el mandato para atender a la diferencia sera, en definitiva, 
encauzado en relacion con el campo de fuerza total, con las diversas insti- 
tuciones y actores y con la forma en que ellos se posicionan en ese campo, 
que a pesar de la globalization continua siendo nacional. 

A continuation, paso de la breve referencia a la relacion de Haraway 
con su publico a las guerras culturales que constituyen el contexto donde 
exploro la performatividad en Estados Unidos. Luego considero como po- 
dria concebirse la performatividad en algunos contextos latinoamericanos 
para destacar las diferencias existentes entre ellos y con Estados Unidos. 
Por ultimo, analizo la relacion de performatividad con el despliegue de la 
cultura como una solution a los problemas que surgen en los ejemplos re- 
sehados. Los capituios subsiguientes son elaboraciones de lo que presento 
aqui y en el capitulo anterior sobre la conveniencia de la cultura. 

La performatividad y las guerras culturales 

La conferencia de Haraway y sus escritos manifiestan, por un lado, 
un incesante desvelamiento de las normas racistas, sexistas y homofobi- 
cas que sustentan las representaciones del progreso social y cognitivo, y 
por el otro, la defensa de las identidades y ordenamientos que se burlan 
de la normatividad o la soslayan. De ahi su interes en el cyborg y en el 
queer tanto en el sentido sexual cuanto general de la palabra. 2 Como ya 



2. La polftica queer surge en Estados Unidos en parte como el rechazo a la acomodacion 
del movimiento gay a la poh'tica de representation modelada en las reivindicaciones de los grupos 



62 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



sugeri, su publico es en gran medida complice de estas opiniones y valo- 
res. Su obra, junto con la de muchos otros «izquierdistas culturales», 3 re- 
presenta un anatema para los conservadores (y para un buen numero de 
liberales). Me gustana senalar, en rigor, los aspectos de este tipo de obras 
que son performativos de la guerra cultural. Aunque la mayorfa del pue- 
blo estadounidense no participo en las guerras culturales, estas se repre- 
sentaron y llevaron a cabo en foros muy visibles y sonoros. Sostengo que 
las guerras culturales realizan una fantasia nacional, razon por la cual el 
debate nacional fue estructurado en torno a la separation entre las posi- 
ciones radicalmente normativas y no norma tivas, representadas del mo do 
mas cons pic uo durante las controversias de el NEA sobre el financia- 



etnicos minoritarios. La representarividad gay implica la aceptacion de una identidad apoyada 
en ciertos criterios normativos -por ejemplo, blancos de clase media que tienen relaciones se- 
xuales con gente del mismo genero- y la acomodacion a una imagen pubhcitaria -por ejemplo, 
perfectos consumidores- que confunde la esfera piiblica con el consumismo. La etica queer -que 
quiere decir «extrark>» o «raro»- se resiste a esa normatividad y no se limita al comportamien- 
to homosexual sino que implica una desconstruccion del binarismo hetero- frente a homosexual, 
sin caer en otra categoria estable bisexual (vease Warner, 1993). 

3. Empieo el termino «izquierdista cultural" para quienes adhieren a la justicia social con 
respecto a una variedad de grupos «minorizados». Esta definition, menos que adecuada, se ex- 
tiende a quienes creen que es posible lograr la justicia social por medios culturales, sobre todo a 
traves de la critica a las representaciones parciales fundadas en los presupuestos normativos del 
statu quo. Mucho de lo escrito por Haraway entraria dentro de esta definition. A semejanza de 
otros terminos poli'ticos vigentes en la actualidad, no existe una gran coherencia entre aquellos 
a quienes se les aplica el rotulo. No hay termino satisfactorio para referirse a las posiciones ocu- 
padas en el espectro politico, en buena parte porque los poli'ticos no solo son definidos por las 
instancias ideologicas relacionadas con cuestiones economicas y centradas en la clase, sino por- 
que se hallan sumergidos en la problematica mas escurridiza de la identidad y la cultura. Era da- 
ble esperar que un «izquierdista» en la decada de 1960 se inclinase por el Estado benefactor o 
fuese anticapitalista, antiimperialista, defensor de las luchas obreras y antirracista segun los ter- 
minos generados por el movimiento de los derechos civiles. Pero la liberacion femenina, las po- 
siciones nacionalistas entre los grupos etnorraciales minoritarios, el activismo en la liberacion de 
lesbianas y gays cortan trans versalmente esa conception de «izquierdista», de modo tal que no 
es necesariamente predecible que un activists gay sea tambien antirracista o anticapitalista, pese 
a la presunta generalization de las luchas de las minorias. Todd Gitlin (1995), por ejemplo, afir- 
ma que estos «particularismos»han dividido la izquierda: «Se ha llegado a identificar [...] la iz- 
qmerdacon las necesidades especificas de culturas distintivas e identidades seleccionadas». Aun- 
que Gitlin no atribuye esta fragmentation politica solamente a la «izquierda cultural" (los 
conservadores y suprematistas blancos son tambien grupos de «identidad»), si la atribuye a la 
vertiente progresista de esas posiciones, caracteristica del multiculturaiismo. Si bien no coincido 
con la postura de Gitlin, reconozco que aun no se ha formulado debidamente la position «iz- 
quierdista» con respecto a ia justicia social en la epoca posterior a la Guerra Fria. El Uamado 
movimiento antiglobalizacion, que se initio en Seattle en 1999, por ejemplo, no es sino una co- 
leccion de posiciones dispares que abarca la preservation del medio ambiente, la reduction de la 
deuda del Tercer Mundo, el anticapitalismo, el sindicalismo e incluso el patrioterismo nationa- 
lists (por ejemplo Pat Buchanan, quien organizo una reunion contra la globalization en Was- 
hington, en abril de 2000). 



LOS IMPERATTVOS SOCIALES DE LA PERFORM ATIVIDAD / 63 



miento de las artes, a fines de las decadas de 1980 y 1990 y en las cuales 
los artistas del espectaculo -y la performatividad misma- desempenaron 
un papel protagonico. El uso del termino « fantasia » no significa quitar 
importancia a las posiciones «progresistas»en una lucha autenticamente 
real, aunque poderosamente proyectiva (en un sentido psicoanalitico) en 
todos sus aspectos. La critica a la obligatoriedad de las normas, tal como 
aparece en la obra de Haraway, no es solamente analitica; de hecho, es 
con frecuencia mas performativa que analitica en la medida en que el cri- 
tico evoca las normas que presumiblemente subyacen en el discurso de los 
otros. Uno comienza a asumir que estas normas son operativas en todas 
partes. 

La prensa y los medios masivos induaan a pensar que el pais entero 
se habia polarizado. Sin embargo, basandose en el analisis de los datos 
acumulados durante veinte anos y extraidos del General Social Survey y 
del National Election Survey, Paul DiMaggio (2001) y sus colegas descu- 
brieron que, salvo la division producida en torno al aborto, no hay prue- 
bas para pensar que las opiniones de los «americanos» sobre cuestiones 
sociales se hayan vuelto mas «extremistas». 4 Encontraron que los Ame- 
ricanos* se habian polarizado en muchas cuestiones, pero que esa polari- 
zation no superaba la acontecida desde 1972 hasta 1993. Ademas, «a 
partir de la decada de 1970, el publico se ha vuelto mas unificado en las 
actitudes hacia la raza, el genero y el delito», lo cual refleja en buena me- 
dida los puntos de vista liberales sobre la raza y el genero y una lfnea mas 
dura y conservadora en lo refe rente al delito. Estos investigadores descu- 
brieron asimismo que la segunda definicion de polarization, las diferen- 
cias entre los grupos (blancos y negros, republicanos y democratas, h om- 
bres y mujeres), no se habfa incrementado. Ademas, se habia reducido la 
brecha generacional caracteristica de la decada de 1960; las personas ma- 
yores de 45 anos y los menores de 35 no sustentaban opiniones significa- 
tivamente divergentes. Hombres y mujeres teman opiniones similares con 



4. Si bien me opongo a definir a los ciudadanos estadounidenses como «americanos» 
{pues la apelacion significa expropiar, por parte de Estados Unidos, el nombre de todo un conti- 
nente que en rigor se aplica tambien a otros paises), pienso que es analiticamente relevante trans- 
mitir el sentido en que los individuos, incluidos los interpretes sociales, se valen de categorias 
para referirse a sus objetos discursivos y a ellos mismos. Que los ciudadanos estadounidenses se 
refieran a si mismos como «americanos» demuestra, o bien el olvido de la controversia hemisfe- 
rica suscitada por esa arrogacion, o bien, de un modo mas significativo, la creencia consciente de 
que dicha controversia se gano y que ellos son los unicos que pueden usar ese nombre, en virtud 
de la legitimidad conferida por el poder, para expresar la creencia de que «nosotros» somos el 
bastion de la libertad, la justicia y el futuro del mundo. Sobre este tema, veanse Fernandez Re- 
tamar (1976), Hanchard (1990) y Saldivar (1995). El recurso de la administration Bush al Cre- 
do Americano tradicionai durante la guerra en Afganistan, pese a darle un giro mas moderno y 
multicultural, es otra expresion de esta arrogacion. 



64 / EL RECURSO DE LA OJLTURA 



respecto al delito y a la education sexual. Los blancos eran menos abier- 
tamente antirracistas y los negros, con el surgimiento de una considerable 
clase media de color, albergaban ideas mas heterogeneas. Los religiosos 
conservadores y los religiosos liberates «se han vuelto mas parecidos en 
sus actitudes hacia el aborto, el papel de los generos, la moral sexual, la 
raza, la education sexual y el divorcio». La ultima convergencia se debe 
al mayor nivel de instruction entre los religiosos conservadores, especial- 
mente los evangelistas. Solo las personas que se identificaban profunda- 
mente con los republicanos o con los democratas mostraban un aumento 
en la divergencia de opinion. Partiendo de estos datos, DiMaggio formu- 
16 la pregunta rectora de su investigation: «^C6mo es posible que nuestra 
politica publica este mas polarizado si nuestras actitudes y opiniones pri- 
vadas se han vuelto mas unidas?». Al evaluar la disyuncion entre esas po- 
liticas y esas actitudes, DiMaggio desestimo dos «falacias cronicas»: la 
del cambio (suponer que todo acontecimiento politico notable es una ten- 
dencia y no una interruption transitoria) y la del muestreo proportional 
(el supuesto de que «los conflictos publicos reflejan las divisiones en el 
ambito privado en una proportion fija»). Con respecto a la ultima fala- 
cia, DiMaggio afirmo que las minorias reclamantes pueden «eclipsar [...] 
a las mayor fas reticentes, e incluso parecer mas numerosas que estas». De 
ahf el trabajo de proyeccion. 

DiMaggio considero si ademas de las actitudes habfan cambiado otras 
cosas y dio con la hipotesis de que existe una divergencia en lo que es fac- 
ticamente cierto: por ejemplo, la disparidad de opiniones entre blancos y 
negros con respecto a los origenes de la epidemia del sida. Descubrio, sin 
embargo, que habia muy pocas controversias arti'sticas -el epitome de las 
guerras culturales- semejantes a las suscitadas por Mapplethorpe, Serra- 
no o «Los cuatro» de el NEA. 5 Aunque los valor es «americanos» pueden 
estar polarizados, los investigadores no deben suponer simplemente que 
los valores se traducen en creencias compartimentadas, pues la gente, 
afirma DiMaggio, es, por el contrario, mucho mas compleja. Lo que ca- 
racteriza la sociedad «americana» es el creciente deseo, por parte de los 
grupos que militan en movimientos sociales y de los organizadores potiti- 
cos, de «ganar adeptos no solo cambiando las actitudes de la gente, sino 
tambien cambiando la prominentia politica de las diversas identidades so- 
ciales ». La absorcion institutional de las actitudes les confiere visibilidad: 
«las actitudes importan mas cuando se convierten en el fundamento para 

5. El senador estadounidense Jesse Helms y otros conservadores se opusieron a que cuatro 
artistas -John Fleck, Holly Hughes, Tim Miller y Karen Finley- que habian recibido financia- 
mientos del Fondo Nacional para las Artes (NEA) siguieran recibiendolos. Ello se debio a que 
estos polfticos veian obscenidad en sus obras, la mayoria de las cuales tenia tematica homose- 
xual. 



LOS IMPERATIVOS SOCIALES DE LA PERFORM ATIVIDAD / 65 



organizar a la gente en grupos controvertidos». Los cambios mediaticos 
acaecidos desde la decada de 1980 hasta la de 1990, que inclman opi- 
niones mas conservadoras [...] en el debate publico » -o mayores posibili- 
dades para los conservadores-, llevaron a creer en la existencia de divisio- 
nes sociales exacerbadas. Otro factor que produjo la impresion de una 
polarization tajante fue la manera como los republicanos usaron las cues- 
tiones culturales para ganar notoriedad, de mo do que «la politica de la mo- 
ral configuro cada vez mas la identification con el partido de los evange- 
listas blancos y tambien con la tinea principal de los protestantes, en la 
decada de 1980». 

La explication que da DiMaggio de la polarization depende, pues, 
de la estrategia de los republicanos para articular un marco retorico den- 
tro del cual sea posible«persuadir a los estadounidenses de aceptar sus 
opiniones sobre cuestiones sociales [no consideradas individualmente 
sino] unificadas en un marco narrativo convincente». La guerra de la cul- 
tura no es sino ese marco conceptual. Oponiendose a quienes {en su ma- 
yona presumiblemente situados a la izquierda) piensan que las guerras 
culturales son impulsadas por las diferencias de clase y de raza, DiMag- 
gio sefiala que el marco ideologico constituye el medio para fusionar «te- 
mas tan dispares como la education sexual, el abandono de la familia, el 
aborto, los subsidios del gobierno para las artes y el control armamentis- 
ta, en un terreno politico coherente y transitable (aunque se omitan y, por 
tanto, se les conceda menos prominencia politica a cuestiones tales como 
la desigualdad economica, la discrimination racial o ia reforma de las 
campaiias electorales referentes al financiamiento)». Esto se parece a la 
notion gramsciana de hegemoma y, de hecho, algunos de los conservado- 
res aludidos por DiMaggio invocaron autenticamente el concepto. En 
otras palabras, los conservadores captaron con rapidez la persuasion re- 
torica de la politica de la identidad y la encauzaron en una direction mas 
traditional. 

De acuerdo con la premisa de este apartado, las controversias sobre 
el financiamiento de las artes y, de modo mas general, las guerras de la 
cultura en las cuales contextualizo la receptividad del publico de Hara- 
way segun la describi anteriormente, ponen de manifiesto un estilo de 
relaciones sociales espeaficamente estadounidense al que denomino «fuer- 
za performativa». «Los cuatro» del NEA, el senador Helms y otros mu- 
chos actores se vieron atrapados en una representation publica de decla- 
rations sobre costumbres y valores sociales; una situation en que los 
oponentes podian, sin mayores dificultades, «oprimir los botones correc- 
ted y enloquecer a la parte contraria. Sea en Boston (donde la polemica 
exposition de Mapplethorpe se llevo a cabo en el Instituto de Arte Con- 
temporaneo), en Washington (donde fue cancelada en la galena Corco- 
ran), en Cincinatti (donde el director del Centro de Arte Contemporaneo 



66 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



fue arrestado por exhibirla nuevamente), en Minneapolis (donde Ron At- 
hey, un artista de la «escarificacion» enfermo de sida genero una contro- 
versia similar) o en California del Sur (donde el proyecto performativo 
Art Rebate/Arte Keembolso enfurecio a conservadores y nativos xenofo- 
bos, cuando un grupo de artistas repartio, en el lado mexicano de la fron- 
tera, billetes de diez dolares a obreros indocumentados para compensar- 
los por la falta de asistencia sanitaria y de otros beneficios sociales), el 
choque entre los izquierdistas y los conservadores culturales alimento 
una fantasia nacional que duro varios atios. 

La performatividad se basa en la suposicion de que el mantenimien- 
to del statu quo, es deck, la reproduccion de las jerarquias sociales reiati- 
vas a la raza, al genero y a la sexualidad se logra mediante la repeticion 
de normas performativas. Ensayamos diariamente los rituales de la con- 
formidad a traves de la vestimenta, el gesto, la mirada y la interaccion 
verbal dentro del ambito del lugar de trabajo, la escuela, la iglesia, la ofi- 
cina de gobierno. Pero la repeticion nunca es exacta; los individuos, es- 
pecialmente aquellos que albergan el deseo de desidentificar o «transgre- 
dir», no fracasan en repetir sino que «fracasan en repetir fielmente». 
Segun afirma Judith Butler (1993), es precisamente este fracaso el que im- 
pulsa a los individuos a compensarlo, representando una y otra vez los 
modelos sancionados por la sociedad. Puesto que nadie puede encarnar 
plenamente el modelo, hay siempre un paralaje o discrepancia del que se 
puede sacar ventaja -jugando con el, dramatizandolo, exagerandolo- 
como un medio para afirmar nuestra voluntad, o en terminos de Butler, 
nuestra «agencia». 

Desde la aparicion de la teoria de la performatividad -basada, en 
gran medida, en las elaboraciones derridianas de Judith Butler (1990 
1993) y Eve Kosofsky Sedgwick (1990, 1992) sobre la descripcion de 
J. L. Austin del acto performativo de habla (por ejemplo, el «sf, quiero» 
en una ceremonia matrimonial)-, la performatividad fue generalmente 
caracterizada como un acto que «produce lo que nombra» y, en el proce- 
so, efectua una exclusion obligatoria (Butler, 1993). Aquellos a quienes se 
Ies impone atestiguar con su presencia la representation de normas de obli- 
gatoriedad, especialmente si esas normas invalidan lo que ellos son (o, me- 
jor, lo que ellos bacen), a menudo responden con el silencio, la parodia, 
el desvio e incluso la resistencia. Parker y Sedgwick (1995) dan ejemplos 
de homosexuales que no concurren a bodas de familiares y amigos por- 
que el estar meramente presentes sin hablar contra el acto («habie ahora 
o calle para siempre») constituye una negation de sf mismos. «E1 acto 
discursivo simple, negativo, potente pero no discrecional de nuestra pre- 
sencia ffsica -quiza incluso y especialmente la presencia de aquellos para 
quienes la institution del matrimonio se define por exclusion- [...] ratifi- 
ca e incrementa la legitimidad de su privilegio». Este enfoque de la per- 



LOS IMPERATIVOS SOCIALES DE LA PERFORMATIVIDAD / 67 



formatividad resulta capital para entender los mandatos relativos a la 
identification (en Estados Unidos, en torno a las categorias de raza, ge- 
nero y sexualidad), y en rigor hay una gran cantidad de trabajos sobre 
identidades «alternativas». 

En el contexto de Estados Unidos, es harto evidente que esas «al- 
ternativas» llevan su propia fuerza performativa, que es considerable y 
se basa en normas de larga data construidas historicamente. Las alter- 
nativas han sido incorporadas en una variedad de mecanismos guber- 
namentales (en sentido foucaultiano) que aportan la obligatoriedad de 
representarlas (como latinos, afronorteamericanos, gays, etc.). En efecto, 
estas alternativas generalmente forman parte de practicas de contralor 
oficiales e informales. Como lo explicare luego, desde las luchas por los 
derechos civiles en las decadas de 1950 y 1960, la interpelacion a la cual 
se refieren Parker y Sedgwick se ha coordinado considerablemente en 
torno a las identidades. Y estas han sido apuntaladas por las institucio- 
nes estatales, los medios masivos y las proyecciones del mercado que 
dan forma, respectivamente, a clientes y consumidores, Mas aun, en la 
medida en que la ley y las instituciones legales conciben o extienden de- 
rechos a esas identidades, se apiican «presupuestos coherentistas» que 
ejercen una poderosa fuerza en el perfil demografico. Por otra parte, 
cuando el discurso sobre los derechos se centra en la identidad, les es 
mas difitil a los «grupos que se distinguen por tener caracteristicas teo- 
ricamente mutables -las personas obesas, por ejemplo- hacer reclamos 
antidiscriminatorios (<ipor que no se limitan a bajar de peso?)» (Halley, 
2000, pag. 66). 

Otro rasgo del imperativo performativo de identificar consiste en 
que no solamente proviene de la cupula (el Estado, las corporaciones, las 
sociedades filantropicas), sino tambien de grupos dedicados a la defensa 
de individuos que se interpretan como minorias, e incluso de los propios 
miembros de esas minorias. Consideremos los programas de posgrado en 
estudios etnicos, en los cuales se supone que los peticionarios expresan o 
suscriben alternativas coherentes con respecto a las normas obligatorias 
de la sociedad en general. Las expectativas de que los candidatos que se- 
ran admitidos en los programas encarnen o ratifiquen estas alternati- 
vas, indican ironicamente que la fuerza performativa o el mandato de ac- 
tuar o desviarse es igualmente operativo tambien en estas esferas. Ello no 
quiere decir que los aspirantes a esos programas necesariamente «crean 
en su identidad de una manera que los criticos desdefian» (Patton, 
1995). Esta fisura en la credibilidad abre un espacio para la controver- 
sia, la maniobra, la negociacion. Cuando los politicos y estudiosos esta- 
dounidenses se valen de identidades « alternativas » provenientes de otros 
pafses, como lo hizo la Fundacion Ford con los movimientos afrobrasi- 
lenos partiendo de un imaginario afroamericano (Penha, 2000), los man- 



68 7 ELRECUR50 OE LA CULTURA 



datos performativos se vuelven aim mas problematicos, como veremos 
luego. 

El proposito de estos comentarios no es «inculpar a las vfctimas» 
que defienden la polftica de la identidad, sino, mas bien, cuestionar la 
eficacia de esta. Michael Warner (2000) escribe lo siguiente: «Puesto que 
en Estados Unidos la polftica de la resistencia se defmio primero segun 
una li'nea identitaria, en tanto que los lugares mas vigilados por la poli- 
cia habfan sido aquellos dedicados al sexo y no los vinculados con una 
identidad distintiva, el movimiento organizado de lesbianas y gays tradi- 
cionalmente se mostro reacio a comprometerse en una defensa de la cul- 
tura sexual basada en principios, fuera del ambito exclusivamente do- 
mestic . En otras palabras, la aceptacion del pasaporte identitario para 
negociar el respeto y los recursos es atrapada por los procesos de guber- 
namentalizacion, en el sentido foucaultiano de gerenciamiento o admi- 
nistration de poblaciones. Aunque esta gubernamentalizacion siga ope- 
rando basada en el biopoder (las tecnologfas que aseguran el bienestar 
de los individuos al tiempo que condenan a otros a la exclusion y a la eli- 
mination apelando a ese mismo fin (Foucault, 1991), 6 lo que esta ope- 
rando cada vez mas es el poder cultural. La primera instancia del feno- 
meno tal vez sea la permeabilidad de la sociedad a una comprension 
conventional y antropologica de los grupos segun los definen las cultu- 
ras, con el corolario politico de que la democracia debe entenderse como 
el reconocimiento de estas culturas. 

En consecuencia, sea que uno suscriba a la polftica de la identidad o 
suponga que ocupa un lugar inadvertido donde las identidades se reco- 
nocen claramente por la estrechez de miras y por los intereses, se obliga 
a los sujetos no solo a actuar, sino a imaginar su action dentro de una 
estructura «fantasizada». Dicha estructura, cuyo soporte son los contex- 
tos institucionales de todo tipo, puede obligarnos a ocupar la position 
norma tiva, aunque criticable, de la clase media blanca, la position « al- 
ternate va» sancionada institucionalmente (afronorteamericana o latina) 
o incluso instancias opositoras (lesbianas) condicionadas por los me- 
dios masivos y por el mercado, lo cual no significa que sean opciones im- 
pensables. La propuesta de Haraway (1997) de arrebatar al cyborg de los 
mecanismos de naturalization de la tecnociencia y sus maquinas repre- 
sentacionales, «en contraposition con mundos probables y quizas habi- 

6. EI biopoder «trae la vida y sus mecanismos al reino de los calculos explicitos y hace del 
poder-conocimiento un agente de transformation de la vida humana». Los cuerpos son identi- 
ficados con la polmca, porque manejarlos es parte de gobemar el pais. Ello ha continuado en 
la vida contemporanea. Para Foucault (1984, 1991), «el umbra! de modernidad de una socie- 
dad* se alcanza cuando la vida de las especies se arriesga a utiiizar las propias estrategias poii- 
ticas». 



LOS IMPERATIVOS SOCIALES DE LA PERFORMATIVIOAD / 69 



tables de la tecnociencia globalizada», serfa una version de este impensa- 
bie o «queer mental». 

Pero en general la estructura imaginaria resulta operativa (aunque no 
menos real) en, por ejemplo, las guerras culturales a las que hice referen- 
da, donde se supone que todos los conservadores asumen la misma po- 
sition y todas las minorfas tienen razones fundamentales para solidari- 
zarse mutuamente. Con respecto a esto ultimo, Warner (1993) afirmo que 
el pluralismo liberal fomenta un clima cultural en el que se nos obliga a 
aceptar la idea de que los grupos dispares no normativos son equivalentes, 
una idea reflejada en el eslogan «Racismo, Sexismo, Homofobia: date 
cuenta de las conexiones». Mas que una alianza polftica eficaz, este plu- 
ralismo al estilo «Rainbow»* proyecto «un espacio "fantasizado" don- 
de todas las identidades personificadas podfan representarse visiblemente 
como formas paralelas de identidad». Segun Warner, ese modelo de polf- 
tica cultural no es idoneo para interactuar con «los movimientos que no 
tematizan la identidad de la misma manera» (1993). 

Se hizo una observation semejante con respecto a los publicos que 
asisten a la representation de obras transgresoras y que pueden clasifi- 
carse en tres tipos: ( 1 ) el publico implfcito/complice, que comparte la mis- 
ma perspectiva que, digamos, «Los cuatro» de el NEA, que se jacta del 
«retorno» de los generos y sexualidades «reprimidos»; (2) el publico be- 
neficiario, es decir, la sociedad «educada» -sea hipocrita o no (por ejem- 
plo, Jesse Helms et al.)- que se escandaliza o actua como si lo estuviera 
ante el estilo descarado y directo de la exhibition de una«alteridad» obs- 
cena, y (3) el publico ahfto y «entrenado» de los talks shows televisivos y 
de las revistas y diarios dedicados a la chismografia, que disfruta de la 
tension producida entre (1) y (2). Curiosamente, la mayorfa de los artis- 
tas del espectaculo no es constiente de las diferencias en el publico o bien 
no se da por enterada. En la instalacion en video « Cornered » (1988), 
Adrian Piper, «arrinconada» tras un escritorio, se dirige a un publico al 
que acusa de suponer, de un modo racista, que ella es blanca cuando «de 
hecho» es negra. Ironicamente, es Piper quien acorrala a su publico, dan- 
do por sentado que es bianco y racista, lo cual le permite, ademas, com- 
binar una variedad de publicos. Guillermo Gomez-Pena y Coco Fusco ha- 
cen algo parecido en The Couple in the Cage (Fusco, 1992), donde 
representan a dos amerindios del Golfo de Mexico aun no descubiertos. 
El espectaculo se monta en una jaula y los actores usan las vestimentas y 
los accesorios mas extravagantes: aunque son presumiblemente primiti- 
ves, uno de ellos mira television y el otro escribe en un ordenador porta- 



* Rainbow [arcoiris] es el nombre de la coalition de diferentes etnias para luchar por los 
derechos civiles en Estados Unidos. [T.] 



70 / EL RECURSO OE LA CULTURA 



til. Los artistas afirman sin embargo que el publico desprevenido los to- 
maba por indios autenticos a quienes era preciso maltratar y humillar. 
Una afirmacion claramente deshonesta, pues fueron los actores mismos 
los que se metieron en la jaula e invitaron al publico a representar una 
fantasia primitivista, absurda y de tono posmoderno, e incluso a alimen- 
tarlos como si fueran animales enjaulados. Asf pues, se invito a los espec- 
tadores a «representar» lo que harfa el publico beneficiario, y cuando 
aceptaron el pacto -cuando fueron «acorralados»- los tomaron por ese 
tipo de publico y los rotularon de racistas (Fusco, 1992). Segun Carol 
Becker (1995), los artistas contemporaneos aprenden a «apartar [...] a los 
espectadores» como resultado de un didactismo moral nacido del presu- 
puesto de que el suyo es «un publico conservador que debe ser radicali- 
zado o un publico puritano que necesita una buena sacudida». Pero tales 
proyecciones no se limitan al mundo artfstico. 

La omnipresente fantasia social que nos compele a representar la con- 
formidad o el rechazo respecto de los roles e identidades que dan su matiz 
particular a la polftica cultural de Estados Unidos, no es sino el producto 
de una coyuntura mediada y condicionada por los medios masivos, el mer- 
cado, el Estado benefactor y los sistemas juridico y politico. Sinergica- 
mente, esa coyuntura nos impone representar lo que debe ser un hombre, 
una mujer, un bianco, un negro, un individuo de color, un heterosexual, un 
gay, etc. Por esta razon, a mi juicio resulta improductivo encomendar a los 
artistas del espectaculo o a los grupos identitarios la tarea de operar a tra- 
ves y en contra de estas imposiciones. Cualesquiera sean sus tendencias 
ideologicas o sus fenotipos ellos, como el resto de nosotros, estan conde- 
nados a representar, por asf decirlo. Este imperativo se extiende a todos los 
estatutos e identidades, incluso a aquellos que nos hemos acostumbrado a 
imaginar como «dominantes». La hipotesis de que hay una cultura domi- 
nante cuyos miembros pueden pasar inadvertidos, sin preocuparse de 
quienes son ni. de como se los representa, ya no constituye una premisa via- 
ble. La avalancha de libros sobre la blancura, identificandola como una et- 
nicidad que no puede pasar inadvertida, indica que vivimos en una cultu- 
ra donde se obliga a cada uno a enfrentarse consigo mismo -y a menudo 
a reconocer la construccion y la representation de esa identidad- en el pro- 
ceso de enfrentar los desaffos blandidos por «los otros» al estatuto cultu- 
ral de uno. 7 



7. Los estudios sobre ia blancura se convirtieron en una industria en crecimiento en la de- 
cada de 1990. Ya no es posible decir que los blancos pasan inadvertidos. Cuando la prensa po- 
pular recoge el tema («Whiny White Men», 1995; Kinsley, 1995), ello significa sin duda que la 
cuestion ha calado hondo. Menciono solamente los estudios mas notables, aunque hay rauchos 
mas: Appiah y Gutmann (1996); Babb (1998); Bay (2000); Bonilla-Silva (2001); Bonnett (2000); 
Clark y O'Donnell (1999); Conley (2000); Cuomo y Hall (1999); Curry (2000); Daniel (2002); 



LOS IMPERATIV0S S0CIALES DE LA PERFORMAUVIDAD / 71 



Las raices historicas de la performatividad «americana» 

Lo que he llamado fantasia nacional tiene una larga historia que se 
remonta al abolicionismo y las subsiguientes estrategias de autoafirma- 
cion por y para los negros y otras minorias. La espectacularidad de la ley 
Jim Crow y de los lmchamientos que la acompanaron fueron la materia- 
lization brutal de las fantasias de contamination sustentadas por los 
blancos. Las luchas por los derechos civiles durante las decadas de 1950 
y 1960, proporcionan el mas reciente prototexto que prepara el terreno 
para el caracter performativo de los restantes decenios del siglo. Segun 
Stanley Aronowitz (1995), la novedad resultante de la nueva politica no 
es sino el efecto performativo derivado de la puesta en escena de la con- 
troversia (por ejemplo las sentadas, en la epoca de los derechos civiles): la 
nueva polftica «rechazo la sensatez tradicional de la polftica electoral 
-construya una coalition con una base amplia, elija sus candidates, tra- 
baje con ellos para presentar la legislation procedimental, etc.- y opto en 
cambio por la microintervencion directa que "tacitamente recusa la legi- 
timidad etica de la mayoria"». 

Las luchas por los derechos civiles posibilitaron en gran parte estas 
intervenciones. De hecho, durante la administration Johnson (en la deca- 
da de 1960) la mayor penetration del Estado benefactor para canalizar la 
conducta, el equivalente foucaultiano de gubernamentabilidad, confluyo 
con las luchas en torno al bienestar, las definiciones de familia y, poste- 
riormente, el derecho al aborto y el ethos cultural de los grupos minori- 
tarios. El partido nuyorico de los Young Lords organizo, por ejemplo, 
una «Ofensiva de la Basura» para llamar la atencion sobre la escasa 
recoleccion de residuos en El Barrio por parte del Departamento de Sani- 
dad. Cuando los «perros» (el «Departamento de la Basura») les negaron 
las escobas para barrer la zona, amontonaron los residuos en medio de la 
calle «hasta que llegaran los cerdos». 8 Esos acontecimientos tuvieron un 



Delgado y Stefancic (1 997); Dobratz y Shanks-Meile (1997); Dyer (1997); Ferber (1998); Fine et 
al. (1997); Frankenberg (1997); Hale (1998); Hartigan (1999); Helms (1992); Hill (1997); Ho- 
ward (1999); Ignatiev (1995); Ignatiev y Garvey (1996); Jacobson (1998); jurca (2001); Kin- 
cheloe et al. (1998); Kivel (1995); Lamont (1999); Levine-Rasky (2002); Lipsitz (1998); I. Lopez 
(1996); McKee (1999); McRoy (2001); Nakayama y Martin (1999); Rasmussen et al. (2001); 
Roediger (1991; 1994; 1998; 2002); Rodriguez y Villaverde (2000); Rothenberg (2001); Sart- 
well (1998); Takaki (2000); Thandeka (1999); Waile (2000); Ware y Back (2001); Wethereil y 
Potter (1992); Wray y Newitz (1997). 

8. Llamarles dogs o «perros» a los que recogen la basura [garbage] corresponde a un juego 
de palabras basado en las siglas del Department of Garbage, es decir, D.O.G. Por ariadidura, las 
minorias raciales -sobre todo negros y latinos- Hainan tradicionalmente pigs o cerdos a la policfa. 
En este caso, el termino se extiende a los blancos uniformados (sobre todo irlandes-norteamerica- 
nos e italo-norteamericanos) que no prestan los servicios debidos en los barrios de minorias. 



72 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



enorme poder performativo, igual o superior al de la mayoria de las artes 
del espectaculo, como senala Agustin Lao en una historia sobre los Young 
Lords. Lao (1994-95) destaca el simbolismo multiple de esta accion per- 
formativa: fue ejecutada en un acto ritual de limpieza y como refutation 
a la imagen que la sociedad tenia de su comunidad en cuanto un conta- 
mmante social abyecto. Los Young Lords demostraron una sofisticacion 
mediatica comparable a la de ACT UP en las decadas de 1980 y 1990, 
con acciones tales como la toma de la Iglesia Metodista Hispana (28 de 
diciembre de 1969), rebautizada Iglesia del Pueblo, y la del Lincoln Hos- 
pital (14 de juho de 1970). Estos acontecimientos no fueron meros ve- 
hiculos para obtener publicidad, sino tambien modos de organizar a la 
comunidad en torno a servicios necesarios como la education, la nutri- 
tion y la salud. 

Los mismos rebeldes que habfan participado en los disturbios en El 
Barrio «pasaron a dirigir programas contra la pobreza [...] o a trabajar en 
el Centro de Accion Urbana del alcalde Linday», lo cual demuestra tan- 
to la eficacia de sus acciones cuanto el poder canalizador de los progra- 
mas gubernamentales del periodo. Dicha canalization se logro no sola- 
mente en relacion con la pobreza, sino, como ya explique, en relation 
con el financiamiento de la cultura en los recien establecidos consejos 
estaduales para las artes y el NEA. La administracion Nixon siguio apor- 
tando fondos para la cultura y ademas incremento un 500% el presu- 
puesto del NEA durante su primer ano de gestion. Los funcionarios gu- 
bernamentales se aseguraron, por su parte, de que los subsidies llegaran 
tambien a los cascos urbanos. En diciembre de 1969, Nixon sometio a la 
aprobacion del Congreso su presupuesto para las artes, alegando que 
la cultura es «una herramienta en favor de la democracia ». La idea se 
aphcaba igualmente a la necesidad de atraer a las minorias descontentas 
-Nixon asumio una postura agresiva en pro del Poder Negro- y a quie- 
nes se opoman a la guerra de Vietnam. El Presidente procuraba luchar en 
los mismos terminos que la elite contracultural (Jane Fonda, Susan Son- 
tag, Robert Rauschenberg, la Coalition de los Trabajadores del Arte, 
etc.) que estaba utilizando la cultura contra los metodos militaristas de 
la administracion. 

Los boicots a los vinedos organizados por el Farm Workers Move- 
ment (Trabajadores Agricolas Unidos - FWM) bajo el liderazgo de Cesar 
Chavez constituyeron otras acciones performativas nacidas de la lucha 
social y polftica. El Teatro Campesino fue el brazo cultural del movi- 
miento que fomento la lucha de los obreros agricolas y contribuyo a la 
creacion de una nueva conciencia cultural entre los mexicanos estadouni- 
denses. El muralismo, la mas conocida de las formas artfsticas chicanas, 
surgio en el contexto de este activismo. En 1968, Antonio Bernal pinto el 
primer mural chicano en lo muros de las oficinas del FWM donde estaba 



LOS IMPERATIV0S SOCIALES DE LA PERFORM AUVIDAD / 73 



el Teatro Campesino. El sentimiento activista del periodo se refleja en las 
figuras del mural, comenzando, a la izquierda, con los legendarios prota- 
gonistas de la Revolution Mexicana, la Adelita, Emiliano Zapata y Pan- 
cho Villa, siguiendo con los heroes mexicanos estadounidenses Joaquin 
Murieta, Cesar Chavez y Reies Lopez Tijerina, y concluyendo con un 
Pantera Negra y Martin Luther King (h.), en una expresion de solidari- 
dad con el movimiento negro. Esteban Villa, un artista que trabajo con 
Mala Efe (un acronimo por Mexican American Liberation Front y tam- 
bien un juego de palabras que transmite su caracter sedicioso en la frase 
mala fe), se refirio a la conexion directa entre el activismo chicano y la re- 
presentation en una entrevista con el estudioso chicano Tomas Ybarra- 
Frausto: 



Esto fue por eso del ano '68 [...] Era la epoca del boicot a los vinedos y 
de la Huelga del Tercer Mundo en Berkeley. Solfamos reunirnos regular- 
mente para discutir el papel y la funcion del artista en El Movimiento. Al 
principio maestro grupo se componia principaimente de pintores y llevaba- 
mos nuestros trabajos y los criticabamos. Las discusiones eran acaloradas, 
sobre todo las polemicas en torno a la forma y contenido del arte revolu- 
cionario y la pertinencia de los murales y del arte grafico. Se analizaron es- 
pecialmente los posters y otras formas graficas, pues muchos de nosotros 
estabamos creando cartelones como herramientas para organizar los dL 
versos mitotes chicanos en la Bay Area (Esteban Villa, vease Ybarra-Fraus- 
to, 1991).* 

Segun explica Ybarra-Frausto, los murales y otros generos artfsticos 
chicanos, particularmente los altares tipo instalaciones, se inspiraron en 
fuentes vernaculas: las imagenes de santos en calendarios votivos, los ico- 
nos religiosos (por ejemplo, la Virgen de Guadalupe), los posters teatra- 
les, los graffiti, los tatuajes e incluso los coches con amortiguadores 
bajos, y otros ornamentos y modificaciones adaptados al gusto del auto- 
movilista. Pese al caracter desafiante de la representation y de los mura- 
les chicanos, o tal vez debido a ello, el financiamiento de los programas 
contra la pobreza se dirigieron a los centros comunitarios que procuraron 
conferir poder a los residentes locales, en parte mediante la pintura de 
murales, y que fueron elegidos por los gobiernos federales y locales para 
manejar la crisis. De acuerdo con Rodolfo Acuna (1980), «el empuje de 
la Guerra contra la Pobreza para obtener la maxima participation de los 
ciudadanos llevo a los trabajadores de esos centros, quienes competian 
con otras oficinas gubernamentales, a prestar servicios en todos los sec- 
tores de la comunidad. Los jovenes chicanos se convirtieron en el bianco 



* Las palabras en bastardilla estan en castellano en el original. [X] 



74 /el recurso de la cultura 



especffico». Uno de estos blancos, los Jovenes Ciudadanos por la Action 
Comimitaria (JCAC), se transformo en los Boinas Marrones, un grupo si- 
milar a los Panteras Negras y a los Young Lords. Los tres grupos emplea- 
ron tacticas polfticas y culturales nacionalistas, respaldaron las luchas de 
liberacion del Tercer Mundo y enfrentaron al gobierno y a la politia. Ra- 
zon de mas para que el gobierno tratara de neutralizarlos con la zanaho- 
na de los programas para la afirmacion cultural y el palo de la represion 
policial 

Los proyectos de los negros, chicanos y puertorriquenos referentes a 
la afirmacion nacionalista teman dobie filo. Resultaban imprescindibles 
para que las comunidades se movilizaran y asumieran el control de sus es- 
cuelas, centros de servicios sociales y otras instituciones locales. Un acti- 
vista chicano, Rodolfo Corky Gonzales, fue el paradigma de esta doble 
agenda. Organizador de la comunidad en un principio -fundo Los Vo- 
luntary- Uego a dirigir mas tarde uno de los programas juveniles de la 
Guerra contra la Pobreza. Tambien fue el autor del poema epico « Yo soy 
Joaquin* sobre las adversidades de la vida en el barrio, del cual el cineas- 
ta Luis Valdez hizo una pelfcula. 

Pero hacia principios de la decada de 1970, el activismo de los chi- 
canos y otros mihtantes etnicos se habfa replegado espectacularmente 
en las esferas institucionalizadas de la cultura y la asistencia social La 
represion polftica, el fin del activismo antibelico y «las abundantes do- 
sis de fondos federates [...] obligaron a transigir a muchos antiguos lf- 
deres de los derechos civiles» (Acufia, 1980). La action polftica cedio 
trente a la negociacion polftica en ambitos cada vez mas institucionali- 
zados: programas universitarios dedicados al estudio de los afronortea- 
mericanos, los chicanos, los puertorriquenos y las mujeres; programas 
culturales para la comunidad; programas para la educacion bilingiie et- 
cetera. & ' 

Este incremento en la gubernamentalizacion constituye un impor- 
tante factor que condiciona el surgimiento de la polftica de la identidad 
especialmente las maneras en que el Estado benefactor del capitalismo 
tardio traduce las mterpretaciones de las necesidades de la gente en ter- 
mmos legates, admmistrativos y terapeuticos, reformulando asf la rea- 
hdad polmca de dichas interpretaciones. Segun Nancy Fraser, los con- 
tlictos surgidos entre interpretaciones opuestas de las necesidades en la 
sociedad contemporanea revelan que habitamos «un nuevo espacio so- 
cial* diferente de la esfera publica ideal postulada por Habermas, donde 
prevalece el mejor argumento. Por ejempio, en reiacion con «la vida 
gay», las controversias sobre el financiamiento de las artes, producidas a 
fines y a principios de las decadas de 1980 y 1990, respectivamente, im- 
plicaban la impugnacion de «la intromision de una actitud gay hacia la 
vida» (la objecion es de Helms) o simplemente una impugnacion no nor- 



L05 IMPERATIVOS SOCIALES DE LA PERFORMATIVIDA0 / 75 



mativa en el dominio de las burocracias estatales (incluidas las organiza- 
ciones artfsticas y las instituciones culturales publicas), establecida para 
adjudicar indemnizaciones basadas en el merito, las necesidades y otros 
criterios. Las controversias involucraban la viabilidad de los «expertos» 
que supervisaban esas instituciones, la legitimidad de las demandas gru- 
pales fundamentadas en un ethos y la «"reprivatizacion" de los discursos 
de esos grupos, mediante la cual se procuraba repatriar las necesidades 
recien problematizadas a sus antiguos enclaves economicos, fueran do- 
mesticos u oficiaies» {Fraser, 1989). El contragolpe conservador y la de- 
fensa progresista se basaron ambos en la intromision de los asuntos cul- 
turales en la vida publica o en reivindicaciones fundadas en el caracter 
privado de dichos asuntos. 

En este nuevo contexto social y habida cuenta de la jugada conser- 
vadora para impedir el acceso a los derechos, los fundamentos de estos 
fueron reemplazados por un paradigma de interpretabilidad. Ello marca 
una desviacion con respecto al clasico discurso liberal, que confiere dere- 
chos a los individuos y no a los grupos. El derecho grupal debe darse en 
un terreno vicario como el idioma (para los latinos y otras minorias etni- 
cas), la familia o la sexualidad (para las agrupaciones de gays, lesbianas 
y mujeres), esto es, en una experiencia especffica en torno a la cual los 
grupos, especialmente los subordinados o estigmatizados, constituyen su 
identidad. Pero esta estructuracion de la nueva polftica le impone a cada 
uno ocupar su lugar dentro del conjunto de los grupos reconocidos, o 
bien movilizarse para ser reconocido como tal sobre la base de «su cultu- 
ra ». Una polftica de la identidad de esas caracterfsticas debe ser com- 
prendida en la especificidad de la sociedad estadounidense, lo cual no sig- 
nifica que una polftica de la identidad no opere de diferentes maneras en 
otras formaciones nacionales. 

Los movimientos «raciales» fueron, a mi juicio, los primeros de los 
«nuevos movimientos sociales » o «nuevos antagonismos», segun la teo- 
rfa de la democracia radical de Laclau y Mouffe (1995), en cuestionar las 
formas de subordination imperantes en Estados Unidos luego de la Se- 
gunda Guerra Mundial; por ejempio, la burocratizacion y mercantiliza- 
cion de la vida «privada» del consumidor (Omi y Winant, 1986). Tai vez 
el mayor de los cambios producidos por el movimiento de los derechos 
civiles fue la transformation de los medios de acceso a los bienes y servi- 
cios suministrados por el Estado benefactor. Estos programas constituye- 
ron un factor importante en la redefinition de los terminos de la identifi- 
cation grupal, pues contribuyeron a cambiar la comprension del papel 
del cliente, desde los casos estrictamente individuales a aquellos relativos 
a los grupos designados, reforzando asf la conciencia de una identidad 
grupal subalterna. Otras minor fas, sobre to do algunos de los grupos his- 
toricos latinos (chicanos, puertorriquenos) o asiaticos estadounidenses 



76 / EL RECURSO OE LA CULTURA 



(chinos, japoneses y filipinos), llegarian a hacer demandas al Estado en 
esos terminos y a desarrollar, al cabo del tiempo, un enfoque panetnico de 
esta polftica de acceso. Cabe decir entonces que en Estados Unidos la 
sociedad, concebida primero como el sitio donde se negociaban las poli- 
ticas etnicas y raciales segun una guerra de maniobras y, por tanto, don- 
de cada uno conocia su lugar, paso a ser una sociedad en la cual las iden- 
tidades se desjerarquizaban y reconstrufan de acuerdo con una guerra de 
posiaones, para usar un termino gramsciano (Gramsci, 1971; Winant, 
1994). Esa transformation permitio a tales grupos pensar y ejecutar la 
polftica tambien en funcion de la cultura, tomando en cuenta que las 
normativas que mantenfan vigente el orden previo debian ser derribadas 
en terminos de facto (en el terreno del prejuicio, del habito y de otras 
inercias culturales), asf como en terminos formales de jure, inicialmente 
desplegados en el movimiento en pro de los derechos civiles. Hacia fines de 
a decada de 1960, los negros, ios latinos, los asiaticos, las feministas y 
los grupos gays afirmaron el derecho a incorporar su propia cultura en la 
esfera publica y en la esfera institutional. En esa epoca, muchas universi- 
dades crearon departamentos de estudios dedicados a los negros chica- 
nes puertorriquenos, asiaticos y a las mujeres. Y fue en esos espacios, al 
igual que en las comumdades, donde las expresiones mas «propiamente» 
culturales de estos grupos se nutrieron y se esgrimieron como un instru- 
mento para promover la descolonizacion. 

Entre los intentos realizados en ese sentido, cabe destacar la ofensi- 
va para legitimar la adjudication y legislation de derechos sobre la base 
de las necesidades grupales y no en los terminos posesivos e individualis- 
tas que tradicionalmente definen el discurso de los derechos. Martha Mi- 
now da la siguiente explication del cambio hacia una polftica de la iden- 
tidad: 

En Estados Unidos, surge un tipo predecible de lucha entre los grupos 
rebgiosos y etnicos. Aquf el marco legal predominante en la retorica de los 
derechos resulta problematic, pues no se adecua facilmente a los grupos 
La hbertad religiosa, por ejemplo, protege inevitablemente la libertad indi- 
vidual de la autondad estatal o de las presiones ejercidas por los grupos pri- 
vados. A los grupos etnicos les falta incluso el acceso a la protection consti- 
tucional, a menos que tengan la option de hablar o reunirse en un grupo 
cuya identidad han elegido (1988, pag. 319). 

La interpretabilidad constituye, pues, un «nuevo espacio social» 
donde los grupos afirman la autonomia y la legitimidad a partir de su cul- 
tura especifica. Esa afirmacion no ocurre en el vacfo, sino que se hace po- 
sible por la coyuntura de un Estado benefactor que define a los clientes 
por grupo; por un sistema mediatico y de comercializacion cuyo bianco 
son los consumidores; por los medios juridicos asequibles para recusar la 



LOS IMPERATIVOS 50 CIA LES DE LA PERFORMATIVIDAD / 77 



discrimination. La pertenencia cultural no solo se caracteriza por el con- 
junto de practicas en que participa una comunidad especifica, pues las re- 
lationes con los otros y con las institutiones tambien demarcan el senti- 
do de comunidad. Aquf se encuentran las bases sobre las cuales el 
impulso a la no normatividad o abyeccion sirve como medio para reco- 
brar la solidaridad grupal. La cultura, entendida no solo afirmativamen- 
te sino, lo que es aun mas iniportante, como la diferencia grupal con res- 
pecto a las normas omnienglobantes, se ha convertido en el fundamento 
de toda demanda de reconocimiento y de recursos. Desde esta perspecti- 
va, y en la medida en que es posible afirmar que se tiene una cultura (un 
conjunto distintivo de creencias y practicas), tambien se tienen funda- 
mentos iegftimos para exigir la emancipation (vease el analisis de la ciu- 
dadanfa cultural en el capftulo 1). 

Normaimente se da por sentada la premisa de la legitimidad cultu- 
ral. La primera objecion al concepto tal vez provenga de la aseveracion 
de que una identidad no es una cultura. ^Constituyen los euronorteame- 
ricanos, los afronorteamericanos, los estadounidenses latinos, asiaticos, 
gays y lesbianas culturas diferentes} Segun Appiah, ninguno de estos gru- 
pos constituye, por si mismo, una cultura comun (Appiah, 1994); mas 
bien, se hallan todos posicionados los unos frente a los otros en un cam- 
po de fuerza que podria definirse como la cultura de Estados Unidos. El 
encuadre que el activismo negro proporciono a otros grupos polfticos en 
la decada de 1960 es un ejemplo de como la escala para hablar de cultu- 
ra es la nation, incluso en estos tiempos de rapidos cambios. Los blan- 
cos, digamos, adoptaron muchas de las formas que los negros mismos 
habfan genera do en relation con la «normatividad» blanca, un punto se- 
nalado por algunos criticos -Manning Marable, Isaac Julien, Paul Gilroy 
y Kobena Mercer, entre otros-, quienes alegan que la negritud no es un 
monolito encerrado en si mismo. Isaac Julien va mas lejos y afirma que 
existe un parentesco cultural entre Spike Lee y el suprematista bianco 
David Duke, pues ambos se oponen al mestizaje en nombre de la pureza 
racial (Julien, 1992; Marable, 1991; Gilroy, 1992; Mercer, 1994). El he- 
cho mismo de que a los grupos mencionados se los designe como cultu- 
ras discretas es un fenomeno «americano», inscripto en las instituciones 
nacionales de Estados Unidos (por ejemplo, la Oficina de Censos). Por 
otra parte, semejante afirmacion es posible porque es el resultado de un 
proceso historico que culmina en los ultimos treinta y cinco anos. La po- 
lftica de la identidad es la forma que toma la polftica de intereses esta- 
dounidense en el periodo subsiguiente a los derechos civiles, un perfodo 
signado por la emergencia de otros movimientos sociales, la reconver- 
sion de su economia conforme a una lmea posfordista y en relation con 
el nuevo orden economico mundial y el flujo sin precedentes de inmi- 
grantes europeos. 



78 /el recurso de la cultura 



La teona de la performatividad de Judith Butler se concibio, precisa- 
mente, para romper este marco y dar cuenta de una polftica de la «desi- 
dentidad>> que no se basa en la visibilidad sino en el fracaso en reproducir 
la identidad La « desidentificacion* puede entenderse como una forma 
de jugar con las representaciones y dentro de ellas, por lo cual ha cobra- 
do vigencia con respecto (o como un desaffo) a la polftica de la identidad. 
Esta ultima se apoya en la creencia de que las identidades son ya dadas, 
lo cual imp l de reconocer que todas las identidades se constituyen en una 
relacion recfproca, una idea retomada a su vez por la desconstruccion en 
la frase «exclusiones constitutivas». «La polftica de la desidentificacion* 
solo nos permite maniobrar dentro de la identidad reencuadrandola. Al- 
gunos, por ejemplo Butler, han atribuido un caracter «subversivo» a este 
modo estrategico de comportamiento, aunque solo se limite a un grupo 
especifico de transgresores del genero o la sexualidad y no sea necesaria- 
mente «subversivo» en un sentido progresista. La desidentificacion, pese 
a su aparente desaffo, constituye el intento de resignificar una categorfa 
normahzadora o de valorizar un «fracaso de identificacion». Como tal 
es una «mala interpretacion» producida desde adentro pero que no se 
opone a lo normal (Munoz, 1999). La afirmacion de Butler de que esas 
«rearticulaciones» conducen a una «diferencia interna [...] [mas] demo- 
cratizante» dentro de la expenencia de identidad amplfa esta interpreta- 
cion mas alia de su utilidad, pues la desidentificacion no se limita a quie- 
nes repudian las normas de una sociedad que valora lo heterosexual, lo 
bianco, lo masculine. Tambien los blancos racistas y los adeptos a las mi- 
hcias se desidentifican con lo que perciben como hegemoma liberal; la 
desidentificacion es, ademas, practicada por todos de manera cotidiana 
\™* mc * ment& qUienCS <<fracasarfan en re P etir fielmente» (Butler, 

Los etnometodologos han expiicado este fracaso mediante el con- 
cept de «indexicahdad», referido al contexto donde las elocuciones ad- 
quieren significado para oyentes y espectadores (Garfinkel, 1967) El 
contexto, sin embargo, no es nunca fijo sino un proceso abierto y en cur- 
so que permite a los participantes hablar, comportarse y negar que lo hi- 
cieron de la manera como se les atribuyo. Este hacer y afirmar no haber 
hecho tiene su anclaje en la apelacion a las condiciones contextual que 
son multiples y estan abiertas a diversas interpretaciones. «A los efectos 
de conduar sus asuntos cotidianos, las personas se niegan a permitir que 
los otros comprendan "de que estan hablando realmente" [ ] La expec- 
tativa de que las personas van a comprender el caracter ocasional de las 
expresiones, la espeeffica vaguedad de las referencias, el sentido retros- 
pectivo-prospectivo de una ocurrencia presente, la espera de algo poste- 
rior para esclarecer lo que se quiso decir antes, constituyen las propieda- 
des sancionadas del discurso comun» {Garfinkel, 1967). Todos evitamos 



LOS imperativos sociales de la performatividad / 79 



alguna vez la fijacion en el significado (intencional o no) de nuestras elo- 
cuciones valiendonos de la replica «eso no es lo que dije». 

En la medida en que un grupo cualquiera haga una afirmacion con 
respecto a la identidad sin reconocer su imbricacion en los discursos de los 
otros, ello constituye, de acuerdo con Butler, una forma de repudio, una 
fetichizacion de la identidad. Dado que la performatividad es el «poder del 
discurso para producir efectos a traves de la reiteracion» de las normas 
(Butler, 1993), la identidad es un efecto regulado y no la base a partir de 
la cual se actua. «Si hay agenda, se la encontrara, paradojicamente, en las 
posibilidades abiertas en y por esa apropiacion restringida de la ley regu- 
ladora, por la materializacion de dicha ley, por la apropiacion obligatoria 
de esas demandas normativas y por la identification obligatoria con ellas ». 
Ello no significa, empero, que una polftica contestaria viable se siga del 
«fracaso de repetir fielmente» en el proceso mismo de dar fuerza de «ley». 
Esto es una negacion rotunda de las interpretaciones hechas en un libro 
anterior, Gender Trouble, donde Butler parece postular el travestismo y la 
parodia como polfticas factibies. La negacion no elimina, sin embargo, un 
problema fundamental de los analisis desconstructivos: funcionan muy 
bien para los textos, pero en apariencia resultan impotentes ante las ope- 
raciones de las instituciones que ejercen una fuerza reguladora sobre di- 
chos textos. Su argumento de que «volver el poder contra sf mismo pro- 
duce modalidades alternativas de poder capaces de establecer un tipo de 
controversia polftica que no consista en una oposicion "pura"» (Butler, 
1993), debe ser, no obstante, elucidado en el piano de las instituciones y 
sus efectos (sistemas legislativo y judicial, reforma de la asistencia social, 
programas de accion afirmativa, polftica exterior y de las fuerzas arma- 
das). En la medida en que Butler imagina -ateniendose a la obra de Ernes- 
to Laclau y Chantal Mouffe (1985; veanse tambien Laclau, 1990 y Mouf- 
fe, 1992a, 1992b)- que la democratizacion surge del conflicto relativo al 
genero y, de manera mas amplia, a lo cultural, ella es presa de la misma 
fantasia que pretende elucidar. 

Cierto es que en Estados Unidos pocos o ninguno de nosotros nos 
hallamos realmente exentos de esta fantasia. Sin embargo, la perciben 
con suma frecuencia los extranjeros, quienes experimentan la desfamilia- 
rizacion debido a los presupuestos que pesan sobre ellos. Paul Gilroy se 
refiere al «americocentrismo de la interpretacion de etnicidad y diferen- 
cia cultural » por parte de los negros estadounidenses (Gilroy, 1992). Mi 
propia experiencia con activistas e intelectuales latinoamericanos me pro- 
porciono una comprension diferente de Estados Unidos, en la cual coe- 
xisten un conservadurismo profundamente asentado y una proliferacion 
de polfticas de la identidad y desidentidad. El principal error de los lati- 
noamericanos, pienso, consiste en comparar este estado de cosas con la 
balcanizacion producida en Europa Oriental; incluso observadores cui- 



80 / £L RECURSO DE LA CULTURA 



dadosos como Garcia Canclini (2001) asumen esta postura, sobre todo 
porque desde la experiencia de America latina la identidad aun se arraiga 
considerablemente en la nation. Para ellos, la poh'tica de la identidad en 
Estados Unidos tiende a crear divisiones. 9 En cambio, las controversias se 
lievan a cabo dentro de un campo de fuerza en gran medida libre de cues- 
tionamientos. Si utilizara los terminos heideggerianos mencionados bre- 
vemente en el capitulo 1, cabria decir que el «encuadre» {Ge-Stell) pro- 
voca un llamado a un tipo especffico de ordenamiento «que deja fuera 
toda otra posibilidad de revelation* (Heidegger, 1977). Esta fantasia na- 
tional nos encierra en una politica de interpretation y reinterpretacion 
con respecto a los muchos grupos que exigen el reconocimiento de su 
«cultura» y de sus derechos. La imbrication conflictiva del sistema de 
asistencia social, la magistratura, los medios masivos, los mercados Iabo- 
rales y de consumo, mantiene unida esta fantasia. De tal suerte, el impul- 
so performativo mismo de «ponerse en escena» o acting out, que Butler 
toma acertadamente como un signo de conflicto, se encuentra ya condi- 
cionado por esta coyuntura de factores que incluyen a las instituciones 
«alternativas». Dado que los criterios de, digamos, los programas contra 
la pobreza y de los organismos que financian las artes fueron concebidos 
dentro de un orden legal que garantiza las instituciones sin fines de lucro 
y las paragubernamentales, la «alternatividad» de Estados Unidos forma 
parte del sistema (Wallis, 1998). Dos o tres generaciones de artistas, acti- 
vistas y academicos se han esforzado por jaionar un espacio para las al- 
ternativas que existen necesariamente como tales, tanto dentro de la fan- 
tasia como dentro de la legalidad. 

Este impulso de acting out tiene un condimento especial en Estados 
Unidos. A ello me refiero cuando hablo de fantasia, la cual no se limita 
ciertamente a los activistas progresistas ni a los artistas del espectaculo. 
Ya dije que los polfticos representan y que incluso lo hacen los archicon- 
servadores. <|De que otra manera cabe entender la reaction del nuevo gru- 
po «opnmido», segun la description hecha por los medios tras el estalli- 
do de las bombas en la ciudad de Oklahoma, sino como la representation 
de «los iracundos hombres bIancos»? Los hombres blancos, de quienes se 
penso que estaban mas alia de la representation, es decir, no marcados, se 
hallan hoy sujetos al estereotipo caracteristico de otros grupos. El rasgo 
abyecto reside en su presunto racismo asesino. Un informe de The Villa- 
ge Voice sobre el movimiento miliciano nos harfa pensar que la mayoria 
de los hombres blancos estan listos para poner en escena o action la lim- 
pieza racial (incluida la venganza a los «traidores a la raza») que Wi- 



9. Subrayo este punto en mi introduccion a Consumers and Citizens de Garcia Canclini 
Vease Yudice (2001a). 



LOS IMPERATIV05 SO CI ALES DE LA PER FORM AUVIDAD / 81 



lliams L. Pierce imagino en The Turner Diaries (Ridgeway y Zeskind, 
1995; Woodward, 1995; Davis, 1995; Savan, 1995). Los diversos relatos 
sobre los motivos que indujeron a Timothy McVeigh y Terry Nichols, 
acusados de arrojar las bombas, indican que estaban buscando reconoci- 
miento en una cultura que solamente se lo concede a los ricos y a quienes 
tienen una «diferencia» (los negros y otras minorfas). En el caso de Mc- 
Veigh, la motivation fue «los sentimientos de alienation » compartidos 
con los hombres que integran el movimiento miliciano y la identifica- 
tion con «los oprimidos por el gobierno», como la rama de los davidia- 
nos que murieron en Waco, Texas (Kifner, 1995). Nichols, por su parte, 
asumio el manto de la abyeccion con animo disidente, «declarandose un 
forastero no residente, no extranjero y ajeno al estado imperante en el 
foro» (Rimer, 1995). Si los retratos son correctos o no importa menos 
que el mandato de encuadrarlos de esta forma. Por « fuerza performati- 
va» me refiero pues a este encuadre de interpretation mediante el cual se 
encauza la signification del discurso y de los actos. 



iQue ley regulatoria hay en un pais caracterizado por el favor? 

No es por casualidad que Butler (1993) define la performatividad, 
relacionandola con el derecho, como «un conjunto de acciones moviliza- 
das por la ley, la acumulacion y el disimulo citacionales de la ley que pro- 
duce efectos materiales, la necesidad vivenciada de esos efectos asi como 
la impugnacion vivenciada de esa necesidad. La performatividad es en- 
tonces [...] la reiteration de una norma o de un conjunto de normas [...]». 
Indudablemente Butler no esta hablando del codigo legal per se, sino, mas 
bien, de normas sociales o psicosociales disciphnarias (en sentido fou- 
caultiano) que producen cuerpos «sexuados» y, por una logica similar, 
cuerpos «raciaiizados». Sin embargo, el uso intercambiable de la ley y la 
norma indica que en su interpretation de la cultura estadounidense la nor- 
malization y la ley se hallan en mutua e mtima proximidad. Foucault 
afirmo que a fines del siglo xvin, cuando se les enseno a los sujetos «au- 
tonomos» a controlarse a si mismos, la disciplina se difundio a lo largo 
del nuevo terreno de lo social y detento un poder mayor que la ley, toda- 
via ligada a la notion de soberania. Podria alegarse empero que pese a la 
colocacion mas visible de la observancia y la disciplina en esas institucio- 
nes (por ejemplo las carceles) cuyo proposito era separar a los elementos 
peligrosos, estas actividades extendieron la normalization generada en 
las instituciones productoras de conocimiento fuera del marco juridico. 
Tal como aduce Boaventura de Sousa Santos (1995), el poder disciplina- 
rio y el poder juridico no son incompatibles, como penso Foucault, sino 
que se unen y apoyan retiprocamente. 



82 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



Este tipo de imbricacion ocurre ciertamente en el manejo de las po- 
blaciones en el Estado benefactor de Estados Unidos, como se puso de ma- 
nifiesto en la conexion entre las tesis sobre «la cultura de la pobreza» y las 
nociones de delincuencia y rehabilitacion. Precisamente al hacerse visible 
esa conexion, los activistas de los derechos civiles y del feminismo procu- 
raron extender sus luchas contra la discriminacion racial y sexual, de los 
contextos de jure a las mas arraigadas esferas culturales de facto (Fraser, 
1989; Quadagno, 1994). De ese modo, revelaron hasta que punto lo 
personal (producto de la normalization) es politico (sujeto a legislation). 
Cuando Butler invoca la ley ciertamente esta parodiando/desconstruyen- 
do un estilo lacaniano que oculta la constitution del sujeto dentro del con- 
trato social, estigmatizada por una «falta original »■ en aquellos privados 
de poder. Segun Butler (1990), la «inteligibilidad cultural* se produce me- 
diante una fantasia/drama por la cual algunos tienen poder (el falo, en len- 
guaje lacaniano) y otros carecen de el. En otras palabras, la «ley» lacania- 
na es complice de las practicas disciplinarias cuyo resultado es que algunos 
sujetos se constituyan aprendiendo que les falta algo. 

Tal vez sea esta una fantasia mas facil de discernir desde la periferia. 
Se ha dicho que las periferias occidentales permiten revelar con mayor fa- 
cilidad la artificiaiidad y los criterios basados en el poder que caracterizan 
la inteligibilidad cultural. Las construcciones occidentales de la civiliza- 
tion y el progreso muestran en si mismas que son ideologicas. Analoga- 
mente, desde la perspectiva «perif erica » de la «extraneza sexual» o que- 
erness y Butler prueba que la aceptacion de la propia limitation ante la 
ley» es «ideologicamente sospechosa». En otra parte, Toby Miller y yo 
afirmamos que la politica cultural se formulo en gran medida sobre la base 
de la «incompletitud etica», una privacion analoga a la teorizada por La- 
can. «Lo que se querfa era producir sujetos culturales manejables y tran- 
quilos que pudieran ser formados y gobernados a traves de instituciones y 
discursos, inscribiendo la incompletitud etica en cambios bidireccionales 
entre el sujeto en cuanto persona privada y singular y el sujeto en cuanto 
ciudadano colectivo, publico, capaz de gobernarse a si mismo en interes 
de la politica » (Miller y Yudice, en prensa). Por lo demas, como dijo Ed- 
ward Said (1993), uno puede discernir y desenmascarar, especialmente a 
partir de posiciones marginales, como la production cultural -Said se re- 
fiere a la novela britanica decimononica- convierte los ordenes geopolfti- 
cos asimetricos como el colonialismo en concebibles y normales. 

De acuerdo con Roberto Schwartz (1992), los discursos idealizantes 
basados en la privacion estan inevitablemente fuera de lugar en socieda- 
des coloniales y poscoloniales como Brasil y, por extension, America lati- 
na. Ello no significa que esos discursos sean inautenticos, pues las ideas 
europeas de civilization y ciudadama son un rasgo de la disyuncion cons- 
titutiva de las colonias. En Europa, la «autonomia del individuo, la unK ; 



LOS IMPERAnVOS SOCIALES DE LA PERFORM ATIVIOAQ / 83 



versalidad de la ley, la cultura por la cultura misma, la remuneration jus- 
ta, la dignidad del trabajo, etc.» fueron ideas liberales que buscaban un es- 
tatuto universal frente a las irracionaiidades del privilegio feudal. En Bra- 
sil, sin embargo, estas ideas liberales no se movilizaron contra los despotas 
sino que, por el contrario, «se las adopto con orgullo, en una vena orna- 
mental, como prueba de modernidad y distincion». En otras palabras, en 
lugar de servir como parte de las practicas disciplinarias y normalizadoras 
solo se limitaron a servir de ornamento a las clases soberanas. 

El prestigio que aportaron las ideas liberales funciono efectivamen- 
te en un sistema social no liberal basado en la dependencia, emblemati- 
zada en la practica del favor por parte del rico, de quien el hombre li- 
bre (a diferencia de la relacion entre terrateniente y esclavo) dependia 
para sobrevivir (Schwartz, 1992). «Bajo miles de formas y nombres, el 
favor configuro y sazono el conjunto de la vida nacional, excepto la re- 
lacion productiva de base que se garantizaba por la fuerza. El favor es- 
taba presente en todas partes, combinandose con mas o menos facilidad 
con la administration, la politica, la industria, el comercio, la vida de la 
ciudad, la corte, etc.» (1992, pag. 22). De hecho, el favor impregno in- 
cluso las ideas liberales, entablando una relacion sincretica con ellas. 
Schwartz se refiere a una suerte de disyuncion forma/contenido que 
opero de modo sincretico. Las instituciones eran liberales por fuera y 
dependientes por dentro. «Una vez que las ideas y motivaciones europeas 
se afianzaron, pudieron servir, y de hecho lo hicieron, como justifica- 
tion nominalmente "objetiva" de lo que era inevitablemente arbitrario 
en la practica del favor. » Tan unificados estaban el liberalismo y la de- 
pendencia que la practica estetica se puso del lado de la disyuncion. 
Schwartz afirma que este uso sincretico de las ideas liberales produjo 
gratitud, una compensation simbolica contradictoria que, sin embargo, 
«sintonizaba con el favor». 

Vale la pena repetir que este sincretismo no es ni imitation (a la ma- 
nera de Bhabha) ni inautenticidad sino, mas bien, un registro diferente de 
la expansion del capitalismo en las sociedades coloniales. 10 «La diferen- 

10. Si aceptamos la description inspirada en Weber y Habermas que hace Boaventura de 
Sousa Santos del desarrollo de la modernidad, vemos que en Latino am erica ocurre a la inversa: 
se desarrollan aquellos aspectos de la modernidad marginados en el Norte. Santos postula, como 
Habermas, dos polos del desarrollo moderno: el regulador y el emancipador. Cada uno de eilos 
tiene tres componentes logicos. La regulation es aportada por el Estado, el mercado y la corau- 
nidad; la emancipation se encuentra en las esferas estetico-expresiva, cognitivo-instrumental y 
moral-practica. De acuerdo con Santos {1995), la modernidad hegemonica se caracteriza, de un 
lado, por el predominio del mercado, y dei otro, por una ciencia basada en la instrumentalidad. 
Angel Rama (1967, 1970, 1985) es, quizas, el critico que mas defendio la vision de que los altos 
logros en la esfera estetica, especialmente en literatura a partir del siglo xix en adelante, son tan- 
to un reflejo de la insertion latinoamericana en la economia mundial, cuanto una compensacion 



84 / el recurso de la cultura 



cia, la comparacion y la distancia son parte de su definicion misma [...] 
Debido a ello, revelar la compiicidad de la autonomia y la dependencia, 
la completitud y la privacion, la razon y la arbitrariedad, una revelacion 
que en Europa significaba una verdadera proeza, podia despertar entre 
nosotros solo una moderada incredulidad [...] la mas prestigiosa ideolo- 
gia europea estaba destinada a desempenar el grotesco papel de una 
mania entre las manias [...] Encastradas en un sistema al que no des- 
cribfan ni siquiera en apariencia, las ideas de la burguesfa vieron como la 
vida cotidiana invalidaba su pretension de universalidad desde el co- 
mienzo mismo» (Schwartz, 1992). Estas ideas representaban su propia y 
contradictoria desacreditacion. Si eran aceptadas, la aceptacion, en la 
medida en que se basaba en la arbitrariedad y el favor, resultaba inacep- 
table en terminos liberales. La paradoja, asentada en el mismo capitalis- 
mo que dio origen a las ideas liberales, fue comprendida por la conciencia 
ironica e incluso cmica de los narradores de Machado de Asis, demos- 
trando que la critica razonada no era el unico medio de desenmascarar la 
violencia existente en el corazon del sistema de domination. 

Volviendo al tenia de la ley, vemos en Brasil y en otras sociedades la- 
tinoamericanas el fracaso de la ley y la disciplina en cuanto a converger 
en la normalization; en cam bio, el favor y otros pactos entre ricos y po- 
bres aportaron los presupuestos basicos de un mundo de la vida impreg- 
nado por la dependencia. El mundo de la vida, segun Habermas, propor- 
ciona la atmosfera donde las acciones de los miembros de la comunidad 
se coordinan con miras a la comprension (Habermas, 1984). Tomando en 
cuenta que los presupuestos basicos arraigados en las relaciones privadas 
son muy visibles en la vida publica brasilena, es harto evidente que la es- 
fera publica no es lo que parece. Esa disyuncion constituye incluso una 
caracteristica del sistema legal que contrasta «los derechos modernos, li- 
berales, igualitarios e individualistas» con «los principios legales conser- 
vadores». Roberto Kant de Lima enumera algunos procedimientos judi- 



simbolica por el subdesarrollo de las esferas economica, politica y cientifica, ocasionado en gran 
medida por el colonialismo europeo y el subsiguiente poscolonialismo de Estados Unidos. San- 
tos mismo, tomando como punto de partida a activistas politico-teoricos como Orlando Fals 
Borda y Paulo Freire, propuso la premisa de que el desarrollo fecundo de las nuevas formas de 
comunidad (que incluyen los movimientos en pro de la investigaticion-accion participativa, lo 
popular, las poblaciones rurales, los derechos humanos y la teologia de ia liberation), constitu 1 
yen el aporte latinoamericano a las formas igualitarias de regulation, pese a la indole autorita- 
ria y clientelista del Estado y del derecho. La estetica y la comunidad -las dos Iogicas subdesa- 
rrolladas de la modernidad- operan juntas para producir algunos de los movimientos masi= 
potentes, criticos y emancipadores, tal como lo atestigua la emergencia de una forma de expre- 
sion surgida de las luchas comunitarias contestatarias, y que llego a tener gran influentia en 
otras partes del hemisferio sur y del hemisferio norte. Testimonio es el ejemplo que suscito mas 
comentarios (veanse los ensayos en Gugelberger, 1996). 



LOS IMPERAHVOS SOCIALES DE LA PERFORM AUVIDAD / 85 



ciales que demuestran esa contradiction: la no autoincriminacion esta ga- 
rantizada por la Constitution, pero el hecho de no responder a las pre- 
guntas puede ser usado contra los acusados; se permite mostrar en secre- 
to las pruebas; los reos pueden mentir en su beneficio; a los jueces les esta 
permitido conducir a los testigos y formular preguntas no relacionadas 
directamente con los hechos; las practicas de corte inquisitorial y policial 
se asientan en un registro y pueden influir en las decisiones de los jueces 
(Lima, 1995). Mas aiin, muchas de las contradicciones del sistema legal 
se derivan de una cultura definida jerarquicamente: hay prisiones espe- 
ciales para los individuos de alta condition social como los graduados 
universitarios y los miembros de las fuerzas armadas; a los funcionarios 
publicos se les conceden privilegios legales cuando se los acusa por la co- 
mision de delitos. En lugar de leyes universalmente aplicables, «leyes di- 
ferentes rigen las relaciones entre los distmtos estratos de la ciudadama, 
y no son aplicadas entre las diversas clases sino solo internamente, entre 
los pares». 

Lima situa su analisis de la disyuncion en el corazon del sistema le- 
gal brasileno, en la relacion mas general entre las esferas publica y pri- 
vada, una relacion que contrasta marcadamente con la de Estados Uni- 
dos. Si en este pais, el eslogan «lo personal es politico* se convirtio en 
la muletilla de inspiracion feminista para combatir la subordinacion y la 
opresion que van mas alia de las garantfas de jure, en Brasil la tradicion 
judicial fundada en lo portugues contribuyo a transformar lo politico en 
una cuestion personal. La diferencia estriba, de acuerdo con Lima, en el 
limite tajante que separa ambas esferas en Estados Unidos, en contraste 
con la porosidad de lo publico y lo personal en Brasil. Dado que los con- 
flictos se dirimen en el dominio publico por autoridades que se someten 
a la jerarqufa preexistente, la vasta mayorfa de los brasilenos subordina- 
dos a este orden social recurren a las relaciones personales, caracteristicas 
de la esfera domestica, para protegerse de la inevitable arbitrariedad. 
«La extension del ambito privado tiene por objeto proporcionar resulta- 
dos predecibles a los conflictos publicos» (Lima, 1995). 

Gunnar Myrdal, en su extraordinario libro An American Dilemma, 
explico, a contrapeio del exceptualismo estadounidense, la fantasia de 
que Estados Unidos goza del imperio de la ley. Pese a su fe ultima en la 
capacidad de Estados Unidos para cumplir con sus ideales, Myrdal es 
uno de los pocos observadores de la cultura estadounidense en afirmar 
que la autocomprension nacional es un mito -el «credo americano» 
igualitario- que preserva los principios liberales mientras apoya el orden 
jerarquico. Atribuye el fenomeno a la fe en una ley natural y superior 
§ue justifica la desobediencia a las leyes existentes y, a la vez, al «deseo 
ae regular tiranicamente la conducta mediante leyes formales» (1996, 
pag. 16). Senalando la disparidad entre los ideales y la conducta real, so- 



86 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



bre todo con respecto a la subordination de los negros, lo que Myrdal 
describe es el fundamento estructural de una performatividad incapaz de 
comprender su contradiction intrmseca. Los estadounidenses no son hi- 
pocritas, dice, pero se conforman con el intento estrategico de «suprimir 
los smtomas de los males sin atacar las causas» (1996, pag. 20). 11 La es- 
tricta demarcation entre lo publico y lo privado, especialmente despues 
de la legislacion de los derechos civiles, es lo que presumiblemente supe- 
ra los obstaculos en la manera de resolver los conflictos mediante la apli- 
cacion universal de la ley. En rigor, el recurso a la publicidad constituye 
la estrategia basica para descubrir cualquier relation personal no desea- 
da, susceptible de alterar la vida publica en la escuela, en el lugar de tra- 
bajo y aun en las instituciones sociales y culturales (por ejemplo, prohi- 
bir a los gays que se paseen como tales por la via publica durante el 
desfile de San Patricio}. 

Esta supuesta creencia en la eficacia del debate publico y la aplicabi- 
lidad universal de la ley recibio, por cierto, severos golpes durante la de- 
cada de 1960 debido a la violenta represion de los Panteras Negras y de 
otros grupos anticoloniales que decidieron no adherir al « credo america- 
no» {Singh, 1999). El extraordinario fracaso del debido proceso continuo 
en una serie de instancias sumamente publicitadas que incumbfan al te- 
rrorismo de Estado (contra MOVE) y a la brutaiidad policial (contra 
Rodney King, Abner Louima, Amadou Diallo, etc.), y a los favores poli- 
ticos (los indultos de Clinton). En todos estos casos, la justicia no siempre 
parecio imponerse tal como se habfa garantizado. La confianza en la po- 
licfa, sobre todo entre los afronorteamericanos, es comprensiblemente es- 
casa, aunque los ataques del 11 de septiembre despertaron un patriotis- 
mo significativo que suspende, provisoriamente, el escepticismo con 
respecto al imperio de la ley. Tampoco creen los ciudadanos estadouni- 
denses que no haya clientelismo en su pais, cuando el gabinete y las polf- 
ticas de George W. Bush estan encaminados a hacer que sus socios petro- 
leros sean incluso mas ricos de lo que ya son. Por lo demas, la decision 
tomada el 12 de diciembre de 2000 por la Corte Suprema de Justicia con- 
cediendo la presidencia a Bush debilito aun mas la confianza en los fun- 
cionarios publicos. El juez Stevens escribio, con animo disidente: «La con- 
fianza en los hombres y mujeres que administran el sistema judicial 
constituye la verdadera columna vertebral del imperio de la ley. El tiempo 
curara algun dfa la herida que la decision de hoy infligio a esa confianza. 
Una cosa, sin embargo, es cierta. Aunque quiza no sepamos nunca con ab- 



ll.Este juicio proporciona un analisis valido de la actual guerra contra el terrorismo, pues 
Estados Unidos tendria que cuestionar primero sus propias estrategias, que permitieron la exis- 
tencia del terrorismo, tal como lo explique en la introduction. : - ; 



LOS IMPERATIV0S SOCIALES DE LA PERFORMATIVIDAD / 87 



soluta certidumbre cual es la identidad del ganador de esta election pre- 
sidential, la identidad del perdedor es perfectamente clara. Y es la con- 
fianza de la nation depositada en el juez como guardian imparcial del 
imperio de la ley» (Supreme Court of the United States, 2000). 

La torpe implementation de un nuevo sistema de seguridad patria 
luego de los ataques del 1 1 de septiembre revela la duplicidad de las acti- 
tudes de Estados Unidos hacia la ley. Por un lado, el presidente Bush, res- 
paldado por una hueste de politicos republicanos y democratas, hizo una 
primera defensa del pueblo arabe y musulman, el bianco de los patriote- 
ros del ala derecha. Por otro, el procurador general Ashcroft logro que el 
Congreso legitimara la violation a los derechos de ciudadanos e inmi- 
grantes por parte de Estados Unidos. Entre otras restricciones a las liber- 
tades, Ashcroft redujo, por decreto, la Ley de Libertad de Information, 
que es «un contralor esencial de la ilegalidad del gobierno tanto en la paz 
como en la guerra », y dio una nueva directiva segun la cual «se permitfa 
escuchar en secreto las conversaciones entre algunos abogados y clientes 
en el Federal Register » (Rich, 2001). Robert B. Reich, secretario de Tra- 
bajo durante la presidencia de Clinton, se sorprendio de que este desliza- 
miento hacia un Estado policial no suscitase una mayor oposicion (cita- 
do en Belluck, 2001). Pero el punto reside, tal como lo afirmaron desde 
mucho tiempo atras quienes se dedican a los estudios cnticos legales, en 
que el imperio de la ley es el imperio de la conveniencia. De acuerdo con 
la explication de Michael C. Dorf, profesor de derecho constitutional en 
la Universidad de Columbia, «los derechos constitucionales estan siem- 
pre, en alguna medida, desautorizados por ciertas circunstancias» (citado 
en Belluck, 2001). 

Ya he dicho que las luchas por los derechos civiles establecieron un 
paradigma que permitio a la identidad constituirse en una plataforma a par- 
tir de la cual el acceso a los derechos sena legislado. Pues bien, ese para- 
digma se esta derrumbando no solo porque la sociedad liberal y las insti- 
tuciones hegemonicas gradualmente lo revocaron, sino tambien porque 
quienes procuran restablecerlo no aceptan de buen grado un incrementa- 
lismo liberal de poca movilidad. En rigor, el escepticismo de los teoricos 
cnticos de la raza con respecto a la ley se hace eco de las sospechas brasi- 
lefias. Estos afirman que las asimetrias forjadas por la jerarquia del racis- 
mo constituyen una parte normal y normalizadora de la sociedad esta- 
dounidense; por tanto, solamente las polfticas que tengan plena conciencia 
del color pueden ocuparse del ratismo (Delgado y Stefancic, 1997). Hay 
una cierta ironia en ello, pues en vez de poner fin a las categorizaciones 
racistas dentro del discurso liberal, legal e institutional (legislacion de los 
derechos civiles, designation de grupos para la action afirmativa, catego- 
rizaciones a partir de censos), ellos postulan que la lucha debe llevarse a 
cabo en torno a esas mismas identidades. Sea como fuere, los medios por 



88 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



los cuales tanto los reformistas liberales cuanto los teoricos criticos de la 
raza procuran promover sus programas son bastante diferentes del caso 
brasileno. Y esa diferencia, pese al escepticismo, depende de la practica 
en hacer publicas yala vez politizar las identidades no normativas que se 
considera han sido segregadas de la nacion «americana». Por esa razon 
estos teoricos no son muy receptivos a interpelaciones del tipo «mis com- 
patriotas americanos». 

Los brasilenos, incluida la mayoria negra, son por el contrario pri- 
mero brasilenos y luego algo mas. Marcelo Penha (2001) explica el hecho 
remitiendose a una historia de gubernamentalizacion que «homogenei- 
zo los referentes culturales [...] vinculandolos a un referente nacional». De 
acuerdo con Roberto DaMatta (1991), el dicho estadounidense «separa- 
dos pero iguales» (considerado como una falsedad por los teoricos criticos 
de la raza) contrasta con el brasileno «" diferentes pero unidos", que es la 
regla de oro de un uni verso jerarquico y relacional tal como el nuestro». 
La pertenencia nacional es algo que ni siquiera niegan los grupos mas con- 
testatarios y que caracteriza asimismo a otras sociedades latinoamerica- 
nas. Quiza el mejor ejemplo sea el de los Zapatistas, quienes insisten en in- 
tegrate a la nacion mexicana de veras, al tiempo que luchan intensamente 
por la autonomia de las comunidades indigenas. «Queremos que esta na- 
cion asuma legalmente nuestro reconocimiento, no solo como un senti- 
miento moral que puede ser silenciado por la manipulacion de los medios. 
Un reconocimiento que diga: " Yo reconozco legalmente que estos, que son 
diferentes, tienen estos derechos y son parte de mi". Ese es el verdadero pa- 
pel de la Constituci6n» (Monsivais y Bellinghausen, 2001). Eso no quiere 
decir que ellos acepten el clientelismo, el favor y otros rasgos que marca- 
ron la sociedad mexicana. Integrarse a la nacion significa, por el contra- 
rio, librar a la sociedad de semejantes formas de jerarquizacion. 

Segun Garcia Leon (1998), los Zapatistas lograron ocupar ese espa- 
cio fundamental porque el Estado mexicano no pudo resolver la serie de 
crisis que comenzo a principios de la decada de 1980 con la crisis de la 
deuda. De la Madrid y Salinas intentaron una reforma centrada en la eco- 
nomfa y para llevarla a cabo tuvieron que recurrir al corporativismo del 
PR1 al cual trataron de mantener, no obstante, bajo control. Este proceso 
dejo muchos espacios vacios que, ademas de debilitar las bases previas, 
fueron ocupados por numerosas respuestas locales: todo tipo de organis- 
mos civiles, proyectos economicos, grupos de autogestion, desobediencia i 
civil y aun resistencia armada. Aunque eran realmente heterogeneos y j 
con rafces locales, se vieron, asimismo, magnetizados por un campo de l 
fuerza. En este contexto, mas que rechazar el mito de la nacion, falseado j 
por la exclusion y la precariedad de las esferas publicas, estos grupos j 
quieren suplementar el mito y hacerlo mas abarcador y mas eficaz. Reto-J 
mare el tema de los Zapatistas en el capitulo 3. 



LOS IMPERATIV0S S0CIALES DE LA PERFORMAUVIDAD / 89 



DaMatta aporta pistas para entender la marcada diferencia de la 
fuerza performativa en la sociedad latinoamericana. La magistratura, las 
escuelas, los medios masivos, el mercado, etc., no producen el mismo tipo 
de identidad politica observada en Estados Unidos, ni tampoco una «re- 
presentacion» basada en ell a. Para DaMatta, el carnaval captura perfor- 
mativamente la relacion entre lo publico (la calle) y lo privado (el hogar}, 
un tema que resenamos brevemente aqui. Durante el carnaval, el espacio 
normalmente impersonal de la calle se invierte, despojandose de su im- 
personalidad y autoridad (la ley) a medida que lo impregnan las normas 
famiUares inherentes al hogar, donde la gente aprende a «ser alguien». En 
verdad, uno de los actos del habla mas representados por los brasilenos, 
quienes buscan una medida de control sobre las interacciones publicas, 
refleja la inversion ritual del carnaval. La red de conexiones personales en 
la esfera publica posibilita el intento de moderar la contingencia en dicha 
esfera. Cuando un brasileno le pregunta a otro, especialmente a una au- 
toridad: «,;Sabe usted con quien esta hablando?» (este acto tambien pue- 
de expresarse por otros medios lingufsticos y performativos), procura de 
hecho neutralizar la supuesta ventaja del otro, apelando a cualquier esta- 
tuto proveniente de la red de conexiones. 12 Se espera que la apelacion a la 
jerarquia mitigue las invocaciones de la ley. 

DaMatta establece una distincion entre «diversidad», como la logica 
dominante de la sociedad estadounidense, y «mezcla», caracterfstica de 
Brasil. Esta distincion aprehende ciertamente algo de la segregation his- 
torica que, desde los tiempos de Jim Crow, puso en su lugar a muchos ha- 
bitantes, una practica que continua operando en la politica de la identi- 
dad a traves de las reivindicaciones de la diferencia. Todo ocurre como si 
en Estados Unidos la ley le exigiese a la gente establecer rigidas demarca- 
ciones partiendo de las cuales comprometerse en la controversia politica. 



12. Segun DaMatta, en Estados Unidos la gente no le dice a un policia o a una autotidad 
«<;Sabe usted con quien esta hablando?». En este pais, el problema es posiblemente el in verso. Es 
el policia quien se lo dice a la persona discriminada, por ejemplo, espetarle un « i Quien demo- 
nios se piensa que es?» a un conductor negro de automovil. Una conducta semejante por parte 
de la policia constituye una caracteristica del perfil racial. Alvin Pouissant, un profesor de psi- 
cologia en Harvard, describio su miedo y su furia cuando un poiicia lo interpelo de ese modo 
(Kochman, 1973). Otro caso intetesante fue protagonizado pot un empresario negro de rap-<:o- 
propietario de The Source- quien intento utilizar el «^Sabe usted con quien esta hablando?» con 
un policia de Miami y recibio una desagtadable pero previsible respuesta: ser arrestado y, su- 
puestamente, golpeado (Odierna, 2001). Cuando las personas leen acerca de estas cosas piensan 
en la probable reaccion de la policia, similar a la comentada por Poussaint. En cierta ocasion, el 
■congresista Arthur Mitchell (diputado por Illinois) trato de viajar en primera clase pero se lo im- 
. pjdio el conductor de tren: «Me dijo que el hecho de quien era yo no cambiaba un rabano las co- 
;Sas, que en tanto y en cuanto fuese un negro no podia viajar en ese vagon» (Mitchell versus Es- 
ta dos Unidos, vease Brooks, 1992). 



90 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



En Estados Unidos los individuos.quedan fijados en una categoria espeti- 
fica, y esas categories son consideradas como significativas, incluso por 
los construccionistas sociales. En Brasil, por el contrario, cada imo ya 
«conoce su lugar», pero allf la interaction social opera, mas bien, como 
una evaluation estrategica de las ventajas o desventajas pasibles de ser 
producidas por la pertenencia al lugar Por ejemplo, en el estudio etno- 
grafico de Ilka Boaventura sobre la identification racial en la surena ciu- 
dad de Florianopolis, se descubrio que las personas que interactuaron 
con ella o con sus asistentes tendfan a identificar de un modo relational, 
mostrandose mas abiertas o mas cerradas segun si percibfan al entrevis- 
tador como negro o bianco. El estudio corroboro la disyuncion entre la 
investigation sobre el «racismo cordial » de Folha de Sao Paolo/Datafolha 
(1995), donde se estimo la poblacion blanca y la negra/mestiza en un 39 
y un 50%, respectivamente, y el censo de 1996, donde la proportion de 
blancos (55,2%) superaba a la de negros y mestizos (44,2%) (Nascimen- 
to y Nascimento, 2000). La diferencia se debe sin duda al uso de metodos 
de investigation dispares, pero tambien a la renuencia del gobierno a ocu- 
parse adecuamente de la raza, asi como a un enfoque monolitico de la 
identification derivado, en gran parte, de las actitudes peyorativas hacia 
la negritud. 

EI estudio de DaMatta sobre el carnaval demuestra que la represen- 
tation publica, la interaction en la calle, constituye en gran medida la 
personalization ritual de lo impersonal. Ello fomenta por consiguiente el 
favor, el patronazgo y el clientelismo que socavan la ley. Estos efectos se 
manifiestan en la practica del jeitinho, traducido como «desviar las nor- 
mas», «mover los hiIos» o «soslayar la burocracia». Para Livia Barbosa 
(1995), se trata de «una manera rapida, eficaz y concebida a ultimo mo- 
mento de alcanzar una meta rompiendo una norma universalista y usando 
en su lugar recursos sociales o personates de tipo informal . Mas aim, es 
otra expresion del «entre-Iugar» o inter-medio que caracteriza las socie- 
dades latin oamericanas donde las jeraqmas, incluidas aquellas que suelen 
someterlas al atraso y a la falta de originalidad, se subvierten (Santiago, 
1978). El «entre-lugar» es, por otra parte, la situation de aquellas cultu- 
ras cuya originalidad es ni-ni (vale decir, no son ni europeos ni proyec- 
ciones eurocentricas de la aborigenidad), sino tanto-como. 

Tomando esta clave de Derrida, Santiago considera que las culturas 
son suplementarias y crean algo nuevo agregandolo a los repertorios ya 
existences. La suplementacion es una forma de desidentificacion, pero el 
enfasis no recae en «des» ni tampoco en identification. Santiago se refie- 
re a una logica del «tanto-como» antes que a una logica del «no que». 
Santos, por su parte, intenta explicar los ongenes de esta inclusion para- 
dojica relacionandola con la «modernidad excentrica», la alternativa de 
la cultura barroca mediterranea legada por las colonias iberoamericanas. 



LOS IMPERATIV0S SOCIALES 0E LA PERFORMATIVIDAD / 91 



De acuerdo con Santos (1995), estas sociedades se distinguen por la falta 
de un poder central fuerte, que a su vez le «confiere al barroco un carac- 
ter inacabado y flexible que deja espacio a la autonomfa y creatividad de 
los margenes y periferias». La apariencia, el formalismo, la ambiguedad 
y la mezcla (especialmente la mezcla racial o mestizaje) son las caracte- 
risticas sobresalientes del barroco latinoamericano. Aplicando al carna- 
val lo que para Bajtin es una paradojica combination de apoteosis y pa- 
rodia, Sarduy extiende este ethos a las sociedades latinoamericanas en 
general y de ese modo coincide en parte con DaMatta y Santiago. 13 Em- 
pero, la caracteristica « tanto-como » del neo barroco y otros estilos latino- 
americanos tales como el realismo maravilloso, han sido reificadas y usa- 
das para definir esos paises como lugares donde impera una fantasia 
exotica, casi sobrenatural. Se han invocado esos estilos incluso para ha- 
blar de un posmodernismo latinoamericano avant la lettre (para la criti- 
cs de este punto, vease Yudice, 1992a), 

Esos estilos paradojicos tienen rasgos en comun con la description 
que ofrece DaMatta de la sociedad brasilena: el llamado a las redes per- 
sonales y religiosas en la negotiation del poder, especialmente por parte 
de los pobres o clases populares, como se los conoce en America latina. 
En rigor, la historia de las identidades latinoamericanas en el siglo xx es, 
en gran medida, la de la representation, la seduction, la incorporation, la 
cooptacion y la represion de estas clases populares. Como en ciertos pai- 
ses europeos (Italia, por ejemplo), lo «popular» se refiere a la cultura y a 
las practicas del campesinado y las clases trabajadoras. Por esta razon, la 
description gramsciana de las luchas hegemonicas, especialmente el enfa- 
sis en el fracaso de lo national-popular en Italia, 14 resulta significativa 

13. Se ha escrito mucho sobre el barroco y neobarroco latinoamericano. Severo Sarduy 
(1980, 1982, 1987) es quizas el teorico mas original de esa tendencia. 

14. La idea de lo popular fue usada por Gramsci en su diagnostico sobre ei surgimiento 
del fascismo en la Italia de la decada de 1920, como parte de su programa para impuisar !a po- 
litica italiana en una direccion mas revolncionaria. Segun la estimacion de Gramsci, los intelec- 
tuales progresistas italianos no estaban en contacto con las fuerzas sociales, particularmente con 
las «masas populares », necesarias para construir una conciencia [«nacional popular »] o «volun- 
tad colectiva», que a su vez resultaba indispensable para la revolution. De acuerdo con Grams- 
ci (1971), cada grupo social que desempena un papel en ia produccion economica «crea, junto 
consigo, organ icamente, uno o mas estratos de intelectuales que le confieren homogeneidad y le 
perrniten percatarse de su propia funcion no solo en lo economico, sino tambien en los campos 
social y politico*. Tal conciencia unificada exige una «batalla cultural »para crear una concien- 
cia de clase y, ademas, trasladar dicha conciencia a otras clases a fin de lograr la hegemonia, lo 
cual constituye un acto historico. En Francia, los jacobinos ingresaron en el bloque [«nacional 
popular»] forjando una alianza con las «masas populares», especificamente con el campesinado, 
que posibilito la creacion de un Estado moderno. Pero el legado de una dominacion «socioeco- 
n6mica» cuasi feudal en Italia, caracterizada por ciudades-estados, regiones dependientes y un 
bloque mecanico de grupos sociales, no condujo a la unificacion nacional hasta el Risorgimento, 



92 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



para America latina, donde estas clases superan en numero a la escasa 
clase media yala minuscula alta burguesia. 

En Estados Unidos, aunque el termino «popular» alude real y etimo- 
logicamente «al pueb!o», se ha convertido en un sinonimo de cultura de 
masas. Tal vez ello se deba a la ubicuidad de lo mediatico y de las indus- 
trias para el consumidor que contrastan con el mantenimiento o la recrea- 
cion de lo rural, lo indigena, las tradiciones afrolatinas y religiosas en 
Latmoamerica, precisamente el reservorio cultural que permitio a los in- 
telectuales minar los estilos antes mencionados. Y, mas importante aun, la 
diferencia se debe a la falta en Estados Unidos de un populismo universal 
que incorpore a todas las clases subaiternas. Aunque hubo momentos po- 
pulistas sobre todo durante las decadas de 1890 y 1930, estos no extraje- 
ron su definition de un imaginario mestizo equivalente, como ocurrio en 
la mayoria de los paises latinoamericanos. El fracaso en incorporar a los 
negros, especialmente en las luchas obreras, significaba que el populismo 
solo podia ser parcial y no un universal nacional. Cabrfa decir que la se- 
gregation ha socavado cualquier posibilidad de identidad nacional popu- 
lar en Estados Unidos, y puesto que ahora la posmodernidad neoliberal 
fomenta la multiplication de las diferencias, esta posibilidad se halla ex- 
cluida. Lo nacional popular democratico requiere la generalization a tra- 
vels de las diferencias regionales, polfticas y raciales. 

La construction de una voluntad nacional popular en las sociedades 
latinoamericanas enfrento desafios similares a los descriptos por Grams- 
ci. Juan Carlos Portantiero (1981) considero, por ejemplo, que el analisis 
de Grasmci del «cesarismo» y del «bonapartismo» eran aplicables a los 
populismos nacionalistas latinoamericanos, espetificamente el varguismo 
en Brasil, el cardenismo en Mexico, el peronismo en la Argentina y el 
apnsmo en Peru. Esta situation se produce cuando un antagonismo po- 
tencialmente catastrofico entre fuerzas sociales es intervenido por un ter- 



ocurndo a mediados del siglo x IX , y luego solo «inorgamcamente» bajo el liderazgo de Cavour 
y del Partido Moderado, sin una participation significativa de las clases populares. De liecho la 
ausencia de elementos populares permitio al Partido Moderado absorber a los intelectuales mas 
liberales y democratic del Partido de la Action de Mazzini y Garibaldi, sirviendo asi a los in- 
tereses de los capitalistas (piamonteses) del norte. Gramsti denomina a esta domination norte- 
na «una dictadura sin hegemoma*, en la cual el Piamonte actuo como sustituto pero no funcio- 
no verdaderamente como un grupo social «dirigente». La burguesia norteiia no mostro «la' ; 
inflexible voluntad de convertirse en el "partido principals, como lo hicieron los jacobinos En 
iugar de ello, el estado piamontes «lidero» al grupo que debio haber sido el «Iiderante» y man- 
tuvo relativamente unidos a los nuclei de la clase gobernante. Pero estos nuclei «no deseaban "H- 
derar" a nadie»; no querian, por ejemplo, concil.ar sus intereses y aspirationes con los intense*! 
y aspiraciones de otros grupos». El resultado fue el fracaso en lograr «una voluntad national 
popular colecnva, especialmente sin un estalHdo simultdneo en la vida poiitica» de la <<gran masa 
de agricultores». 



LOS IMPERATIVOS SOCIALES 0E LA PERFORM ATIVIDAD / 93 



cer actor, digamos los militares, quienes ponen en movimiento un «con- 
junto de fuerzas [a menudo populares] dirigidas por su influencia hege- 
monica y sometidas a ella»; y «logran, hasta cierto punto, difundir sus 
intereses en el Estado y reemplazar a una parte de los dirigentes» 
(Gramsci, 1971). En tal caso, las fuerzas populares no toman obviamen- 
te el poder, sino algunos de sus programas, y se incorporan en las politi- 
cas del Estado especialmente aquellos articulados en la ofensiva ideolo- 
gica del tercer actor contra las fuerzas dominantes. 

Las narrativas del neobarroco y del realismo magico pueden evocar 
las transacciones entre el poder de quienes gobernaban el Estado y aque- 
llos susceptibles de provocar disturbios en las calles y en los campos, pero 
estas narrativas no son los factores determinantes de los tipos de populis- 
mos surgidos desde la decada de 1920 a la de 1930, pese a la afirmacion 
en contrario de los reificadores culturalistas. Los populismos se relacio- 
naron con las componendas, cooptaciones y represion politicas en el con- 
texto de una nueva reacomodacion a la economia mundial. Estas tran- 
sacciones, englobadas bajo el nombre de corporativismo, permiten a los 
individuos participar en los procesos politicos y sociales a traves de insti- 
tuciones aprobadas y reguladas por el Estado, que gozan de diversos gra- 
dos de autonomia con respecto al gobierno central. Hay una disemina- 
cion de relaciones personalistas del tipo patron-cliente, basadas en los 
favores concedidos a todas las instituciones estatales y a los organismos 
de la sociedad civil. Lo publico y lo privado se hallan inextricablemente 
unidos, y de ese modo montan el escenario, por asi decirlo, para la per- 
formatividad politico-cultural de los sectores populares. Si existe una tra- 
dition performativa en los paises latinoamericanos, entonces esta consi- 
derablemente constituida sobre la base de lo popular, al menos desde la 
decada de 1920. 

Las mas energicas economfas y sociedades latinoamericanas de las 
decadas de 1920 y 1930 -Argentina, Brasil y Mexico- se caracterizaron 
por los pactos corporativistas entre las elites alineadas con el Estado que 
promovfan la industrialization como sustituto de la importation (ISI), el 
desarrollismo y un populismo nacional igualmente estatizante en busca 
del Estado benefactor. Es posible rastrear los ongenes de las enormes bu- 
rocracias que proporcionaron apoyo a la cultura nacional popular en esta 
paradojica situation, en la cual se recrearon las entidades de Europa Oc- 
cidental que mas habian sustentado la cultura: la education, la radio, el 
cine, los museos etnograficos y las instituciones antropologicas. La cultu- 
ra «del pueblo » se difundio a partir de esos ambitos, no fuera del merca- 
do sino dentro de las industrias culturales controladas y a veces subsidia- 
das por el Estado. Los ejemplos mas sobresalientes son el samba y el 
carnaval en Brasil, el tango en la Argentina, y la radio, el cine y las ran- 
cheras en Mexico. Se dice que Peron imito la sonrisa del por entonces 



94 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



recien fallecido Carlos Gardel, la.superestrella del tango, buscando acor- 
tar la distancia entre el Estado y las masas que idolatraban al cantor/es- 
trella de cine. La nationalization del samba, por ejemplo, implico la in- 
tervention del regimen de Vargas en las industrias de la musica y en 
diversas instituciones sociales como el carnaval y las redes «populares», 
en la decada de 1930 (Raphael, 1980; Vianna, 1999). Ello produjo la cul- 
tura misma en cuyo nombre supuestamente se emprendieron esas artes. 
Durante el proceso, el Estado se convirtio en el arbitro del gusto. 

La preponderancia del apoyo estatal para ciertas formas y practicas 
populares desde principios del siglo xx -el muralismo en Mexico, el sam- 
ba en Brasil, el son, el realismo magico y las narrativas testimoniales en 
Cuba- corrobora la existencia de culturas singulares transculturadas (Or- 
tiz, 1940, 1995) o hfbridas (Garcia Canclini, 1995), cuyo significado no 
puede ser aprehendido adecuadamente por el doble vinculo del eurocen- 
trismo y del nativismo poscolonial. La hibridacion fue al principio un pa- 
decimiento que sena contenido de un modo insoportable por el Estado 
colonial iberico y teocratico, cuyos subditos ideales se constitufan a tra- 
ves de la represion. Pero a comienzos del siglo xx, la hibridacion se esta- 
ba convirtiendo en el signo mismo de la modernidad latinoamericana 
contra la Ilustracion definitoria del ciudadano y contra las narrativas po- 
sitivistas enraizadas allf en el siglo xix. Diversos regi'menes populistas re- 
conocieron que la cultura vernacula de las masas trabajadoras proveena 
la cohesion simbolica de la nation, imprescindible para avanzar a un mie- 
vo estadio del desarrollo economico. Desde la decada de 1930 hasta la de 
1960, el populismo siguio aportando la imagineria que permitio aceptar, 
tanto en el piano domestico cuanto en el exterior, las identidades natio- 
nals latinoamericanas como simbolicas y estereotipicas. Las clases tra- 
bajadoras fueron idealizadas en la radio y en la pantalla, en parte para 
cooptar sus crecientes demandas, a veces eficaces y a menudo violentas, 
contra el Estado y la sociedad burguesa. Ademas de la cooptacion cultu- 
ral, sufrieron tambien la brutal represion de los gobiernos militares, con 
la ayuda neoimperialista de Estados Unidos. 

Sin embargo, las circunstancias historicas que posibilitaron el surgi- 
miento del ciasico populismo latinoamericano cambiaron en la decada de 
1960, caracterizada por la cristalizacion de una conciencia cultural co- 
mun entre los llamados sectores populares y los intelectuales izquierdis- 
tas, con el potential para crear una hegemoma alternativa que modifica- 
ra los acuerdos clientelistas entre las elites politicas y las masas, que se 
expresaban cada vez mas con voz propia. Los proyectos de desarrollo de 
las decadas de 1950 y 1960 fueron el catalizador de la movilizacion po-a 
pular. A mediados de la decada de 1950, por ejemplo, surgieron el refor- 
mismo del Instituto Superior de Estudios Brasilenos (ISEB), los Centros 
Populares de Cultura marxistas, el ala izquierda del movimiento para 



LOS IMPERATIV0S SOCIALES DE LA PERFORM ATMDAD / 95 



despertar la conciencia catolica y el Movimiento en pro de la Cultura Po- 
pular del Nordeste (Ortiz, 1988}. A. semejanza de la Teologia de la Libe- 
ration, esos movimientos optaron por «los pobres», es decir, por lo po- 
pular. Fueron el bianco del golpe militar en 1964 y de la linea golpista 
mas dura que derroco gobierno tras gobierno desde 1968 hasta 1973. 
Los militares formularon politicas tiaras para modernizar la sociedad 
brasilefia, vale decir, para resignificar y transformar la notion y la reali- 
dad mismas de lo popular, desde una perspectiva enraizada en la clase y 
en las luchas culturales a una idea de popularidad definida por los mer- 
cados de consumo. 

La Revolution Cubana significo un poderoso estirnulo para difundir 
el pensamiento de izquierdistas y antidependentistas en toda la region, 
quienes tambien explotaron los movimientos de profunda raigambre po- 
pular y national en casi todos los pafses latinoamericanos. Cuando esos 
movimientos comenzaron a desempenar un papel en el proceso hegemo- 
nico, sus perspectivas fueron relativamente incorporadas en la ideologia 
vigente, hasta el punto que los institutos dedicados a las ciencias sociales, 
los organismos estatales y los centros de production independientes ad- 
hirieron todos a la «cultura popular». No obstante, la radicalizacion de 
algunos «sectores popuiares» ponia en peligro el legado del corporativis- 
mo, del clientelismo, del jeitinho, del favor y de otras cosas similares. Las 
fuerzas del «orden» respondieron, por consiguiente, con la mayor bruta- 
lidad, como en el caso de la promesa/amenaza del general Jorge Videla de 
que «en Argentina morira tanta gente como sea necesario para restaurar 
el orden» (Pion-Berlin, 1989). Las negociaciones jerarquicas,cada vez mas 
repudiadas por las masas politizadas, dieron paso a la ruptura del pacto 
con lo popular y al surgimiento de iniciativas revolucionarias. Las dicta - 
duras militares de la lmea dura tomaron ei poder en Brasil (1964), Chile 
(1973), en Uruguay (1973) y en la Argentina (1976). 

La industrialization como sustituto de la importation ya no era via- 
ble en la economia mundial y los bloques de poder se reunificaban bajo 
el control del capitalismo transnational. Las articulaciones izquierdis- 
tas del populismo, transmutadas en movimientos de guerrilla en muchos 
contextos, provocaban la energica reaction de las nuevas dictaduras 
(Cono Sur} o de los gobiernos autoritarios (Mexico). En tales circunstan- 
cias, las tacticas estadounidenses contra la insurgencia significaron una 
importante intervention, pues ofrecfan la zanahoria del desarrollo (por 
ejemplo, la Alianza para el Progreso) y daban con el palo de la interven- 
tion militar (por ejemplo, el golpe chileno) y el adiestramiento (por ejem- 
plo, la Escuela de las Americas). Desde una perspectiva analftica cabe de- 
cir que cuando las clases dominantes ya no pudieron transformar ni 
neutralizar esos populismos radicales, la coercion desembozada (tortu- 
ras, mas acres, desapariciones) paso a ser el instrumento prescripto para 



96 I EL RECURSO DE LA CULTURA 



refrenar las amenazas. Al mismo tiempo, las nuevas industrias mediati- 
cas, especialmente la television -cuya reorganization en conglomerados 
como Televisa en Mexico y Globo en Brasil fue facilitada por los go- 
biernos represores- comenzaron a convertir a los populares en consu- 
midores. 

Las dictaduras ejercieron un riguroso control politico, social y cultu- 
ral de la poblacion, desafiado por la actividad de la guerrilla armada o bien 
por estilos performativos que oponian resistencia valiendose de la alego- 
na. La fuerza performativa era absolutamente literal, y cualquier gesto 
fuera de la normatividad, cualquier presunto signo de subversion podia 
acarrear la desaparicion y la muerte (Partnoy, 1986). Los militares gene- 
raron una «cultura del miedo» donde la incertidumbre, la inseguridad y el 
terror paralizaron toda forma de action colectiva (Corradi et al., 1992); 
de ahf el recurso a la alegona. Pero la fuerza performativa invocada por la 
alegona cala mucho mas hondo que el miedo a revelar la propia oposicion 
al regimen. Ademas de la represion militar, la resistencia alegorica Ilevo lo 
popular al borde de la ruina. Ello se manifiesta en la literatura alegorica 
de los anos de la dictadura (por ejemplo, en Casa de campo de Donoso), 
que marco una desviacion epocal del imaginario popular expresado en el 
realismo magico. Esto es, se extingue el registro estetico (realismo magico) 
de la transaction clientelista (Estado + popular), pero su lugar no es ocu- 
pado por ninguna otra relacion evidente (o representable). El resultado no 
es sino el duelo por esta relacion perdida. Idelber Avelar lo caracteriza de 
la siguiente manera: «este viraje a la alegona representa una transmuta- 
tion epocal paralela y coextensiva con respecto a la imposibilidad esencial 
de representar el fundamento ultimo [de las relaciones], un fallo constitu- 
tive que instalo el objeto de representation como objeto perdido» (1999). 
A4as aun, eliminando la participation del pueblo, las dictaduras militares 
se libraron del rasgo emancipatorio de la modernidad y dejaron solamen- 
te «la integration en el capital global en calidad de socios menores» 
(1999). 

La anulacion de la emancipation no entrano el abandono de la cul- 
tura. Por el contrario, estas dictaduras fascistoides instalaron un Estado 
cultural fuerte basado sobre todo en la modernization de los medios ma- 
sivos, una tarea encomendada a las elites tecnocratas (Waisbord, 2000; E. 
Fox, 1997). Es precisamente en este contexto modernizador que promo- 
vio el olvido del pasado y de las victimas de las dictaduras, donde emer- 
gio la polftica performativa mas importante. Las madres y abuelas de Pla- 
za de Mayo, contraponiendose diametralmente a la performativad de la 
transgresion en Estados Unidos, se invistieron con todos los atributos de 
los valores de la familia, la maternidad y la solicitud personalista, no para 
burlarse o desconstruirlos, sino para avergonzar a los militares y obligar- 
los a cumplir con esos valores. Usaron los vestidos negros tradicionales 



LOS IMPERATIVOS SOCIALES DE LA PER FORM AH VI DAD / 97 



de las mujeres de luto, panuelos con los nombres de sus hijos desapareti- 
dos y marcharon sosteniendo pancartas con las fotografias de sus fami- 
liares. Estas mujeres extendieron, paradojicamente, la esfera domestica a 
la ocupada esfera publica con el proposito no solo de pedir justicia para 
ios 30.000 argentinos desaparecidos, sino para devolverles aquello que 
Ies habian quitado-. su condition de personas. En otras palabras, los mili- 
tares no honraron el papel de patriarcas que desempenaban en la sufrida 
esfera publico-privada donde ejertian su autoridad. Si se iba a hacer jus- 
ticia, se necesitaba entonces un proceso de duelo que requeria la restitu- 
cion'de rostros y cuerpos mediante las pancartas con fotografias exhibi- 
das en publico. Diana Taylor (1997) dice al respecto: «Los militares y las 
madres volvieron a representar una fantasia colectiva». 

Mucho se ha escrito sobre las madres y abuelas de Plaza de Mayo, y 
se critico a Taylor por sugerir que ellas participaron en una fantasia na- 
tional. Aunque Taylor critica realmente la falta de cuestionamiento de la 
esfera domestica dentro del movimiento de las madres y abuelas, 15 su pre- 
misa basica se refiere a la manera como los militares se representaron a si 
mismos -en su papel paternal- como parte de la estrategia de legitima- 
tion, arrojando a los otros a posiciones filiales o feminizadas. A semejan- 
za de los casos estadounidenses ya resenados, quienes se oponian a la 
fuerza performativa de los que detentaban el poder, lo hicieron recurrien- 
do a los roles proyectados por dicho poder. Taylor denomina a este feno- 
meno «malos guiones». Desde mi punto de vista, sin embargo, las «trans- 
gresiones» representadas en las guerras culturales por los «progresistas» 
estadounidenses eran igualmente «malos guiones», esto es, guiones cauti- 
vos en una fuerza performativa dinamica de la cual ni los protagonistas 
ni los antagonistas podian librarse facilmente. El problema no reside tan- 
to en los guiones sino en el escenario (campo de fuerza) donde se los re- 
presenta. Si lo que se busca es una agenda no adulterada, la complejidad 
del escenario no permite ese tipo de desenlace. 

Las madres, abuelas y otros grupos ayudaron, sin embargo, a trans- 
formar el escenario donde la fuerza performativa permeo a la sociedad 
argentina. Mas que cuestionar el papel desempefiado por la familia y su 
impacto en las esferas publicas, exigieron que se cumpliera un pacto per- 
formativo traditional. Como veremos mas adelante, esta estrategia, que 
contrasta marcadamente con la cruzada de los «izquierdistas culturales» 
estadounidenses para romper con el pasado, tambien caracteriza la reso- 



15. Lo mismo critica Elizabeth Jelin, tal vez ia estudiosa que mas influyo en el discurso y 
la politica de los derechos humanos en la Argentina: «Me parece lamentable que la imagmeria 
respecto de la familia y la defensa y reproduccion de los fazos familiares hayan estado tan pre- 
sences en esta parte del movimiento por los derechos humanos » (Jelin y Kaufman, 1998). 



98 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



lucion de muchos brasilenos de aprovechar la «democracia racial» y no 
seguir el camino de la institucionalizacion de los derechos civiles, como 
en Estados Unidos, ni el de los Zapatistas que no quieren abolir la nation 
sino rearticularla de un modo mas inclusivo (vease capitulo 3). Podria- 
mos decir que las dictaduras y los procesos de democratizacion produje- 
ron un cambio profundo en los gobiernos latino americanos, tan signifi- 
cative como la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Pusieron 
en movimiento una nueva polftica performativa que modifico notable- 
mente las representaciones de lo popular durante el periodo anterior. El 
hecho de dar vuelta lo personal y enderezarlo despues les permitio repre- 
sentor un nuevo drama: los derechos humanos. 16 

En Brasil, la movilizacion de muchisimas organizaciones de derechos 
humanos «proyectaron sus demandas en la escena piiblica y obtuvieron 
importantes victorias que dejaron su huella en la Constitution de 1988 » 
(Paoli y Tellers, 1998), aunque la escalada de violencia en la decada de 
1990 atempero, si no eclipso, los logros obtenidos por la ciudadama du- 
rante los afios vertiginosos y optimistas del decenio previo. Como en 
otros paises de la region, la democratizacion que siguio a las dictaduras 
en la decada de 1980 fue el producto de movimientos sociales cuyas rei- 
vindicaciones trascendian con mucho las demandas de respeto por los de- 
rechos humanos y de castigo para sus violadores. Sin embargo, el discur- 
so de los derechos humanos se infiltro en la mayona de los movimientos 
sociales (Jelin, 1998), incluidos los de las mujeres, los ocupas [squatters], 
los indigenas y las minorias raciales, los habitantes de las villas miseria, los 
sin tierra, los pobres, etc. Los derechos humanos aportaron un lenguaje 
para construir una cultura de derechos y para institucionalizarlos (Jelin y 
Hershberg, 1996). Ese legado del «derecho a tener derechos » quedo fir- 
memente arraigado y sento las bases para una diversidad de luchas acae- 
cidas en los anos subsiguientes, no solo en favor de los derechos de las 
mujeres, de los ocupas y de los grupos raciales, sino tambien para com- 
batir la violencia y defender los derechos laborales. 

Pero tal vez la ganancia mas importante fue la performatividad pu- 
blica de este derecho a tener derechos. Las acciones ciudadanas y las mo- 
vilizaciones culturales analizadas en los capftulos 3 y 5, revelaron quel 
quiza la explication de DaMatta sobre el doble vinculo entre lo privado 
y lo publico ha sido un tanto modificada. Es indudable que el clientelis- 
mo no desaparecio, como lo prueban los recientes escandalos en la alian- \ 

16. En la conclusion, resefio el desafortunado vuelco hacia la aceptacion de la violencia y,.'| 
por extension, el abandono de los derechos humanos por parte de Hebe Pastor de Bonafini y de J 
otras figuras clave vinculadas con las Madres de Plaza de Mayo. Bonafini dijo haber sentido ale-? 
gria cuando se entero de que los terroristas habian destruido las Torres Gemelas y parte del Pen- f 
tagono. Tomo estos actos como un justo castigo por los desaparecidos en su propio pais. 



LOS IMPERATIVOS SOCIALES DE LA PERFORMATIVIDAD / 99 



za que puso ai presidente brasileno Cardoso en el poder. Sin embargo, 
las movilizaciones de las decadas de 1980 y 1990 demuestran que los 
programas relativos a la justicia social pueden ser promovidos incluso a 
traves de las redes que caracterizaron al personalismo, sobre todo por- 
que la practica misma de establecer redes se ha rearticulado con la ayu- 
da de las ONG (Fernandes, 1994). La red establecida por el Grupo Cul- 
tural Afro-Reggae, de la cual me ocupo en el capitulo 5, tiene lazos mas 
fuertes con la movilizacion de la sociedad civil que con el favor y el 
«^Sabe usted con quien esta hablando?», aunque esos rasgos resulten 
tambien operativos. 

La divulgation de los conflictos y agendas sociales da un sentido di- 
ferente a la performatividad. «Los movimientos sociales son importan- 
tes pues constituyen, en el terreno problematico de la vida social, los 
ambitos publicos donde los conflictos adquieren visibilidad y los acto- 
res colectivos se convierten en voceros validos. En dichos ambitos, los 
derechos estructuran un lenguaje publico que delimita los criterios me- 
diante los cuales se problematizan y evaliian la demandas colectivas en 
su exigencia de equidad y justicia» (Paoli y Telles, 1998). La destitution 
en 1993 del primer presidente democraticamente electo, Fernando Co- 
llor de Mello, revelo tanto el incumplimiento de la promesa de una nue- 
va poiitica piiblica como el intenso entusiasmo por el imperio de la ley. 
Ello no quiere decir que en la vida cotidiana no continuaran los distur- 
bios [quebra-quebras] que expresaban el agravio de los debiles, segun 
los describe DaMatta (1991), sino que esos disturbios, como digo en el 
capftulo 5, fueron compiementados o suplementados por el nuevo dis- 
curso de la ciudadania. 

Jelin afirma que el concepto de ciudadama en una cultura democra- 
tica debe tomar en consideration aspectos simbolicos tales como la iden- 
tidad colectiva y no limitarse al discurso racionalizado de los derechos. 
En este punto se acerca al concepto de Nancy Fraser sobre la correlation 
entre la identidad y la lucha suscitada por las interpretaciones de las ne- 
cesidades, que crea un nuevo espacio social. Pero este espacio tambien se 
vuelve permeable a los nuevos expertos que extenderan el alcance de las 
demandas canalizandolas a traves de las instituciones. Segun Fraser, los 
conflictos entre las demandas de necesidades antagonicas en la sociedad 
contemporanea revelan que habitamos un «nuevo espacio social», distin- 
to de la esfera piiblica ideal donde prevalece el mejor argumento. En 
cambio, aqui predominan las interpretaciones controvertidas generadas 
por los diferentes grupos. 

Jelin postula tres dominios en los cuales se produce la ciudadama: 1) 
el intrapsfquico, que es la base de las relaciones intersubjetivas; 2) las es- 
feras publicas; 3) las relaciones del Estado con la sociedad, desde las au- 
toritarias hasta las participativas, tomando en cuenta, ademas, las formas 



100 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



de clientelismo, demagogia y corruption. La principal pregunta es como 
fomentar un ethos democratico. Segun la respuesta de Jelin, expandiendo 
las esferas publicas, es deck, aquellos espacios no controlados por el Es- 
tado donde las practicas que conducen o se oponen al comportamiento 
democratico se restringen o promueven. La proliferation de esferas pu- 
blicas garantizara que no prevalezca una conception unica de ciudadama 
(derechos y responsabilidades). En esas condiciones, la tarea del investi- 
gador consiste en trabajar en colaboracion con grupos para crear un es~ 
pacio donde puedan configurarse la identidad y el ethos cultural de di- 
chos grupos. Un proyecto de esa indole es, en si mismo, una parte de la 
lucha para democratizar la sociedad, justamente cuando el Estado nego- 
cia politicas de libre mercado tales como la privatizaccion de todo el es- 
pacio publico y cultural. 

No obstante, podemos senalar dos problemas en el analisis previo. 
La democratization, bajo el neoliberalismo, transformo las esferas pu- 
blicas donde la ciudadama podia ser participativa de una manera eficaz. 
La canalization hacia lo institucional atempera el activismo, y en ausen- 
cia de instituciones estatales viables, especialmente en las sociedades en 
desarrollo neoliberalizadas, el activismo debe adecuarse a los programas 
estipulados por las organizaciones no gubernamentales y por quienes 
aportan fondos. Los movimientos sociales que hicieron posible (o fueron 
posibles por) la democratization, sufrieron una institutionalization no 
gubernamental que los desanimo en cuanto a poner fin al clientelismo. 
Examinemos estos problemas, al menos brevemente, pues condicionan 
los tipos de performatividad manifiestos en esos paises. 

Quizas el eje social de la neoliberalizacion de las economias latinoa- 
mencanas haya sido la privatization. La premisa es que la venta de las 
empresas estatales (bancos, aerolmeas, servicios publicos, etc.) al sector 
privado garantizara una mayor eficacia y, ademas, generara ingresos para 
pagar la deuda externa y mantener los servicios sociales. En la mayoria de 
los casos, las cosas no han resultado asi por una diversidad de razones. 
Dentro de las economics importantes, la Argentina ejemplifica el peor es- 
cenano de caso. Ademas de privatizar practicamente todo, Menem im- 
plemento una poiitica de convertibilidad de la moneda en la cual un peso 
equivalia a un dolar fuerte que afecto la competitividad de los productos 
argentinos debido a los altos salarios. En cuanto se ahondo la crisis eco- 
nomica, que comenzo cuatro anos atras, el FMI insistio en que la Argen- 
tina evitara el deficit, eliminara la deuda publica (io cual significaba, res- J 
pectivamente, poner en la calle a cientos de miles de empleados y asestar 
un duro golpe a los fondos de pension locales, que son los grandes tene- 
dores de la deuda en un pais con una fuerte organization sindical) y po- 
ner fin a la convertibilidad uno a uno con el dolar (Zlotnik, 2001). Pero 
tanto o mas importante que todo eso es la corrupcion profundamente 



LOS IMPERATIVOS SOCIALES DE LA PERFORMATIVIDAD / 101 



arraigada que transfirio miles de millones de dolares a manos privadas e 
incluso criminales (Viau, 2000). Por lo demas, Menem fue arrestado por 
venta ilegal de armas; sus ministros se hallan implicados en el lavado de 
dinero, y una gran cantidad de robos cometidos en los bancos privatiza- 
dos han contribuido a la crisis economica. En estas circunstancias, la es- 
fera publica se encuentra paralizada, aunque tambien muestra signos de 
reactivation por parte de los agraviados ciudadanos, quienes ahora par- 
ticipan en una serie de manifestaciones y optan por el camino de la deso- 
bediencia civil. Dada la flagrante injusticia infligida a los ciudadanos, el 
presidente constitucionalmente electo, Fernando de la Rua, tuvo que re- 
nunciar, y lo mismo hizo Domingo Cavallo, su ministro de Economia. 
Los presidentes subsiguientes tambien se vieron obligados a declinar el 
cargo, hasta que Duhalde (un populista inspirado en Peron) fue elegido 
por el Congreso para sacar a la Argentina del default en los dos anos que 
aun quedan del mandato de De la Rua. 

La institutionalization no gubernamental no es escandalosa, pero 
contribuye sin embargo al debilitamiento de la esfera publica, justamen- 
te lo contrario de lo que propoman los movimientos sociales. Dichos mo- 
vimientos, surgidos en la decada de 1980, se institucionalizaron a tal 
punto que en la decada de 1990 el activismo cedio el paso a la adminis- 
tration burocratica. Con la institutionalization no gubernamental, los 
movimientos sociales sufrieron la influencia de los discursos Internatio- 
nales sobre la ciudadania cultural, en los cuales la identidad constituye el 
eje de las reivindicaciones con respecto a los derechos. Como se desplie- 
ga esa identidad depende indudablemente de las posibilidades performa- 
tivas que poseen las diferentes sociedades. En contextos semej antes, el 
despliegue de la identidad o desidentidad no implica mayor ganancia si 
no hay una absorcion juridica o institutional que transforme esas de- 
mandas en cambios materiales. El tema de la absorcion es capital y con- 
fundio a muchos estudios, donde se presumio que la receptividad para 
identificar las demandas de los derechos se basa en las experiencias en 
otros contextos. Este es, a mi juicio, uno de los problemas con las posi- 
ciones tomadas en la argumentation de Cultures of Politics, Politics of 
Culture: Re-visioning Latin American Social Movements, un volumen 
compilado por Sonia E. Alvarez, Evelina Dagnino y Arturo Escobar. Aun- 
que los colaboradores incluyan a latinoamericanos, el libro se concibio, 
sobre todo, desde el punto de vista de una creencia incuestionada en el 
poder de la poiitica cultural, y refleja en gran medida la location esta- 
dounidense de dos de sus compiladores. Es mas, el libro fue disenado con 
el expreso proposito de persuadir a los cientificos polrticos norteamerica- 
nos de que la cuitura importa. 

Algunos de los colaboradores demuestran, no obstante, las limita- 
ciones de una poiitica de la identidad en los paises latinoamericanos. Oli- 



102 / EL RECURSO DE LA CULIURA 



via Maria Gomes da Cunha (1998) traza el desplazamiento, dentro del 
Movimiento Brasiieno Negro, del enfasis marxista en la conciencia poti- 
tica a un enfasis mas culturalista en la identidad, que a su vez fue des- 
plazado por el vuelco hacia «la ciudadama». Un vuelco que, ademas, 
permite mayor flexibilidad a este y a otros movimientos, especialmente 
cuando buscan asociaciones que los apoyen y extiendan su alcance mas 
alia de la identidad cultural y racial. En rigor, el estudio de caso empren- 
dido por Cunha -el Grupo Cultural Afro-Reggae (GCAR), del cual tarn- 
bien me ocupo en el capitulo 5- practica el sampleo en funcion de la 
identidad (los miembros del grupo se identifican como negros, como 
brasilenos y como inclusivos), de la conveniencia polftica (asociaciones) 
y de la practica cultural (fusiones musicales). En otras palabras, el jeitin- 
bo, la mezcla, las relaciones personales y la evasion constituyen practicas 
sigmficativas que contradicen las candorosas suposiciones sobre la mo- 
vilizacion democratica, tal como se la describe en las esferas polftica- 
mente correctas de Europa Occidental. Paulo Krischke (2000) observa 
que el activismo y el clientelismo del movimiento social son cnticamente 
complicados y conflictivos, y lo son de maneras no conmensurables con 
los discursos eurocentricos sobre la normatividad weberiana y haberma- 
siana del servicio publico, lo que no quiere decir que el hecho de no sa- 
tisfacer esos criterios los invalide. 

En su contribucion a Cultures of Politics, Veronica Schild cuestiona 
tambien las premisas de los compiladores, demostrando que el activismo 
de los grupos femeninos chilenos, cuando fue absorbido por las maquina- 
ciones del Estado liberal, se convirtio en una forma de controlar y no de 
fomentar la participation. Schild se centra en la manera como se movili- 
zan los recursos culturales y materiales para construir las nuevas formas 
del Estado. Desde esta perspectiva, «aunquelos movimientos sociales pue- 
dan, en una coyuntura, desafiar la domination en cuanto estructura espe- 
cffica y "congelada" de relaciones de poder (Slater, 1994) y de identidades 
opresoras y excluyentes, es posible que en otras circunstancias contribu- 
yan a la emergencia y al desarrollo de nuevas formas de domination* 
{Schild, 1998). «La institutionalization no gubernamental», esto es, la op- 
cion dentro de la (re)democratizacion neoiiberal durante los anos poste- 
nores a las dictaduras en virtud de la cual los grupos activistas subalternos 
pudieron lograr, con la ayuda de organizaciones y fundaciones interna- 
cionales, que se reconocieran sus reclamos, contribuye a reposicionar a es- 
tos grupos «como nuevos tipos de clientes con "necesidades" administra- 
tes* (Schild, 1998). La cultura se halla en el centro mismo de la politica 
de interpretacion referente a estas necesidades, y en la medida en que son 
admmistrables, la sinergia del mercado y el Estado, caracteristica del neo- 
hberahsmo, coproduce la identidad (como dirfa Garcia Canclini, 1995a), 
complicando asi la notion de oposicionalidad y agencia. 



LOS IMPERATIVOS SOCIALES DE LA PERFORM ATIVIDAD / 103 



La marcada influencia de las organizaciones y fundaciones no gu- 
bernamentaies internacionales en promover programas sociales en los 
paises latinoamericanos, le agrega otro estrato de interaction a la red 
donde operan los movimientos sociales. Aparte de la comunidad en cuyo 
nombre hablan y actuan los lideres de estos movimientos, hay funciona- 
rios del gobierno, personal de la ONG y de la fundacion, academicos, 
gestores financieros (en algunos casos), grupos solidarios, la prensa y los 
medios masivos, etc. Lo que agrega la ONG o la fundacion internacional 
a la sociedad beneficiaria es una motivation proveniente de afuera. En 
ocasiones una organization extranjera confiere legitimidad a un proyec- 
to espetifico. En el caso de la Fundacion Ford, como Penha (2000) se- 
nala, las becas otorgadas al Centro de Estudios Afroasiaticos para el 
estudio de la experiencia africana suministraron fondos que, una vez dis- 
tribuidos, permitieron a esa institution investigar las relaciones afrobra- 
silenas locales y, ademas, ei activismo afronorteamericano en las luchas 
por los derechos civiles en Estados Unidos, soslayando asi las opiniones 
reprobadoras del gobierno brasiieno sobre la action afirmativa en el pais. 
Penha subraya las negociaciones entre otorgantes y becarios del progra- 
ma de la Fundacion Ford sobre los afrobrasilefios. Pero la influencia de 
estas fundaciones no se limita al contenido. Menos visibles son ciertos 
enfoques donde se aplica el sentido comun al estudio de los grupos so- 
ciales. La identidad cultural, sobre todo, fue difundida por instituciones 
estado unidenses y europeas, entre ellas la UNESCO, y se la considera 
como el eje de una nueva ciudadania, basada en el reconocimiento de la 
diferencia. 

Aunque los becarios partan o no de este tipo de premisas, al menos 
las adoptan cuando escriben las solicitudes. En efecto, algunos funciona- 
rios me han dicho, confidencialmente, que ayudan a los aspirantes a re- 
dactar las solicitudes de acuerdo con los parametros de la fundacion con 
el objeto de que sean aceptadas. Una vez obtenida la beca, los funciona- 
rios se desentienden de cuanto hagan los becarios con los fondos. Ello sig- 
nifica que un considerable jeitinho (desvio de las normas) se esta Uevan- 
do a cabo en varios puntos de las redes que posibilitan la accion social. 
Por tanto, ni siquiera el programa estipulado por la ONG o la fundacion 
sera, en definitiva, plenamente respetado. Vemos aqui la intervencion de 
algo afm al sincretismo antes analizado, gracias al cual coexisten las ideas 
y ei favor. Pero sucede, asimismo, que los dirigentes de los movimientos 
sociales y las comunidades que ellos representan tampoco se salen con la 
suya unilateralmente (capitulo 5). 

Para concluir este apartado, vale la pena recordar las polemicas de- 
satadas por la critica de Pierre Bourdieu y Lo'fc Wacquant con respecto 
al estudio de Michael Hanchard sobre el Movimiento Brasiieno Negro 
(1994). Pese a las numerosas proclamas de que habitamos un tiempo y 



104 / EL RECURSO DE LA CULTURA 



un espacio posnacionales, Io que demostraron los diversos actores de 
esta polemica es que estaban actuando segun presupuestos basicos enrai- 
zados en la cultura nacional. Bourdieu y Wacquant acusaron a los aca- 
demicos progresistas centrados en Estados Unidos de exportar categorias 
raciales al Brasil y atacaron a Hanchard -cuyo estudio del Movimiento 
Negro Brasileno (1994) suscito la critica de los cientificos sociales de ese 
pais y de quienes se dedican al estudio de Brasil- en gran medida por la 
premisa identitaria de que los brasiiefios de tez mas oscura debenan 
identificarse como negros con el objeto de proporcionar una masa criti- 
ca antagonica, necesaria para reivindicar con exito una version brasilena 
de los derechos civiles y de la accion afirmativa. Para ser justos, el mis- 
mo Hanchard reconocio que sus informantes consideraban improbable e 
incluso indeseable que surgiera en Brasil «un partido politico, una iglesia 
u otra institucion nacional especfficamente racial ». En tanto que Bour- 
dieu y Wacquant atribuyeron a esta premisa de Hanchard otro significado, 
hubiera sido mas correcto atribmrselo al marco de referencia que Ho- 
ward Winant extendio al Brasil (1992, 1994) para analizar las relaciones 
raciales, desarrolladas en conexion con la historia de Estados Unidos. 

La critica de Bourdieu y Wacquant sobre los academicos estadouni- 
denses, «que imponen categorias raciales» resulta harto problematica 
porque se basa en la «democracia racial » del mito brasileno, un mito que 
incluso los habitantes de ese pals ya critica ban a fines de la decada de 
1940. Esta idea, segun la cual la injusticia es socioeconomica y no racial, 
fue desarrollada por el antropologo brasileno Gilberto Freyre como una 
forma de diferenciar la experiencia brasilena de la norteamericana, y con- 
firio a Brasil un fundamento moral superior con respecto a la segregacion 
practicada en Estados Unidos. Algunos comentaristas (French, 1999; Stam 
y Shohat, en prensa) sefialaron que Bourdieu y Wacquant, tan alarmados 
como otros franceses frente a la declinante influencia internacional ejerci- 
da por la cultura y la tradicion intelectual de su patria, procuraron deslegi- 
timar la difusion del discurso academico estadounidense. Vemos aqui, pues, 
los preparativos de un interesante antagonismo cultural e internacional 
posterior a la Guerra Fria, reflejado en las posiciones divergentes asumi- 
das por los negociadores franceses y estadounidenses del intercambio en 
Io relativo a la definicion de cultura: herencia (para Francia) versus mer- 
cancia (para Estados Unidos). 

Lo que todo este alboroto pone de manifiesto es la imbricacion de los 
presupuestos basicos nacionales y antagonicos acerca de las categorias 
que usamos para entender las diferentes sociedades. Si bien Bourdieu y 
Wacquant tienen razon al senalar que los estudiosos norteamericanos es- 
tan sumergidos en opiniones que emanan de un campo de fuerza especi- 
fico de la relaciones sociales en Estados Unidos, ello no significa que esas 
opiniones no puedan rearticularse en consonancia con la justicia social.; 



LA GL0BALIZACI0N 0E LA CULTURA Y LA NUEVA SOCIEDAD CIVIL / 105 



Pero es importante acotar, siguiendo a Micol Seigel, que las comparacio- 
nes implicitas en muchos estudios sobre las relaciones raciales brasilenas 
hechos por estadounidenses, y viceversa, son utilizadas con fines que solo 
tienen sentido dentro de la propia comunidad academica. «Las compara- 
ciones entre Estados Unidos y Brasil estan implicadas en las diferencias 
que ellas establecen; [...] son parte de los procesos que dan forma a las ca- 
tegorias sociales y a la experiencia vivida. En terminos mas generales, 
postulo que la raza y otras categorias sociales se configuran en contextos 
transnacionales tanto como locales, y que las comparaciones forman par- 
te de ese proceso» (Seigel, 2001). Olivia Maria Gomes da Cunha, en un 
libro de proxima aparicion, demuestra que los antropologos norteameri- 
canos pertenecientes a las decadas de 1920 y 1930 se interesaron por las 
relaciones raciales brasilenas a fin de comprender mejor el Sur de Estados 
Unidos. Asi pues, hay una fuerza operativa en accion dentro de la acade- 
mia, tal como sugeri en la apertura de este capitulo con la reflexion sobre 
Haraway y su publico. Yo mismo, ciertamente, no estoy exento de sufrir 
la influencia de esa fuerza. En las paginas siguientes, empero, tratare de 
abordar los mandatos antagonicos (estadounidense y latmoamericano) 
relativos a la performatividad, de tal modo que un mandato funcione 
contra el otro, utilizando uno de ellos para discernir los presupuestos ba- 
sicos del otro, y viceversa. El objetivo no es solamente criticar esos pre- 
supuestos, sino extraer, a partir de ellos, lecciones sobre la eficacia de los 
movimientos por la justica social.